En algún lugar de España en el mes de Noviembre.
Regina esperaba ansiosa por los resultados de sus análisis clínicos. Había seguido con dolores de cabeza y mareos, tuvo desmayos y náuseas. Creía que estaba embarazada, pero Eduardo, el esposo de la hermana de Emilio, quien era doctor, había pedido análisis más detallados.
(Reproducir: http://www.youtube.com/watch?v=gUU6r0p46S8)
- Eduardo, ¿Qué pasa?, ¿tendré bebé? Porque si es así, no quiero que le digas a Emilio porque quiero darle la sorpresa. Sé que aún estoy joven pero prometo cuidarme e ir con el médico que me indiques.
- Regina, no estáis embarazada.
- ¿Qué? Bueno, ya será más adelante. Eduardo, ¿hay algo mal?
Eduardo se paró y fue a dónde Regina.
- Regina, no sé cómo decirte esto, en verdad no sé cómo hacerlo.
- ¡Vamos, Eduardo! Hay confianza entre nosotros, ¿no?, dímelo.
- Mira, en ambos estudios de la cabeza salió algo anormal; no sé cómo decirlo.
- Eduardo, me asustas. ¿Tengo algo en la cabeza? ¿Es eso?.
- Sí, tienes un tumor en una zona que es inoperable, el tamaño de éste no permitiría extraerlo.
Regina palideció y comenzó a llorar.
- ¿Voy a… morir?
- Regina, debéis ser fuerte, estaréis con tratamiento para aminorar los dolores y los malestares que éstos te producen.
- ¿Voy a morir? Dímelo, ¿moriré? ¿en cuánto tiempo? ¿hay algo qué hacer? Puedo arriesgarme con la operación.
- Niña, hablaré como el amigo, como el cuñado de Emilio. Sé que es difícil, con los medicamentos podemos alargar el periodo de vida. La operación pudo haber sido una opción viable hace tiempo, pero esto se ha desarrollado, es muy riesgoso.
- No, no me digas eso. No, no.
- ¿Quieres que te acompañe con Emilio para hablar?
- Eduardo, tengo familia, soy joven, tengo planes con Emilio, con mi vida. No, no quiero que digas algo, te lo ruego. No digas.
Contrariada por la noticia que le dieron, sale del edificio sin pensar, sin saber a dónde dirigirse. Trataba de asimilar cada una de las palabras que recién había escuchado, no sabía cómo enfrentar la situación, no encontraba la mejor manera de decirle a su gente lo que podía ocurrir de un momento a otro.
- Es irónico, siempre jugué con este tema y ahora sólo me queda aceptar, no hay otra opción.
Regina regresó al piso (departamento), estaba en shock por lo que ahora sabía. Se desnudó lentamente y se metió a la bañera previamente llenada. Se miraba en un pequeño espejo que guardaba ahí, tocaba su rostro, sus brazos, todo su cuerpo; pronto dejaría de estar y necesitaba estar consciente de lo que era y sentía. Salió de la bañera para vestirse antes de que Emilio llegara.
Se sentó en el piso, cerca de una ventana en donde podía ver el oscuro cielo.
- ¿Qué tienes?
- ¿Eh? ¡Nada! Es sólo que… estoy un poco agobiada, creo que regresaré a México.
- ¿Pero qué dices? ¡Estamos a mitad del periodo!
- Sí, ya sé, pediré un pequeño receso, una baja, necesito arreglar unas cosas.
Regina hablaba con el que se había convertido en su confidente y amor en España, hacía un año atrás que mantenían una relación basada más que nada en la magia de las palabras, la música y todo lo que englobaba el arte, quizá por eso la diferencia en sus personalidades no se hizo notar pues se reinventaban con cada cosa que aprendían juntos, cada día.
Él era maestro pero estudiaba el Grado en Traducción y Comunicación Intercultural y ella el Grado en Comunicación Audiovisual y Multimedia.
- Sabes que siento y percibo vuestros estados de ánimo, estáis preocupada.
Regina empezó a llorar y corrió hacia el jardín de la casa de estudiantes en la que ambos habitaban. Emilio la abrazó y sentados en el pasto ella se acurrucó en su pecho.
- Sólo abrázame, por favor, necesito saber que sigo aquí, que estás conmigo, que a pesar de lo que pudiera pasar no me vas a dejar.
- Claro que sí Regie, he estado para ti y sabes que hay algo que nos une y lo seguirá haciendo, pero dime qué pasa.
- Sólo que… todo lo que creí que viviría ya no existe más, ya no tiene lugar en mí.
- ¿De qué hablas? – la tomó de los brazos y la obligó a mirarlo.
- Prométeme que no dirás algo y me dejarás ir, por favor… sé que siempre me has respetado y hasta ahora nuestra relación ha sido en cierto modo infantil pues no hemos tenido mucho contacto... tú sabes.
- Shhh… - Emilio puso un dedo sobre sus labios. – Sabes que nunca ha sido algo que te exija, te esperaré y será cuando quieras pero no entiendo, ¿estás así por ese tema?
- No. – suspiraba tratando de contener el llanto. – Es que… debo regresar a México porque debo despedirme.
Emilio y Regina hablaban.
- ¿No me dirás?
- No. Mejor ayúdame a hacer algo.
- ¿Qué cosa? – la atrajo hacia su pecho-.
- Serás mi compañero de aventuras. Tengo 24 años y creo que no he hecho todo lo que tengo en mi “TO DO List (Lista de cosas por hacer)”.
- ¡Claro! Estoy a 4 de cumplir los 30 y quiero más excitación.
- ¡Grrrr! – lo besó tiernamente-. Te amo
- ¿Qué te parece si vas a ponerte tu pijama y cenamos? Hoy todos se fueron al Festival de Jazz y hay casa sola.
- ¡Perfecto! – lo besa- Ya regreso.
Regina se va a vestir con la pijama. Brincaba y tarareaba alguna canción no aprendida.
Cierra la puerta y se desnuda. Iluminada por la luz de la luna.
Ese mismo día. Ciudad de México. Diferente hora.
Fabiola y Bruno en alguna cafetería de la ciudad.
- ¡Estoy tan sorprendida! Primero porque te he encontrado aquí y segundo porque no has reprobado algún año de la licenciatura. Es cómo.. ¡Wow!
- Nada de “wow”. Me he esforzado… ¡Oye!- comenzó a apilar sus libros.- ¿Sabes algo de Regina?.
La tristeza invadió el rostro de Bruno.
- Hablamos antier pero cerró sesión porque tenía jaqueca.
- No me gusta para nada eso de los dolores… pero cómo sea, ¿ha enviado saludos?
- Si quieres saber si habló de ti… - ríe-. ¡No! No lo hizo. Bruno, recuerda que ella tiene novio, llevan ya bastante tiempo. Deberías hacer lo mismo y salir con personas, conocer… enamorarte.
- No creo poder, pero bueno, me voy, tengo práctica en hospital.
- ¡Vale! Cuídate, que le vaya bien Sr. Doctor.
Bruno se fue. Fabiola recibe mensaje instantáneo.
Madrid, España.
Regina y Emilio estaban en el jardín, sentados mientras comían de una ensalada que había preparado él. Se miraban. Sonreían.
- Me preocupaste, Regie.
- Lo siento, no era mi intención, realmente creo que ya me siento mejor, pero si es necesario que vaya a mi país.
- ¿Segura? ¿cuándo sería? Digo, para que te acompañe.
- No, gracias. Es que tú estás con lo de tu grado, también das clase, entonces sería no muy bueno para ti que perdieras días. Pero ya, mañana hablamos de eso, abrázame. Necesito sentirte.
- Te amo.- la abrazo – Aún recuerdo ese momento en el que te vi por primera vez, tan linda, tan dedicada. Te sonrojabas. Realmente creo que Dios nos coloca en el sitio justo.
Regina reía mientras lo tomaba de la cara.
- No lo puedo creer. Hasta el acento sexy de español se ha ido desapareciendo.
- Tú tienes la culpa – la besó – pero me gusta.
- ¿Sabes de qué tengo ganas?
- ¿De qué?
- Iba a decir otra cosa – ríe y roza sus labios con los dedos de Emilio – pero de pronto me siento muy agotada. ¿Dormimos?
- Sí, mañana seguimos hablando de esto.
- Oye – se levantó del pasto tomando los platos y cubiertos utilizados – Gracias…
- ¿Por la ensalada? Fue nada, pero mañana te cocino algo rico, una pasta, si queréis.
- No, me refiero… Gracias por entrar a mi vida, por permanecer en ella.
Emilio la tomó en brazos y entraron al edificio. Depositaron las cosas en la cocina y se fueron al departamento que compartían. Comenzaron a besarse. Se abrazaron. Esa relación era algo que muchos hubieran deseado pero que pocos se hubieran atrevido a aceptar.
Al día siguiente en México. Diferente hora.
Llamada telefónica. Fabiola había llamado a Bruno.
- ¿Bruno? Soy Fabiola, oye te hablo porque quiero invitarte a algo.
- Ah… hola, ¿a dónde? Recuerda que estoy de guardia en el hospital, no puedo salir mucho.
- Ay sí, lo olvidaba, no sé cómo aguantas… en fin, sólo quiero decirte que… ¡Adivina!
- Fabiola, ya dime… obviamente no sé y no tengo tiempo de adivinar.
- Ash, tú siempre tan amargado. Pues dentro de unos días viene Regina, como no la he visto en casi un año, me gustaría organizarle una fiesta.
- ¿Es broma? ¿Me llamas para burlarte? No me quiere ver desde aquel invierno.
- Pues quién sabe qué le hiciste. Ya, ¿cuento contigo o no?
- No – cuelga.
Fabiola cuelga el teléfono, se sienta en su sillón y enciende su computadora.
- O sea, me dejó así… No puedo creerlo. Me molesta no saber qué pasó en ese viaje.
Regie ha iniciado sesión. Inician videollamada.
- A ver, querida, dime por favor, ¿qué pasó con Bruno?
- Ah sí, Hola, Estoy muy bien, ¿y tú?.... La última vez que me preguntaste eso era porque querias invitarlo a mi cumpleaños que festejamos en Cancún… y de una vez te digo Fabiola, no quiero que me organices fiesta y mucho menos verlo…
- Es que es demasiado raro. Y sí, quería hacerte fiesta pero con esto me quitas las ganas.
- Perdón, estoy muy tensa… pero en serio, no quiero fiesta. No tengo ánimos.
- ¿Cortaste con Emilio? No manches, pensé que con él te casarías. Sé que a Bruno le va a dar gusto escuchar esto- toma su celular para marcarle a Bruno.
- No se te ocurra, eh. Además con Emilio estoy mejor que nunca, él es el único… él es el hombre.
- El hombre perfecto, vas a decir, ¿no?
- Pues no, no es perfecto pero es el ideal para mí, fue demasiado lindo como empezó todo, como se desarrolló.
- Ya, ya, te vas a poner de cursi, mejor dime qué hago con Bruno, sé que pasaron cosas la última vez que se vieron pero no me contaste bien qué.
- Lo siento Fabi, es que me daba pena… y más por lo que hice. Seguro pensará que soy una cualquiera. Pero bueno, por eso no quiero verlo. Tengo que irme, iré a revelar unas fotos para una exposición. Te amo, nos vemos en unos días, y en serio, no hagas fiesta.
Llega Emilio.
- ¿Nos vamos, amor?
- Don perfecto ha llegado
- Fabiola, shut up (cállate) – besó a Emilio.- Mira amor, Fabi en la videollamada.
- Hola Fabi. A ver cuándo vienes, eh, no te vemos desde el cumpleaños de Regie en el caribe.
- Pronto, “Milly”, pronto. Un beso a ambos, Bye.
Finalizan videollamada.
(Reproducir: http://www.youtube.com/watch?v=0rJTbJOeFMA)
- ¿En verdad no queréis que te acompañe a México?
- No, o sea sería estupendo pero no tiene caso. Sólo voy unos días y regreso. Aquí ya estaremos en vacaciones así que tengo planes, comenzaremos con nuestra lista de cosas por hacer… también tengo una lista – se mordió los labios- de fantasías sexuales.
- ¿Ah sí? ¿Y si adelantamos algo? – la tomó de la cintura – Creo que es justo, me abandonareis durante días…
- Puede que… ¿Sabía usted que es el profe más guapo de España?
- Y usted, jovencita Barceló, la alumna más inteligente y guapa.
- No me convences, no era la más inteligente.
- Lo eres, te amo.
Regina comenzó a besar a Emilio. Un beso tierno. Enredaba los dedos en su cabello ondulado. Emilio la cargó. Regina abrazo con sus piernas la cintura de él. Se besaban con más pasión.
- Te deseo
- Yo a ti, hermosa, pero no presionaré…
- No hace falta, creo que lo de las fotos también puede esperar – volvió a besarlo, esta vez con más pasión.
Entre risas y besos se fueron a la habitación de él.
- Te amo más que antes.
- Te amaré, hasta el final de mis días. Hasta que la muerte nos separe, así como en las bodas.
- No habléis de eso, no me gusta hablar de muerte. –la besó –Así será, envejeceremos juntos, veremos a nuestros hijos crecer.
Emilio la besaba con ternura y pasión. La llenaba de caricias y palabras dulces. Regina derramaba lágrimas, se aferraba a su espalda; de vez en cuanto lo tomaba de la cara, lo veía profunda y tiernamente a los ojos y lo besaba.
- Pase lo que pase… quiero que sepas que te amo, te amaré. No importa en qué vida o en qué dimensión. Nacimos para estar juntos.
- Regina, pase lo que pase estaré contigo, nuestras almas están unidas.
Pasaron las horas.
Regina lloraba, tenía sentimientos encontrados. Veía a Emilio dormir, acariciaba su cabello, trataba de grabar cada detalle de su rostro, de su cuerpo, recordaba desde que se conocieron hasta hace unas horas cuando hicieron el amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario