Después de unos días en Baja California, regresaron pero ya con ciertos temas aclarados., con planes, proyectos y promesas que cumplir. Regina se sometería a la operación poco antes de concluir la “cuarentena” del nacimiento de sus hijos, Emilio estaría viviendo en la ciudad de México por un tiempo en un departamento en el mismo fraccionamiento donde vivían los padres de Regina; Bruno conversó con ellos y entendió que ya no había oportunidad alguna con Regina y lo aceptó a pesar del amor que aún sentía por ella. Emilio acudió a una consulta, observó a sus dos hijos, derramó lágrimas de la emoción y en un instante imaginó toda su vida junto a ellos y de la mano de Regina. Pasaban los días…
Fueron a celebrar el compromiso de Fabiola y su novio a un restaurante cercano al hospital. Era una tarde soleada, cálida y con una ligera brisa cada tanto.
- Felicidades, hermana –tomó su mano- Me es increíble imaginar que después de tantos rencuentros, de tanto tiempo vuelvan a estar juntos pero me alegro, eres un buen chico, además siempre has sido mi favorito
- Gracias, cuñada, creo que estaba escrito que después de tanto volviéramos
- Oigan ¿Y Emilio?
- No sé Regie, se levantó y salió
- Voy a buscarlo y sirve que camino un poco que me siento indigesta
- ¡Pero si apenas y probaste bocado!
- No me he sentido muy bien, estoy agotada
- ¿Quieres que te acompañe?
- Si quieres ve, amor
- No, gracias y aprovechen que los dejamos solos –sonrió
(Reproducir: http://www.youtube.com/watch?v=9aOKEbnzxqA )
Regina salió hacia el jardín del restaurante. Ahí estaba Emilio, viendo hacía el cielo, batallando un poco con el tamaño del columpio en el que estaba sentado. Lo abrazó por detrás.
- Perdón
- ¿Perdón por qué?
- Por salirme así, sin más…
- ¿Estás bien?
- No –se volteó para mirarla- no lo estoy
- ¿Estás resfriado?
- No Regina, estoy angustiado, tengo miedo
- No entiendo cuál es el motivo
- Regina, por favor, deja de ser tan indiferente, eres valiente, lo sé pero yo no, tengo miedo por ti, no quiero que algo te pase
- Es eso… -tomó su cara con sus manos- lo que tenga que pasar, pasará… A veces, una vida se extingue pero llegan más
- No digas eso, por favor, no lo menciones más –juntaron sus frentes – sois la mujer más bella, serás la mejor madre, la más amorosa, la más juguetona
- Esperemos así sea… te amo y mi único miedo ahora es no poder ver crecer a nuestros hijos junto a ti pero tú y ellos me hacen más fuerte, sé que lo lograré
Se besaron lentamente, acariciaban sus labios, impresionante era sentir que sus cuerpos se estremecían con el contacto, sus labios embonaban perfecto, aún seguían sintiendo la descarga eléctrica, esa magia cada vez que sus cuerpos se rozaban.
Regresaron a la mesa, se despidieron y salieron del lugar con rumbo a casa de los padres de Regina. Llegaron y antes de llegar a la puerta Regina tocó su vientre desesperadamente.
- Emilio, creo que ya
- ¿Ya qué?
- Ya quieren nacer
- Madre mía ¿cómo sabes?
- No sé, lo siento… son espasmos, desde que salimos del restaurante los siento pero ahora son más intensos y constantes
- ¿Qué hago?
- Abre y sube por la maleta, esa que está debajo de mi cama, ya están listas las prendas para los bebés y para mí
- Pero ¿y tus padres?
- ¡Corre! Ya mismo intento localizarlos
Emilio la llevó a una banca de madera que se encontraba a unos centímetros de la puerta, luego subió por la maleta.
- Respiren -tocó su vientre- no, eso debo hacerlo yo, por favor esperen un poco que su padre parece que fue a fabricar la ropita
Regina tenía la respiración entrecortada.
- Ya, amor, aquí está
- Bueno, vamos a la camioneta y llámale a Bruno para que agilice todo
- Me olvidé las llaves en la mesa, joder –entró por las llaves
Regresó, subieron a la camioneta y Regina le habló a Bruno mientras Emilio conducía tratando de controlar sus nervios. Bruno avisó a la familia de Regina y a Fabiola para que acudieran al hospital.
- Emilio –respiraba intranquila- Te amo
- Te amo, Regina, ya conoceremos a nuestros hijos, seremos padres
Emilio tomó su mano mientras sonreía de la felicidad y los nervios. Llegaron al hospital en donde ya esperaba Bruno, una enfermera y camillero en la entrada, Fabiola y Julián estaban dentro debido a la cercanía con el hospital del restaurante donde se encontraban. Entraron, Regina se sentó en la silla de ruedas para que el camillero la llevara a sala de partos.
- Hermana, todo estará bien, confía en Dios –la abrazó – ya quiero conocer a mis sobrinos
- Los conocerás en poco tiempo, tengo miedo pero quiero verlos, tocarlos y decirles cuánto los amo
- Regina, han llegado tus padres y Javier, solo un par de minutos porque debes ingresar a sala para que te alisten
- Está bien, Bruno, gracias –sonrió
Se acercaron Javier y sus padres. La abrazaron, su madre le dio un “amuleto” que en realidad era una reliquia a la que se le había conferido cierto poder mágico. Su padre la abrazó y besó su vientre susurrando palabras de felicidad y Javier insistió en que uno debía llamarse como él. Sonrieron, se abrazaron nuevamente e ingresó a sala de partos, Emilio se encontraba ya vestido con la indumentaria higiénica para estar presente.
- Bruno, tengo miedo
- Todo estará bien, lo prometo… Confía, respira tranquila, yo estaré del otro lado observando, será tu gineco –obstetra quien traiga a tus bebés al mundo
Tomó su mano, la estrechó y sonrió como cuando eran adolescentes y le quería hacer sentir que todo estaría bien.
Las enfermeras la desnudaron y colocaron la bata para que el proceso fuera más cómodo. La subieron a una cama.
- ¿Emilio?
- Aquí estoy Regina –tomó su mano
- Quédate
- No hace falta que lo pidas, siempre estaré
Se guardó la cámara digital compacta en un bolsillo del pantalón, después, con ambas manos unidas, se dieron un fugaz beso. Regina volvió a gritar. Había pasado poco más de la mitad de una hora desde que llegaron al hospital.
- Doctor, siento contraído el abdomen, me duele
- Tranquila Regina, necesitamos que respires pausadamente, que te serenes, esas son las contracciones, ya hay 80% de dilatación, necesitamos que respires hondo, inhalas y cuando exhales, pujas
- No puedo hacer todo al mismo tiempo –gritó
- Amor, intenta por favor – acarició su cabello –a ver, lo haremos ambos
Regina comenzó a reír. Respiraron pausadamente, ella pujaba, él, con su respiración le proporcionaba esa tranquilidad y confianza que necesitaba. Bruno veía a escasos metros de ahí.
- Adelante Regina, aquí vamos. Respira hondo, puja lo más que puedas
El sudor corría por su frente y cuello, su cabello estaba húmedo, el rubor de sus mejillas se intensificó… de pronto, aquel silencio en el que solo habitaba un coro de sonidos de inhalaciones y exhalaciones se rompió por el llanto de un nuevo ser.
- No puedo creerlo ¿es él?
- Efectivamente, Regina, es un varoncito
- Doctor ¿nos permite sostenerlo?
- Claro que sí pero será unos instantes porque debemos continuar con la labor de parto
La enfermera que lo envolvió en una frazada lo llevó a los brazos de Emilio. Lo besó, sonrió con placer al ver a su hijo, ese pequeño ser que junto con su hermanito próximo a nacer llegarían a dar esperanza de vida. Regina alargó los brazos, Emilio se acercó para que pudiera sostenerlo. Lo miró y lo besó, tocó sus manitas, sus pies.
- Te amo, bebé, te amo, bienvenido a la vida
De pronto, un grito intenso perturbó a los presentes.
- Emilio, Emilio, me duele, va a nacer
- Tranquila… Doctor ¿qué hará?
- Intentaremos que sea así, en caso de que no sea posible, tendrá que ser sometida a cesárea
La enfermera llegó por el recién nacido para medirlo, pesarlo y anotar cada uno de los pormenores de su nacimiento en la bitácora. Emilio aprovechó ese momento para fotografiar al pequeño bebé.
- A ver, Regina… respira por lo menos tres veces, después deberás pujar constantemente
- Sí
Comenzó a hacer lo indicado nuevamente, esta vez el color de sus mejillas se esfumó, estaba agotada. Después de aproximadamente diez minutos de intento y extinguir su única fuerza en pujar y así llegó el otro bebé. Era una pequeña niña, lloró. Regina sonrió, Emilio hizo lo mismo y tomó su mano, la besó en la comisura de los labios para luego besarse lentamente, confirmando que sus labios embonaban perfectamente en los del otro. Llegó la enfermera con la niña, después regresó para acercarle al hermanito mayor. Emilio no pudo contener las lágrimas al ver a sus dos hijos y a Regina, los amores de su vida ahí, frente a él, demostrando una vez más que el amor es vida, origina, crea, revive.
- Es un milagro, un regalo de Dios, de la vida. Mis pequeños bebés, los amo, gracias por llegar así, por ser la esperanza de mi alma, por alegrar nuestras vidas
- Te amo, los amo. Gracias por dar vida a nuestros hijos, por traerlos al mundo, gracias por todo Regina, desde hoy comienza otra etapa que viviremos juntos, estoy seguro… Prometo luchar día a día por verlos bien y felices; prometo amarlos, protegerlos
Beso a sus hijos en la frente.
- Son hermosos –miró a Emilio –Gracias
- Somos una gran familia, Regina, es, sin duda, el momento más feliz de mi vida y eres la responsable de que me sienta así, bueno tú y nuestros chavales
Regina soltó una carcajada.
- Chavales… eso es gracioso –cerró los ojos- Emilio, tengo un fuerte dolor de cabeza
- ¡Enfermera! –alzó la voz -Que tiene dolor en la cabeza ¿podrían atenderla?
- Sí, joven pero necesito llevarme a los niños y que usted también salga
- Está bien pero necesito un par de minutos
Emilio fue con Regina, la besó nuevamente y besó a sus dos hijos. Ayudó a la enfermera a pasarlos a las cunas/camillas en donde los llevaría a cuneros. Salieron.
- Ya quiero conocer a mis nietos
- Mamá, no te desesperes, primero hay que esperar a que salga E…
- ¡Emilio! ¡Felicidades nuevo papá!
- Gracias, Fabi –sonrió –este es el mejor momento de mi vida
- Hijo ¿cómo están mis nietos? ¿Y Regie? ¡Felicidades!
- Gracias señora, Regina está bien solo con dolor de cabeza que ya le están atendiendo, sus nietos son niño y niña, él es ligeramente más grande que ella pero son preciosos
Después de las felicitaciones, acudieron por pareja a los cuneros para conocer a los nuevos integrantes de la familia. Emilio esperó un poco antes de ir a preguntar por Regina.
Mientras, en la habitación donde permanecería en recuperación y reposo, estaba la enfermera suministrándole medicamentos, Regina dormía. Llegó Bruno. Entró y se acercó a ella, la miró y suspiró, acarició su mano y luego la soltó.
- Regina, ya conocí a tus hijos y son hermosos; estoy seguro de que los verás crecer y lo harás tú también… con Emilio. ¿Sabes? Él es buen hombre y es tonto que te lo diga porque de no saberlo, no estarías con él pero bueno, probablemente yo tendría que decir lo contrario y tal vez seguir luchando por tu amor pero pensé que no puedo presionar a las personas como alguna vez lo hice contigo, que te amé, te amo y fui un tonto pero no hay más por hacer, solo deseo que seas feliz y sé que en algún momento, yo también lo seré… Gracias por permitirme estar cerca de ti y cuidarte, siempre lo haré porque antes de intentar algo más, fuimos amigos y eso no se borra
Regina seguía dormida y Emilio llegó para cuidar su sueño durante la madrugada. Ella despertó antes de que amaneciera y él permanecía en vigilia, miraba por la ventana los imperceptibles rayos de sol que se asomaban entre ese cielo oscuro.
- Milo…
Trató de incorporarse pero estaba débil aún. Él volteó y sonriendo se acercó a ella.
- Hola, amor ¿cómo te sientes?
- Bien, bueno, tengo demasiado frío y un poco de dolor de cabeza pero mejor, aunque si siento como si hubiera hecho 8 horas de cardio –miró en la habitación - ¿Y mis pequeños? ¿dónde están?
- Están en los cuneros, ya los conocieron tus papás, tu hermano, Fabi y Julián, son hermosos –la besó en la frente- y lo del dolor es normal, fue demasiada actividad la de ayer, pero todo estará bien
- Lo sé, me faltan fuerzas justo ahora pero estoy segura de que lo lograré –lo tomó de la mano- lo lograremos
- Regie, duerme, necesitas descansar
- Te extraño a mi lado, duerme conmigo
- No puedo, no debo
- ¿Por qué no? No estamos casados pero somos pareja, tenemos a nuestros bebés y…
- No, no es por eso, es solo que debe ser inadecuado que duerman dos personas en la misma cama del hospital, sobretodo por higiene
- Ay si, soy muy responsable y acato las reglas… Ven, por favor, por favor… ¿sí? –lo miró con ternura suplicante
- ¿Cómo negarme a esa mirada? –se acostó a su lado y se abrazaron- Te amo
- Te amo y sé que no moriré porque tu amor me ha dado vida
Y así se durmieron juntos el resto de la noche, abrazados, en silencio, escuchando los latidos del corazón.
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