Días después, Regina se despedía de Emilio
quien la llevó al aeropuerto, luego de que ella arregló el permiso en la
escuela para ausentarse por un tiempo, así como en su trabajo.
-
¿Estáis segura de no
querer compañía?
-
No, Milo, o sea sí,
estoy segura, además tienes que cumplir con tu deber de profesor.
-
Estáis ausente.
-
¡Para nada! Sólo un
poco cansada. Prométeme algo, acudirás hasta que yo te lo pida.
-
Pero…
-
Nada, perdón por ser
tan hostil, ¿sí? Prometo avanzar con la lista de cosas por hacer, tenemos que
hacer varias juntos.
-
Está bien.
-
¡Ánimo! Sólo me voy
por tantito, ¿sí? Te amo.
-
Te amo, niña.
Se abrazaron, Regina se aferraba a él, lo
besó con desesperación; él cerró los ojos, evitando llorar.
-
Te amo, Regina.
Regina suspiró, mostró una sonrisa y se
fue.
Emilio, con nostalgia y tristeza se quedó
pensando, creyendo que en verdad sería por unos días y volvería a verla pronto,
pero en su interior algo le decía que eso no sería posible, que algo cambiaría.
Después de casi 14
horas de vuelo debido al clima, Regina arribó a la ciudad de México, en donde
Fabiola la esperaba. Se vieron, Regina corrió hacia donde estaba su mejor
amiga, su hermana del alma.
-
¡Te
quiero!
-
¡Qué
efusiva! Yo también, Regie, ya te extrañaba.
Se abrazaron, Regina
evitó llorar y en un impulso, gritó.
-
Lo siento,
estoy muy emocionada.
-
¡Estás
loca! Por eso te quiero. Vamos a cenar algo, ¿sí? ¿tienes sueño? Ay mujer, te
veo muy delgada y pálida.
-
Está bien,
además hay tanto de lo que tenemos que hablar… como de tu reencuentro con
Juliancito, no creas que se me olvida que hasta estaban pensando en casarse.
-
Es un
patán… un patán adorable, no es el mismo de antes, creo que si maduró y me
gusta así como es, creo que a pesar de todo sí es él mi destino, no es que lo
piense, es algo que va más allá de un estado de conciencia, es algo que siento.
-
Te
entiendo y me da gusto, es más, hay que verlo mañana, quiero ver qué tanto
cambió, a ver si ya se bronceó un poquito.
-
Oye, ¿Y
Emilio?
-
Le dije
que se quedara, tiene clases como estudiante y profesor, no es que yo no las
tenga pero solicité un permiso.
(Reproducir canción http://www.youtube.com/watch?v=5I-SbwCHJ80)
Subieron al auto,
platicaban mientras una vieja canción sonaba en la radio. Fabiola comenzó a
cantar
-
“A singer in a smoky room, a smell of wine
and cheap perfume…. It goes on and on and on and on…”
-
“Some will win, some will lose, some were
born to sing the blues… Oh the movie never ends, it goes on and on and on and
on….”
-
“Don’t stop believing…” cante fuerte
señorita Regina.
-
“Hold on to the feeling… ”
-
¡Wow!, hace
mucho no escuchaba esta canción, cómo que levanta el ánimo, ¿no?
-
Sí, dan
ganas de… luchar.
Regina arrugó la nariz.
-
¡Qué asco Fabiola! ¿Es
desodorante de pino?
-
Pues de hecho ya no
hay porque hoy llevé al auto lavado y lo tiraron, yo no huelo.
-
Si está fuertísimo el
aroma. Puedes pararte tantito, tengo náusea.
-
Sí.
Se estacionó para que Regina bajara a
respirar aire fresco. Bajaron, Regina volvió el estómago.
-
¿Estás bien? ¿Qué
comiste?
-
No sé, comí un
sándwich en el avión y líquidos, en realidad no fue mucho o tal vez algo estaba
caducado
-
Yo creo, hermana,
vamos a comer para que te recuperes, si no quieres tacos vamos a un café y pedimos cena ligera pero
balanceada, ¿sí?
-
Ok, gracias, sí vamos
porque necesito energía. Oye, Fabi, ¿Ya llegaron mis papás de Guanajuato?
-
No, mañana vuelven, y
al final Javi se fue con ellos, creo que está triste por la ruptura con la
novia.
-
No sabía eso, no
entiendo, llevaban tanto tiempo… pero bueno, ya mañana los veré.
Fueron a cenar a un establecimiento cerca
del departamento de Fabiola. Platicaron, se contaron con detalle todo lo
acontecido en el tiempo que tenían sin verse. Luego de más de dos horas, se
fueron al departamento a dormir, Regina se instaló en una habitación para
visitas, no podía dormir, quizá por la diferencia de horario y el descontrol
que esto causaba o por la preocupación que la invadía a momentos.
-
De vuelta a mis
raíces, es aquí donde debo estar, no quiero dañar a Emilio. Nunca creí que las
cosas se darían de este modo, tengo miedo, no sé qué sucederá, no sé cómo
enfrentarlo…
Se colocó los audífonos y comenzó a
escuchar música, era lo único que la relajaba últimamente, podía crearse otro
mundo después de escuchar los primeros acordes de las melodías.
Al día siguiente, Regina fue a casa a
visitar a sus padres y hermano que regresaban de un rápido viaje.
-
Hermanita, tan pequeña
como siempre, ¡te extrañé!
-
Yo a ti, Javi, ya te
ves más… hombre, más maduro.
-
Y tú en los huesos,
¿Qué no comías?
-
Sí, pero con la
escuela, el trabajo pues me mantengo en forma, luego de sufrir con el peso en
mi niñez, se siente bien estar así y comer de todo.
Abrazó a sus padres.
-
Estás muy blanca, mi
niña, muy pálida.
-
Sí, blanca y compacta
–completó su papá.
-
Sí, por lo mismo que
le dije a Javi, pero bueno, ya me broncearé rico, quiero ir a la playa, hacer
muchas cosas, fíjense que tengo una To Do List y pienso hacer todo lo escrito…
-
¿Y Emilio?
-
¡Ay, madre! En España…
él no tenía vacaciones pero ya luego vendrá. Javi, ¿me prestas tu camioneta?
Tengo que ir al centro comercial a comprar un poco de ropa, ¿sí?
-
¡Qué bueno que no me
pides que te acompañe! –la abraza- pero en la noche vamos a cenar, ¿vale?
-
Hecho –gritó –Los
extrañé, familia. Bueno, me voy, ¿quieren algo?
Negaron con la cabeza, Regina salió en la
camioneta.
Bajó de la camioneta luego de estacionarla
en un parque cerca de la plaza. Se colocó los audífonos y caminó por el parque,
observando a la gente, respirando profundamente con cada paso que daba.
Niños jugando, parejas besándose o
compartiendo divertidos momentos seguidos de abrazos, una mujer embarazada, un
anciano con bastón caminando junto a una señora de edad similar que lo cuidaba
y miraba con amor.
(Reproducir http://www.youtube.com/watch?v=xcABh66W4Fw)
Regina, débil y con el ánimo abajo, entró a la plaza. Comenzó a ver sin observar
todos los escaparates, no notaba lo que pasaba alrededor, peor alguien si lo
hizo, notó su presencia.
-
Veo que te has
olvidado de mí.
Volteó al escuchar esa voz tan familiar.
-
¡Bruno! Hola… ¿Qué
tal?
-
Hola Regina, ¡qué
cambiada estás! ¿Cómo te va? ¿Qué haces aquí?
-
Nada… bueno, me va bien,
sólo tomé un receso en mi vida en el Mediterráneo para reconectarme con mi
lugar, con mi origen… necesitaba recuperar lo que abandoné.
Palideció.
-
¿Estás bien? ¡Palideciste
en cuestión de segundos!
-
Sí, sí –lo tomó del
brazo para sostenerse –Bruno, sálvame.
Bruno no entendía el trasfondo de tal
petición. Pensó que era broma, que era un juego hasta que Regina comenzó a reír.
-
Lo siento, quería ver…
tu reacción –contenía las lágrima –Vamos esta noche a bailar, ¿sí? Iré a cenar
con mi hermano pero después podemos… perdón, creo que no está bien esto.
-
¿Por qué? Y no
entiendo… es confuso esto, ¿en verdad estás bien?
-
¡De maravilla! Y
bueno, olvida lo que te dije, debes tener obligación con tu esposa e hijos…
-
No, no tengo hijos ni
esposa. No funcionó… pero, ¿y tú?
-
Estoy respirando un
poco y dejando respirar… sólo quiero salir, aprovechar el tiempo. ¿Entonces?
-
Claro que sí, ¿paso
por ti?
-
Por favor. Pásame tu
número para que te indique a donde iré con Javi para que de ahí vayamos a
bailar o cantar, ¿vale?
Bruno sonrió,
intercambiaron números.
Llegada la
noche, Regina y Javier, su hermano, cenaron en un restaurante cercano a casa de
Fabiola. Bruno pasaría por ella ahí para irse a algún lugar a bailar un poco.
La noche transcurría.
Bailaban, cantaban y platicaban de banalidades, Bruno la miraba como siempre,
con amor, con felicidad pero notaba que ella no era la misma, había tristeza en
su mirada, había algo falso en las acciones con las que quería demostrar
felicidad.
-
¿Crees en la
reencarnación?
-
¿Qué? ¡No escucho! –se
acercaba a ella para escuchar.
-
Bruno… vamos a caminar
afuera.
Y salieron del
lugar con rumbo desconocido. Las calles estaban solitarias pero con faroles en
cada esquina iluminando.
-
¿Quieres hablar?
Comenzó a
llorar.
-
Bruno… estoy muriéndome
-
¿Qué? ¿Es otra broma?
Ya Regina, con eso no juegues.
-
No estoy jugando… me
voy a morir, Bruno.
-
Es que… no entiendo,
no entiendo –dijo nervioso.
-
Tengo un tumor en la
cabeza, es inoperable, me enteré hace unos días en España, por eso decidí venir…
tenía que empaparme de todo lo que representó a la “vida” en mi niñez y
adolescencia
-
No, no… Regina –la abrazó
–Quizá el diagnóstico está mal… quizá solo es migraña o algo así.
-
No Bruno, los análisis
están, existen… eso es así… y no sé qué hacer.
Él comenzó a llorar al escuchar todo eso.
-
Voy a salvarte, lo
haré… sabes que daría mi vida por ti.
-
Bruno, sólo espero
vivir lo suficiente para agradecer todo lo que la gente ha hecho por mí. Sé que
entre tú y yo las cosas no terminaron de la mejor manera, de hecho, no
comenzaron pero no quiero estar mal con la gente…y otra cosa.
-
Lo que quieras
-
No menciones esto hasta
que esté preparada para decirle a mi familia y a Fabi…
-
¿Tu novio lo sabe?
-
No, por eso vine a
México… no quiero que sepa, quizás si estamos lejos se olvidé un poco de mí y
no le afecte tanto lo que sucederá
-
Creo que tiene derecho
a saberlo
-
No, no lo sabrá, no
quiero que sufra, es joven y un hombre excepcional, sé que si me olvida, pronto
habrá una mujer esperando estar con él.
Trataba de mostrarse indiferente pero le
dolía decir eso, quería mostrar fortaleza pero la voz se le quebraba al hablar
de Emilio.
-
Mañana mismo
comenzamos con análisis, necesitamos buscar alternativas de cura, vas a vivir.
Crecerás, serás muy exitosa y tendrás hijos hermosos como tú, sólo confía, ten
fe.
-
¿Fe? Eres doctor,
ustedes no creen en Dios.
-
Lo hacemos, al menos
yo sí creo en Él, nosotros solo colaboramos en sus designios y estoy seguro que
tú vas a vivir más tiempo
-
No Bruno, tampoco
deseo que me den falsas esperanzas, sólo quiero enfrentar este proceso lo más tranquilo que se pueda.
Regina lo miró a los ojos, Bruno lloraba.
Limpió sus lágrimas, volvieron a abrazarse.
-
Gracias y perdón por
lo que pasó anteriormente
-
No, preciosa, no
agradezcas, aquí estaré, fue una promesa que te hice hace años… y haré lo
imposible para que te cures, porque lo harás, estoy seguro de que así será
Y caminaron hacia el auto. Llevó a Regina
a casa de sus padres. Bruno se desveló esa noche para leer múltiples
alternativas de tratamiento.
¿Cómo curar un alma rota? ¿Cómo saber si
tu otra mitad sigue esperándote? Es algo que sienten, que perciben. A veces, el
tiempo solo refuerza lazos, amplifica el amor.