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"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

domingo, 12 de junio de 2011

Capítulo 11.

(Reproducir: http://youtu.be/O8A0JNrmgAI )

Después de la primera noche juntos.
Emilio despertó antes que Regina. Los rayos de sol penetraban por la ventana. Él contemplaba a aquella mujer que se entregó a él en todos los sentidos una noche antes. Desnuda y cubierta con una frazada, dormida y vulnerable. ¡Cuánto la amaba!. Se levantó en busca de su cámara. La fotografió en todos los ángulos posibles. Su vida había cambiado. Volvía a ser aquel joven que amaba la vida y lo que ésta le otorgaba.
Regina despertó.

Emilio. “¡Buongiorno principessa!
(¡Buenos días princesa!)
Regina. “Cómo en “La vita é Bella” mi película favorita. ¡Buenos días!” –dijo con una amplia sonrisa –“¿Tienes mucho tiempo despierto?”.
Emilio. “No. Lo suficiente para inmortalizar la magia que te envuelve.”
Regina se sonrojó al mirarse desnuda. Emilio acarició su mejilla, con una sonrisa de medio lado la miraba embelesado.
Emilio. “Gracias por la noche de ayer, fue mágica, inolvidable. Gracias por dejarme ser parte de ti, de vuestra vida.”
Regina tomó la mano que le acariciaba la mejilla, entrelazo sus dedos con los de él.
Regina. “Cuando era pequeña me imaginaba las cosas en otro espacio y tiempo… todos me decían que el aquí, el ahora, la circunstancia y la audiencia eran insustituibles, por algo se presentaban así y en ese momento… todo tiene un por qué pero ahora puedo decir que ya soñaba contigo antes de conocerte…”

Emilio la atrajo hacia su pecho. Regina se recostó sobre él. Cerró los ojos, como si los latidos de adolescente enamorado le dieran cierta tranquilidad.
Emilio. “Nunca es demasiado pronto para decir lo que te dije ayer y cada segundo estoy más que seguro de ello. Te amo.”
Regina. “Y yo a ti, Emilio.”

Regina suspiró. Alzó la cabeza para que una vez más se encontraran sus miradas. Emilio la besó con ternura y delicadeza. Ella subió a su cuerpo, quedando encima de él viéndolo de frente.
Emilio. “Eres bellísima.”
Regina. “Podríamos repetir lo de anoche…” –sonrió pícaramente. –“Empecemos el día como terminamos el de ayer.”
Emilio. “Eres una insaciable…” –sonrió mientras le quitaba unos mechones de la cara.
Regina. “¿Insaciable?... ¡Grrr!” –ríe a carcajadas. –“Oh, Crap! (Mierda!) Ni creas que te libras de mí, eh. Es que recordé que debo empacar para mi viaje…

Se para rápidamente para vestirse.
Emilio. “Estoy hambriento.”
Regina. “Pues con todo el ejercicio de ayer… ¡Eres todo un “atleta”, eh!”

Emilio se sonroja. Regina, en ropa interior comienza a asearse un poco para poder salir.  Emilio la abrazó fuerte. Le dio un beso en la frente. Ella volteó y parándose de puntitas trato de estar a la altura de su cara. Él se inclinó. Se miraban, enamorados; sus bocas se acercaron lentamente, rozaron sus labios, sentían su respiración. No se besaban. Así estuvieron unos minutos hasta que un beso dulce interrumpió ese momento de reconocimiento. Regina comenzó a acariciarlo; Emilio la llevó contra la pared. Entre besos y caricias volvieron a entregarse; esta vez con más pasión y diversión, pero sin dejar de involucrar sentimientos.

Días después.
Aeropuerto, Madrid, España.

Emilio. “Te extrañaré, Regie.”
Regina. “Yo te extrañaré más… promete que me escribirás y tendremos algunas horas para vernos y charlar por camarita, ¿sí?.”
Emilio. “Claro que sí, hermosa. Cuenta con ello. Pero por favor, cuídate, te quiero sana y con todas tus extremidades de regreso, eh.”
Regina. “Tú también te cuidas, y más de las miss universo con las que acostumbras entablar amistad.”
Emilio. “Celosa.”

Se abrazaron.
Emilio. “Feliz navidad y año nuevo. Te amo. Disfruta mucho de tu familia, de tus amigos. Por favor, no hagas cosas imprudentes.”
Regina. “¿Cosas como qué? Claro que los disfrutaré, tiene mucho que no los veo. Saludos a tu familia, aunque no hayamos podido ir a visitarlos a Barcelona. Espero pronto se pueda. Te extraño y aún no me voy.”

Se escuchó el llamado a la sala de abordar.
Regina. “Debo irme. Un beso.”

Se besaron. Él le colocó un gorro y bufanda pues el clima era muy frío. Regina abordó.


Casi medio día después.
Ciudad de México.

En el aeropuerto estaban en el hermano de Regina y Fabiola.

Javier. “¡Enana! ¿Cómo estás?” –gritó al momento en que la cargaba.
Regina. “Menso. Te extrañé demasiado… ¡Epa! ¿Has estado visitando el gimnasio? Estás fornido. Muy guapo como siempre, Javi.” –le dio un beso en la mejilla.

Al ver a Fabiola ambas gritaron. Se abrazaron.
Javier. “Sabía que ocurriría esto. Me adelanto con las maletas.”

Javier salió con las tres maletas para guardarlas en la camioneta. Mientras que Fabiola y Regina seguían festejando su reencuentro, luego de meses sin verse.
Fabiola. “Cochinota, debes contarme todo, todo lo que ha pasado desde que estás en una relación con tu profesor sexy.”
Regina. “Chismosa, obvio te contaré… Sí es muy sexy, pero es inteligente, lindo y protector. Además de que es buenísimo en la intimidad.”

Fabiola escupió el agua que bebía.
Regina. ”¡Fabiola! ¿Siempre haces eso?”

Fabiola. “Lo siento, me has sorprendido. Pensé muchas cosas; la primera es que no durarían ni un mes por las edades, por los tiempos; la segunda es que no tendrían relaciones, así como eres de especial… creí que no caerías tan rápido.”
Regina. “No es muy rápido, ya llevamos meses y estamos bien. Nos complementamos. Esa noche fue muy intensa… me llevó a una casa y dijo que quería compartirla conmigo, que sería nuestra casa.” –dijo con voz dulce, recordando.
Fabiola. “¡Qué miedo! Quizá es un maniático. ¡Cruz, cruz!”

Regina comenzó a reír. Caminaban hacia la camioneta.
Regina. “Cruz, cruz.” –ríe. –“Mensa. Si es muy lindo. Quiero que él sea el padre de mis hijos.”
Fabiola. “Te dejo un tiempo sola y te conviertes en otra… en una muy empalagosa (cursi), por cierto. Te amo, ya te extrañaba.”

Subieron a la camioneta; Javier manejó hasta su casa.

Regina. “Javi, debes contarme sobre tu novia que no te deja a sol ni a sombra, eh.”
Javier. “Cálmate, hermanita celosa. Fíjate que la conocerás mañana en la cena de Nochebuena. Su familia vive en Los Cabos pero no quiere ir.”
Regina. “Ok, ok… Se siente bien estar aquí. ¡Bienvenida al estrés del Distrito Federal!”

Llegaron a casa. Regina bajó de la camioneta con llaves en mano y corrió a la entrada de la casa. Abrió.
Regina. “¡Papá! ¡Mamá! ¡Ya llegué! ¡Quiero verlos!”

Entró a las habitaciones y no los encontró. La casa perfectamente ordenada.
Regina. “¿Y mis papás?”


Javier y Fabiola se miraron.
Regina. “¿Qué pasa?”
Javier. “Regina. Mis papás llegan mañana… han estado en casa de la abuela durante días.”
Regina. “¿Por qué? ¿Le pasó algo a la abuela?”
Javier. “No.. ella está bien. Es el abuelo.”
Regina. “¿Qué le pasó a mi abue? ¿Otra vez tuvo una crisis? ¿Por qué no me avisaron? Hubiera venido rápido en el primer vuelo a cuidarlo. ¿Me prestas la camioneta? Voy a verlo. Quiero mostrarle mis fotos de mi viaje místico a Almería. Tanto que me contaba de ese lugar… Ya quiero verlo.”
Javier. “Regina, el abuelo falleció.”

Regina empezó a reir mientras empezaba a caminar rápido por toda la sala.
Regina. “No, no, no… no es cierto. Él me dijo que nos veríamos en estas fechas, que debía enseñarle mis fotos, contarle mis anécdotas. No puede estar muerto.”
Fabiola. “Regina… sucedió hace 3 días. Lo internaron de emergencia hace una semana, se sentía mal y bueno, estuvo bajo observación. Se le veía de mejor ánimo cada día.”
Regina. “No, no es cierto… es otro episodio, él estará bien. Lo estará, ¿cierto?”

Comenzó a llorar, queriendo no creer lo que le decían. Javier la detuvo. La tomó de los hombros.
Javier. “Dos días después se complicó todo con una neumonía y estaba tan débil que no resistió…”

Javier abrazó a Regina. Ella palideció, lloraba descontroladamente.
Regina. “Llévenme a dónde está… Quiero despedirme. Quiero hablar con él una última vez.”
Fabiola. “Pero Regie…”
Regina. “Préstame la camioneta Javier. ¿En dónde está?”
Javier. “En el Panteón Francés, lo conoces… pero Regina, así como estás no es conveniente que vayas y mucho menos que manejes.”

Lo tomó de la cara.

Regina. “Estaré bien, hermanito.”

Subió a la camioneta y se dirigió al panteón. Luego de buscar sin encontrar, halló quién le dijera donde estaba ubicada la lápida. Se sentó en una orilla y colocó sobre ella una flor que encontró en el suelo.

Regina. “Octavio Lozano Cervantes. 1940 – 2009. Abuelito, aquí estoy. Soy yo, tu niña Regina. ¿Sabes? La semana pasada, todos los días te recordé… sobre todo en las noches. Era algo extraño, volví el tiempo atrás cuando tú me sentabas junto a ti y veíamos las estrellas juntos y aquella vez que le regalaste un telescopio a Javier y como yo quería uno también, solo lo pintaron de color turquesa y pusieron mi nombre. Fui al estadio en este año… conocí el Santiago Bernabéu, es bastante imponente y ahí recordé que tú me llevaste a mi primer partido, también nuestras constantes peleas porque yo apoyo al Barça y tú al Madrid… las apuestas, las risas cuando ninguno pagaba lo pactado. Te dije que te iba enseñar fotos de allá y solo me falta imprimirlas; y adivina qué… ¡tengo novio! Es maestro de fotografía. Es muy educado y caballero, además de muy guapo. ¡Quién lo diría! Bueno, tú si lo dijiste antes de que me fuera. Allá mi vida cambiaría y vengo a mostrarte que tenías razón. ¿Ya viste? Mi cabello está larguísimo, tú decías que con el cabello así me parezco más a mi mamá cuando era joven. ¿Cómo me veo?.”
Guardó silencio; de pronto, realizó que no obtendría respuesta alguna. Su abuelo ya no festejaría con ella sus logros ni la acompañaría en sus momentos malos. Ya no estaba físicamente para darle un abrazo o tomarle de las manos como cuando era pequeña. Ya no.

Regina. “Abue, ¿por qué te fuiste? Prometimos que en estas fechas nos veríamos… me vas a hacer mucha falta. Sé que a veces ya no te prestaba mucha atención porque crecí y diferíamos en muchas cosas pero siempre estabas en mi mente y en el corazón. Te extrañaré mucho. Sé que ya no vas a sufrir en dónde estás ahora.”

Se acostó sobre la lápida. Lloraba, se aferraba a ella como si así pudiera tocar el cuerpo inerte de su abuelo.

Regina. “Me siento culpable por no estar aquí. Perdón, perdóname. Si tan solo me hubieran avisado… Gracias por todo lo que me enseñaste, por tus cuidados, por tus regaños… ya no soy tan atrabancada cuando manejo, he tomado una fotografía de cada momento que quería que permaneciera intacto para mostrártelo… Escribí canciones y comencé con mi lista de cosas que quiero hacer antes de morir; todo eso te lo debo a ti. Tú me enseñaste, me aconsejaste… Te amo abuelo. Por favor, no me dejes, dame señales de que sigues junto a mí, guiando mis pasos como hasta ahora. Hazlo, por favor.”

Se debilitaba con el llanto. El clima era frío pero había una corriente de aire cálido que golpeaba su cara y secaba las lágrimas derramadas. Su abuelo seguía junto a ella y seguiría estándolo como cuando comenzó a caminar o a leer. El llanto le provocó sueño y se quedó dormida sobre la lápida.
Al ver que no regresaba, Fabiola y Javier fueron al panteón a buscarla pero alguien llegó antes que ellos. Al parecer la conexión no se había perdido.
Bruno. “Regina, despierta.” –la enderezó con delicadeza.

Regina despertó, con los ojos hinchados y el maquillaje corrido. Vio a su alrededor, volvió a llorar al darse cuenta de la realidad.
Bruno. “Regina, vamos a casa. Estás helada, vas a resfriarte.”
Regina. “Bruno. Mi abuelito… ya no estará a mi lado, ya no podré escuchar su voz regañándome o contándome una de sus historias. Se fue.”

Bruno la abrazó fuerte. La acurrucó sobre su pecho.
Bruno. “Yo estuve ahí. También le pesó mucho no poder verte… así que le dije que escribiera todo lo que sentía.” –le dio un sobre.

Regina guardó el sobre en uno de los bolsillos de su gabardina.
Regina. “Te amo abuelo. No me olvidaré de ti” –dijo llorando.

Regina sabía que una parte importante de su vida había muerto, pero no podía fallarle. Ahora, todo lo que algún día soñaron, lo cumpliría. Lo extrañaría, pero no podía haber mejor homenaje a él que el hecho de vivir como él lo hacía: sin restricciones, disfrutando del simple hecho de respirar y poder ver al tiempo correr.


3 comentarios:

  1. wow que fuerte en momentos como estos kiero a mi abue cnmigo lo extraño tanto yo tambn lo perdi hace un añooo y es increible q hasta el dia d hoy no me recupere del todo

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  2. "Emilio. “Claro que sí, hermosa. Cuenta con ello. Pero por favor, cuídate, te quiero sana y con todas tus extremidades de regreso, eh.”" AWWW <3 ME ENCANTA PUKI!

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  3. llore ... me emocione hasta la medula, cada vez mejoras mas hermanuka, no manches no lo habia leido todo..

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