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"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

miércoles, 22 de agosto de 2012

Capítulo 26. Opción B.



Después de unas semanas, debido a la deteriorada salud de Regina, sus padres, hermano y Fabiola viajaron a España porque a ella le prohibieron trasladarse a México.

Su semblante era de cansancio, estaba baja de peso y se fatigaba con facilidad. Emilio la procuraba mucho, él mismo le preparaba sus alimentos y hacía de todo para que ella se animara un poco… y así sucedía, al menos con él sonreía pero a nadie le decía que tenía mucho miedo de morir, de dejarlos. Fabiola iba en las tardes para platicar con Regina y planear su futuro como cuando eran niñas, eso le ayudaba a no sentirse tan vulnerable por el tiempo o su padecimiento.

Una tarde mientras todos comían en la casa que ya habían acondicionado para vivir, Regina fue al baño sin color en el rostro, a trompicones llegó. Fabiola y Emilio corrieron tras ella pero ya había cerrado la puerta y no pudieron entrar.

- Haz algo, Emilio… ella no se veía bien

- ¿Crees que ya va a nacer?

- Me temo que… es otra cosa –se volteó - ¡Abre!

Javier trataba de tranquilizar a sus padres. Emilio abrió la puerta del baño y vio a Regina hincada tocándose la cabeza y evitando vomitar de nuevo.

- Amor ¿qué sucede? Ven

- No puedo ponerme en pie, me duele

- ¿Tienes contracciones?

- No, Emilio

Nuevamente vomitó pero esta vez fue con sangre; Emilio se impresionó al ver eso. Salió del baño y le pidió a Fabiola que sacara del garaje el auto para ir al hospital.

- Regina, iremos al hospital, esto no es normal

- Emilio, no me quiero morir, no quiero…

- No digas eso bebé, todo saldrá bien, quizás es malestar por el embarazo

- No Emilio, es otra cosa

Comenzó a llorar, él no entendía qué le sucedía. Con cuidado la llevó afuera del baño.

- ¿Qué pasa? –dijo Javier al ver casi inconsciente a su hermana

- No sé, volvió el estomago y arrojó sangre

    (Reproducir:  http://youtu.be/ViobEXGacxA ) 


Alarmado al escuchar eso la cargó y salieron para llevarla al hospital. Emilio se subió con ella en el asiento de atrás, Javier manejaría; los padres y Fabiola habían pedido un taxi que los llevara. Todos, excepto Emilio sabían que probablemente ese día tendría que saberse todo, que ese día tal vez ella se marcharía.

En el trayecto Emilio tomó de las manos a Regina y trataba de darle calor, de animarla pero ella cada minuto mostraba una desmejora.


- Milo, tengo que decirte algo….

- Tranquila, estamos por llegar

- Emilio –comenzó a llorar – me voy a morir

- No digas eso, estarás bien, tú y nuestro bebé lo estarán

- No, yo… 


Regina se desmayó, probablemente por el intenso dolor que sentía en la cabeza. Emilio trató de reanimarla. Llegaron al hospital, los doctores la bajaron y la llevaron en camilla a sala de urgencias donde Eduardo ya esperaba para atenderla. 


- El doctor Garrido espera en la sala de Urgencias, me ha pedio que os informe que probablemente tendrá que adelantarse el nacimiento del crío para que proceda a operar

- Está bien, doctor pero por favor, que mi hermana salga bien de esto

- Espere ¿qué ha dicho? ¿de qué operación hablan?

- Tranquilo, Emilio

- Doctor, exijo una respuesta

- Favor de guardar la calma, se hará lo posible por estabilizarla y que ambas intervenciones resulten favorables, lamentablemente el tumor por lo que estudiamos en los días pasados ya abarca gran parte del cerebro así que la cirugía tiene un riesgo más elevado. Con permiso –se retiró –

- Tumor… ¿tumor? ¿de qué habla Javier? Se confundió de persona, Regina está bien, solo un poco cansada

- Emilio, el doctor dijo la verdad, Regina tiene un tumor en la cabeza, lo supo meses antes de enterarse del embarazo pero al saber que estaba embarazada decidió no someterse a ningún tratamiento o cirugía por el bien del bebé

- No… ella me lo hubiese dicho

- Esa es la verdad, no quería que sufrieras , ahora solo queda esperar

- Tengo que verle, decirle que todo estará bien…

Eduardo salió, vio a Emilio llorando y a Javier hablando con él, se acercó a ellos.

- Emilio –tocó su espalda – Qué tal Javier?

Javier asintió en modo de saludo.

- ¿lo sabías? –preguntó Emilio

- Sí Emilio pero Regina pidió que no dijéramos algo de eso porque quería vivir plenamente su embarazo, mira ahora no es el momento de discutir esto, vengo a deciros qué es lo que procede

- Está bien, lo único que importa es ella y el bebé

- Regina dejó de ingerir los medicamentos cuando se enteró del embarazo así que el tumor siguió expandiéndose además de que se opuso a realizarse la cirugía porque implicaba riesgo para el producto así que ahora debe acelerarse el nacimiento para que, en cuestión de horas comience la cirugía para extirpar el tumor, ella ha dicho que sí pero quiere hablar contigo porque es peligrosa la intervención y puede que…

- No, no lo digas

- Se está preparando el quirófano para la cesárea, en tiempo no faltaría mucho para que el bebé nazca, se adelanta dos semanas, la otra intervención será mañana al mediodía

- Eduardo, quiero la verdad ¿va a salvarse?

- No sé, es que el tumor, como ya lo han dicho, está en una zona complicada, ha crecido, ella no está en óptimas condiciones pero haremos todo lo posible porque se recupere, lo prometo 


Eduardo indicó a Emilio el lugar al que tenía que ir para colocarse las prendas adecuadas para ingresar a quirófano. Javier habló con sus padres y Fabiola, les informó lo que sucedía.


Emilio entró, la enfermera se apartó un poco para que pudieran hablar un poco.

- Regina, mi vida –tomó su mano-

- Milo, estás aquí –besó su mano- Te amo, todo estará bien

- Lo estará, amor, todo irá bien

- Perdón, perdón por no decirte algo de esto pero es que tenía miedo de muchas cosas

- No tengo nada que perdonar, ahora juntos saldremos de esto y a poneros tranquila que hoy conocemos a nuestro chaval

- Te amo, gracias por todo lo que hemos vivido

- Y viviremos 


Besó la comisura de sus labios y luego su frente, tocó su vientre y se apartó un poco sin soltar su mano pues comenzaría la cesárea.


- Necesitamos, por favor, que se aleje un poco porque vamos a aplicar la anestesia

- Está bien, me colocaré allá –señaló una esquina del quirófano- 



Le inyectaron la anestesia en la espalda baja, gimió del dolor pero sonrió porque, a pesar de sus malestares, había llegado el día de conocer a ese bebé que tanto esperaba.

- ¿Todo estará bien?

- Así será amor, confía –contestó Emilio a la distancia



Comenzó la intervención quirúrgica, Emilio trataba de hablarle seguido para que se tranquilizara y no hubiera complicaciones por su alteración. Regina comenzó a respirar profunda y repetidamente, eso la calmaría. En cuestión de minutos luego de evitar que su ritmo cardiaco aumentara por la ansiedad, nació… 


Emilio se acercó a Regina y tomó su mano débil y le sonrió ampliamente.

- ¿Puedo sostener al bebé?

- Es una niña –dijo la enfermera-

- ¡Felicidades padres! La niña está sana, la asearán y enseguida podrán conocerla

- No, doctor, quiero verla ahora –suplicó Regina 


La enfermera miró al doctor quien aprobó que la llevara con la recién madre. Emilio la recibió, la miró emocionado.


- Pequeña, soy tu papá, bienvenida a la vida amorcito, gracias por existir –tocó su barbilla

- ¿Está bien? ¿Respira bien?

- Sí, es preciosa aunque pequeña

- Eso se debe a que le faltó un poco de tiempo en el útero pero estará bien, no fue mucha la diferencia entre la cesárea de hoy y el parto que estaba pensado para las siguientes 3 semanas… Regina ¿estáis bien?

- Poco débil pero ya quiero sostener a mi hija 



Con cuidado Emilio colocó a la niña entre los brazos de Regina quien comenzó a reír al verla, tanto soñar con ella y ahora ya era una realidad, estaba ahí y era lo único que importaba. Al rozar su piel sintió emoción, la miró y sintió paz profunda, el miedo se desvaneció. Comenzó a llorar de felicidad. Emilio susurraba palabras de amor a ambas, las acariciaba y tampoco pudo evitar derramar lágrimas. Él siempre quiso formar una familia, poder cuidar de un bebé suyo, estar con la persona que ama… Poco a poco todo lo que habían soñado estaba cumpliéndose. 



- Amorcito, gracias por existir, gracias por hacerme feliz. Prometo siempre cuidar de ti y de tu papá 



Regina y Emilio contemplaban a su hija, era como un sueño, todo había sucedido muy rápido. Las enfermeras llevaron a la niña a asearla para posteriormente colocarla en el área especial de cuidados debido a su nacimiento antes de tiempo. 


- Te amo, eres la mujer de mi vida, bueno, una de ellas, nuestra hija también lo es

- Gracias y perdón por no decirte antes, tenía miedo

- Todo estará bien, no hay algo que perdonar, estamos juntos con nuestra hija, lucharemos de igual manera para superar esto, vivirás, viviremos para seguir cumpliendo sueños, los nuestros y velar por los de ella

- No seguí el tratamiento, no quise ser intervenida por ella, fue lo mejor, nació sana, preciosa… no puedo pedir más

- Vivir… pelear por la vida. Te amo

- Te amo Ems –tomó su mano, él besó con dulzura sus labios-



Emilio salió para que terminaran de intervenir a Regina y que se recuperara.

En quirófano, a punto de llevarla a recuperación a una habitación, comenzó a sentirse mal, el pulso bajó, la presión arterial aumentaba, ella no estaba bien. Los doctores se movilizaron para establecerla pero ella cayó en un “sueño” profundo…

lunes, 25 de junio de 2012

Capítulo 26. Opción A.




Después de unos días en Baja California, regresaron pero ya con ciertos temas aclarados., con planes, proyectos y promesas que cumplir. Regina se sometería a la operación poco antes de concluir la “cuarentena” del nacimiento de sus hijos, Emilio estaría viviendo en la ciudad de México por un tiempo en un departamento en el mismo fraccionamiento donde vivían los padres de Regina; Bruno conversó con ellos y entendió que ya no había oportunidad alguna con Regina y lo aceptó a pesar del amor que aún sentía por ella. Emilio acudió a una consulta, observó a sus dos hijos, derramó lágrimas de la emoción y en un instante imaginó toda su vida junto a ellos y de la mano de Regina. Pasaban los días…

Fueron a celebrar el compromiso de Fabiola y su novio a un restaurante cercano al hospital. Era una tarde soleada, cálida y con una ligera brisa cada tanto.

- Felicidades, hermana –tomó su mano- Me es increíble imaginar que después de tantos rencuentros, de tanto tiempo vuelvan a estar juntos pero me alegro, eres un buen chico, además siempre has sido mi favorito

- Gracias, cuñada, creo que estaba escrito que después de tanto volviéramos

- Oigan ¿Y Emilio?

- No sé Regie, se levantó y salió

- Voy a buscarlo y sirve que camino un poco que me siento indigesta

- ¡Pero si apenas y probaste bocado!

- No me he sentido muy bien, estoy agotada

- ¿Quieres que te acompañe?

- Si quieres ve, amor

- No, gracias y aprovechen que los dejamos solos –sonrió 



                               (Reproducir:  http://www.youtube.com/watch?v=9aOKEbnzxqA )



Regina salió hacia el jardín del restaurante. Ahí estaba Emilio, viendo hacía el cielo, batallando un poco con el tamaño del columpio en el que estaba sentado. Lo abrazó por detrás.

- Perdón

- ¿Perdón por qué?

- Por salirme así, sin más…

- ¿Estás bien?

- No –se volteó para mirarla- no lo estoy

- ¿Estás resfriado?

- No Regina, estoy angustiado, tengo miedo

- No entiendo cuál es el motivo

- Regina, por favor, deja de ser tan indiferente, eres valiente, lo sé pero yo no, tengo miedo por ti, no quiero que algo te pase

- Es eso… -tomó su cara con sus manos- lo que tenga que pasar, pasará… A veces, una vida se extingue pero llegan más

- No digas eso, por favor, no lo menciones más –juntaron sus frentes – sois la mujer más bella, serás la mejor madre, la más amorosa, la más juguetona

- Esperemos así sea… te amo y mi único miedo ahora es no poder ver crecer a nuestros hijos junto a ti pero tú y ellos me hacen más fuerte, sé que lo lograré

Se besaron lentamente, acariciaban sus labios, impresionante era sentir que sus cuerpos se estremecían con el contacto, sus labios embonaban perfecto, aún seguían sintiendo la descarga eléctrica, esa magia cada vez que sus cuerpos se rozaban.

Regresaron a la mesa, se despidieron y salieron del lugar con rumbo a casa de los padres de Regina. Llegaron y antes de llegar a la puerta Regina tocó su vientre desesperadamente.

- Emilio, creo que ya

- ¿Ya qué?

- Ya quieren nacer

- Madre mía ¿cómo sabes?

- No sé, lo siento… son espasmos, desde que salimos del restaurante los siento pero ahora son más intensos y constantes

- ¿Qué hago?

- Abre y sube por la maleta, esa que está debajo de mi cama, ya están listas las prendas para los bebés y para mí

- Pero ¿y tus padres?

- ¡Corre! Ya mismo intento localizarlos

Emilio la llevó a una banca de madera que se encontraba a unos centímetros de la puerta, luego subió por la maleta.

- Respiren -tocó su vientre- no, eso debo hacerlo yo, por favor esperen un poco que su padre parece que fue a fabricar la ropita

Regina tenía la respiración entrecortada.

- Ya, amor, aquí está

- Bueno, vamos a la camioneta y llámale a Bruno para que agilice todo

- Me olvidé las llaves en la mesa, joder –entró por las llaves

Regresó, subieron a la camioneta y Regina le habló a Bruno mientras Emilio conducía tratando de controlar sus nervios. Bruno avisó a la familia de Regina y a Fabiola para que acudieran al hospital.

- Emilio –respiraba intranquila- Te amo

- Te amo, Regina, ya conoceremos a nuestros hijos, seremos padres

Emilio tomó su mano mientras sonreía de la felicidad y los nervios. Llegaron al hospital en donde ya esperaba Bruno, una enfermera y camillero en la entrada, Fabiola y Julián estaban dentro debido a la cercanía con el hospital del restaurante donde se encontraban. Entraron, Regina se sentó en la silla de ruedas para que el camillero la llevara a sala de partos.

- Hermana, todo estará bien, confía en Dios –la abrazó – ya quiero conocer a mis sobrinos

- Los conocerás en poco tiempo, tengo miedo pero quiero verlos, tocarlos y decirles cuánto los amo

- Regina, han llegado tus padres y Javier, solo un par de minutos porque debes ingresar a sala para que te alisten

- Está bien, Bruno, gracias –sonrió

Se acercaron Javier y sus padres. La abrazaron, su madre le dio un “amuleto” que en realidad era una reliquia a la que se le había conferido cierto poder mágico. Su padre la abrazó y besó su vientre susurrando palabras de felicidad y Javier insistió en que uno debía llamarse como él. Sonrieron, se abrazaron nuevamente e ingresó a sala de partos, Emilio se encontraba ya vestido con la indumentaria higiénica para estar presente.

- Bruno, tengo miedo

- Todo estará bien, lo prometo… Confía, respira tranquila, yo estaré del otro lado observando, será tu gineco –obstetra quien traiga a tus bebés al mundo

Tomó su mano, la estrechó y sonrió como cuando eran adolescentes y le quería hacer sentir que todo estaría bien.

Las enfermeras la desnudaron y colocaron la bata para que el proceso fuera más cómodo. La subieron a una cama.

- ¿Emilio?

- Aquí estoy Regina –tomó su mano

- Quédate

- No hace falta que lo pidas, siempre estaré

Se guardó la cámara digital compacta en un bolsillo del pantalón, después, con ambas manos unidas, se dieron un fugaz beso. Regina volvió a gritar. Había pasado poco más de la mitad de una hora desde que llegaron al hospital. 


   (Reproducir:   http://youtu.be/e_rl0VFVJHg  )

- Doctor, siento contraído el abdomen, me duele

- Tranquila Regina, necesitamos que respires pausadamente, que te serenes, esas son las contracciones, ya hay 80% de dilatación, necesitamos que respires hondo, inhalas y cuando exhales, pujas

- No puedo hacer todo al mismo tiempo –gritó

- Amor, intenta por favor – acarició su cabello –a ver, lo haremos ambos

Regina comenzó a reír. Respiraron pausadamente, ella pujaba, él, con su respiración le proporcionaba esa tranquilidad y confianza que necesitaba. Bruno veía a escasos metros de ahí.

- Adelante Regina, aquí vamos. Respira hondo, puja lo más que puedas

El sudor corría por su frente y cuello, su cabello estaba húmedo, el rubor de sus mejillas se intensificó… de pronto, aquel silencio en el que solo habitaba un coro de sonidos de inhalaciones y exhalaciones se rompió por el llanto de un nuevo ser.

- No puedo creerlo ¿es él?

- Efectivamente, Regina, es un varoncito

- Doctor ¿nos permite sostenerlo?

- Claro que sí pero será unos instantes porque debemos continuar con la labor de parto 



La enfermera que lo envolvió en una frazada lo llevó a los brazos de Emilio. Lo besó, sonrió con placer al ver a su hijo, ese pequeño ser que junto con su hermanito próximo a nacer llegarían a dar esperanza de vida. Regina alargó los brazos, Emilio se acercó para que pudiera sostenerlo. Lo miró y lo besó, tocó sus manitas, sus pies.

- Te amo, bebé, te amo, bienvenido a la vida 



De pronto, un grito intenso perturbó a los presentes.

- Emilio, Emilio, me duele, va a nacer

- Tranquila… Doctor ¿qué hará?

- Intentaremos que sea así, en caso de que no sea posible, tendrá que ser sometida a cesárea 



La enfermera llegó por el recién nacido para medirlo, pesarlo y anotar cada uno de los pormenores de su nacimiento en la bitácora. Emilio aprovechó ese momento para fotografiar al pequeño bebé.

- A ver, Regina… respira por lo menos tres veces, después deberás pujar constantemente

- Sí

Comenzó a hacer lo indicado nuevamente, esta vez el color de sus mejillas se esfumó, estaba agotada. Después de aproximadamente diez minutos de intento y extinguir su única fuerza en pujar y así llegó el otro bebé. Era una pequeña niña, lloró. Regina sonrió, Emilio hizo lo mismo y tomó su mano, la besó en la comisura de los labios para luego besarse lentamente, confirmando que sus labios embonaban perfectamente en los del otro. Llegó la enfermera con la niña, después regresó para acercarle al hermanito mayor. Emilio no pudo contener las lágrimas al ver a sus dos hijos y a Regina, los amores de su vida ahí, frente a él, demostrando una vez más que el amor es vida, origina, crea, revive.

- Es un milagro, un regalo de Dios, de la vida. Mis pequeños bebés, los amo, gracias por llegar así, por ser la esperanza de mi alma, por alegrar nuestras vidas

- Te amo, los amo. Gracias por dar vida a nuestros hijos, por traerlos al mundo, gracias por todo Regina, desde hoy comienza otra etapa que viviremos juntos, estoy seguro… Prometo luchar día a día por verlos bien y felices; prometo amarlos, protegerlos

Beso a sus hijos en la frente.

- Son hermosos –miró a Emilio –Gracias

- Somos una gran familia, Regina, es, sin duda, el momento más feliz de mi vida y eres la responsable de que me sienta así, bueno tú y nuestros chavales

Regina soltó una carcajada.

- Chavales… eso es gracioso –cerró los ojos- Emilio, tengo un fuerte dolor de cabeza

- ¡Enfermera! –alzó la voz -Que tiene dolor en la cabeza ¿podrían atenderla?

- Sí, joven pero necesito llevarme a los niños y que usted también salga

- Está bien pero necesito un par de minutos

Emilio fue con Regina, la besó nuevamente y besó a sus dos hijos. Ayudó a la enfermera a pasarlos a las cunas/camillas en donde los llevaría a cuneros. Salieron.

- Ya quiero conocer a mis nietos

- Mamá, no te desesperes, primero hay que esperar a que salga E…

- ¡Emilio! ¡Felicidades nuevo papá!

- Gracias, Fabi –sonrió –este es el mejor momento de mi vida

- Hijo ¿cómo están mis nietos? ¿Y Regie? ¡Felicidades!

- Gracias señora, Regina está bien solo con dolor de cabeza que ya le están atendiendo, sus nietos son niño y niña, él es ligeramente más grande que ella pero son preciosos

Después de las felicitaciones, acudieron por pareja a los cuneros para conocer a los nuevos integrantes de la familia. Emilio esperó un poco antes de ir a preguntar por Regina.



Mientras, en la habitación donde permanecería en recuperación y reposo, estaba la enfermera suministrándole medicamentos, Regina dormía. Llegó Bruno. Entró y se acercó a ella, la miró y suspiró, acarició su mano y luego la soltó.

- Regina, ya conocí a tus hijos y son hermosos; estoy seguro de que los verás crecer y lo harás tú también… con Emilio. ¿Sabes? Él es buen hombre y es tonto que te lo diga porque de no saberlo, no estarías con él pero bueno, probablemente yo tendría que decir lo contrario y tal vez seguir luchando por tu amor pero pensé que no puedo presionar a las personas como alguna vez lo hice contigo, que te amé, te amo y fui un tonto pero no hay más por hacer, solo deseo que seas feliz y sé que en algún momento, yo también lo seré… Gracias por permitirme estar cerca de ti y cuidarte, siempre lo haré porque antes de intentar algo más, fuimos amigos y eso no se borra

Regina seguía dormida y Emilio llegó para cuidar su sueño durante la madrugada. Ella despertó antes de que amaneciera y él permanecía en vigilia, miraba por la ventana los imperceptibles rayos de sol que se asomaban entre ese cielo oscuro.

- Milo…

Trató de incorporarse pero estaba débil aún. Él volteó y sonriendo se acercó a ella.

- Hola, amor ¿cómo te sientes?

- Bien, bueno, tengo demasiado frío y un poco de dolor de cabeza pero mejor, aunque si siento como si hubiera hecho 8 horas de cardio –miró en la habitación - ¿Y mis pequeños? ¿dónde están?

- Están en los cuneros, ya los conocieron tus papás, tu hermano, Fabi y Julián, son hermosos –la besó en la frente- y lo del dolor es normal, fue demasiada actividad la de ayer, pero todo estará bien

- Lo sé, me faltan fuerzas justo ahora pero estoy segura de que lo lograré –lo tomó de la mano- lo lograremos

- Regie, duerme, necesitas descansar

- Te extraño a mi lado, duerme conmigo

- No puedo, no debo

- ¿Por qué no? No estamos casados pero somos pareja, tenemos a nuestros bebés y…

- No, no es por eso, es solo que debe ser inadecuado que duerman dos personas en la misma cama del hospital, sobretodo por higiene

- Ay si, soy muy responsable y acato las reglas… Ven, por favor, por favor… ¿sí? –lo miró con ternura suplicante

- ¿Cómo negarme a esa mirada? –se acostó a su lado y se abrazaron- Te amo

- Te amo y sé que no moriré porque tu amor me ha dado vida

Y así se durmieron juntos el resto de la noche, abrazados, en silencio, escuchando los latidos del corazón.

domingo, 26 de febrero de 2012

Capítulo 25. Opción B.







Después de casi una semana en Finlandia regresaron, deseaba quedarse más pero Regina cada día estaba más indispuesta “Quizás el viaje, quizás el clima” era lo que pensaba cada vez que la veía y ella eso le hacía saber, no explicaba, no detallaba qué sentía. 



Madrid, España. 

Al dejar el equipaje en el departamento que compartían, pidió Emilio lo acompañara por un guion que olvidó en la universidad y debía trabajar en él. Transcurrieron lo minutos y el rumbo al que dirigía el auto era inusual al que estaban acostumbrados para llegar a la escuela.

- Emilio ¿a dónde vamos?

- Es una sorpresa

- ¿Otra? ¿Contigo jamás dejo de sorprenderme? Eres magia 


Emilio sonrió. 

- Te amo 


Tomó su mano, la acarició y volvió a colocar ambas manos al volante. 

- Coged el sobre que está en la gaveta, es para vosotras –acarició su vientre –


Abrió el sobre. Sacó unas llaves. Estacionó el automóvil.

- Las llaves de vuestra casa –sonrió-

- Emilio… 


Volteó y reconoció la parte trasera de la casa.

- Gracias, Emilio, nuestra casa 


Salió del auto y acudió a abrirle la puerta de éste. Bajó. Tomó su mano y en la otra sostenía las llaves. Caminaron hacia la puerta de la casa. Abrieron, entraron. EL interior había cambiado, tenía más muebles, los libros acomodados, cuadros, pero seguía el mismo estilo rústico de la primera vez que estuvieron juntos ahí, ese lugar significaba mucho para ellos.

- Bienvenida nuevamente a lo que será nuestro hogar –acarició su vientre

- Me gusta mucho, la luz que entra por esos ventanales es grandiosa. Gracias, Milo, gracias por todo lo que me has dado, por cómo me tratas y por amarme tanto

- Gracias por salvarme, Regina, sois la mujer de mi vida


Regina, sin emitir alguna palabra, lo abrazó. No había mucho qué decir ante la duda de seguir viviendo o no dentro de un tiempo. Jamás pensó más allá de su realización profesional, se veía viajando, conociendo pero jamás con familia o un hogar, y ahora lo tenía y no sabía cómo enfrentar el hecho de que no los vería, que su vida tendría una duración corta y quizás, un padecimiento duradero de quien se quedara adoleciendo su partida.

Se acostaron en la cama, de lado, mirándose a los ojos, tocando sus labios, sus manos. El amor era más fuerte cada día, nadie era capaz de negarlo al ver como sus gestos, sus movimientos los delataban.

- Quiero que nos fotografiemos

- ¿Cómo? ¿Tienes pensado algún estilo de sesión o estudio?

- No, pero podemos improvisarlo, aquí, ahora

- ¿No estás cansada?

- Un poco, Milo, pero ya habrá tiempo de descansar, ahora hay que disfrutar y hacer que todo esto perdure

- Está bien –se levantó – voy por el trípode y la cámara –salió 


Regina se levantó de la cama, con cuidado se acercó al ventanal y vio la fuente, automáticamente todo, desde un inicio, pasó por su cabeza. Su piel se erizó y una lágrima rodó por su mejilla, al mismo tiempo que una sonrisa se dibujaba en su rostro mientras acariciaba su vientre. Llegó Emilio y en silencio se quedó contemplándola mientras ella miraba por la ventana. Volteó.

- Gracias –sonrió 


Emilio sonrió también. Colocó el trípode en un lugar cerca del ventanal. Regina se deshizo esa trenza larga con la que había comprimido su cabello. Se quitó el suéter, desabrochó su blusa, con un movimiento gracioso se liberó de esas botas para nieve, dejó caer los jeans por sus piernas hasta que quedaron en el suelo. Se encontraba en ropa interior, dejando al descubierto su vientre.

- Regina –sonrió –te resfriarás

- No si así lo creo –se volteó –quiero que lo único que lleve puesto sea el sentimiento, no quiero demasiada ropa ni mantas

- Está bien, seré breve para que no cojas un resfriado –ajustó funciones en la cámara – es… imposible no mirarte, sois hermosa

- No exageres, Emilio –rió sonoramente – ven, que las fotos sean de ambos 


Guiño un ojo. Colocó la cámara en temporizador y en modo ráfaga para que capturara en serie automáticamente. Posaron, movimientos naturales, entre besos y abrazos, palabras de amor…. 

- Quiero que cuando envejezcamos podamos mirar atrás y juntos ver el camino recorrido, deseo hacerte feliz, hacerte sonreír porque cuando sonreís vuestros ojos se iluminan y me habláis con esa mirada resplandeciente, enamorada, tan franca, tan mágica.

Emilio no desperdiciaba ni un segundo, anhelaba que esas palabras, que las sensaciones se tatuaran en la mente y cuerpo delos dos.


Al terminar debido al cansancio de ambos, especialmente el de Regina, se bañaron juntos, disfrutaron de la tina que ahora tenían y en el departamento de estudiantes no.

- ¿Cómo va a llamarse?

- ¿Cómo te gustaría?

- No lo sé… pero –tomó el dije que le obsequió Jimena – si es niña, quisiera que llevara de nombre “Jimena”

- Como la niña que conocisteis en México…

- Así es –sonrió con tristeza

- Jamás me has dicho qué fue lo que te motivó a asistir como colaboradora de ese hospital

- Milo, yo… 


Se frotaba las manos lentamente. 

- Lo único que deseaba era aprender de la vida, convivir con pequeños que la valoraran más que cualquier otro adulto, no me sentía bien en ese entonces necesitaba vincularme con el sentido de toda circunstancia

- Amor, estamos vivos y eso es lo más importante, creceremos juntos, veremos a nuestros hijos; recordaremos esos momentos y a las personas que han estado en nuestro camino porque hemos aprendido de ellos y siempre estarán.

- Te amo

- Y yo a vosotros … ahora una sorpresita más enviada desde México

- ¿Qué cosa?

- Sé que tu deseo es que viajemos a México para que nazca ahí nuestro hijo y así será pero de regreso y después de unos meses de dormir con sus padres, necesitará su habitación

- Pero eso no es problema ahora, Milo, podemos verlo después e ir comprando todo para acondicionarle un espacio

- La sorpresa es que Fabiola y Javier han obsequiado la cuna, vuestros padres un carrito para transportarlo y mi hermana, junto con Eduardo, han decorado y comprado algunos trajecitos

- ¡Wow! –salieron de esa habitación y entraron a la contigua- gracias pero ¡Qué pena! Todos han sido tan generosos conmigo… 

(Reproducir: http://youtu.be/0put0_a--Ng ) 

La habitación del bebé estaba decorada con colores verde en diversas gamas y los muebles eran de madera pintada con un color blanco, un sofá a un costado de la ventana y cercano a la cuna.

Regina abrazó a Emilio. Sonó el móvil de él, salió a atender a la llamada. Ella se sentó en el sofá y se aferró a un barandal de la cuna. El dolor volvía.

- Bebé, seré fuerte por ti, porque vas a vivir, porque sé que dejarás huella en el mundo, no solo en el mío y en el de tu padre, lo harás con cada persona que conozcas.


Con la mano que tenía libre acariciaba su vientre mientras susurraba palabras para que el ser que crecía dentro de ella las escuchara.

- Seré quien guíe tus pasos junto a tu padre, quien te enseñe a luchar por tus ideales, quien seque tus lágrimas cuando algo triste no te permita sonreír o cuando ese llanto sea de alegría celebraré también y si algo llegara a suceder, debes saber que estaré contigo siempre, física o espiritualmente estaré para alentarte, para ayudar a tu papi a que siga recorriendo el camino en busca de sus sueños, de los tuyos pero jamás olvides que te amé, te amo y te amaré… sin importar el espacio o el tiempo en el que yo esté. Siempre lucharé por que sientas mi amor. Gracias Dios por permitirme dar vida a otro ser.



Y así, con una serie de palabras casi imperceptibles, entre promesas y deseos cayó en un profundo sueño, consiguiendo regalarle un poco de paz a su mente, esa paz que necesitaría para cuando las circunstancias lo ameritaran, cuando el dolor físico no pudiera aminorar con una siesta.

Capítulo 25. Opción A.





Los Cabos, San Lucas, Baja California, México


Regina despertó temprano después de pasar toda la noche pensando y soñando con el futuro que tiempo atrás visualizó. Llenó la tina y con cuidado se metió en ella. Se bañó, vistió y soltó su cabello.

- Hoy es el cumpleaños de mamá, pequeñitos, tengo 25 años 


Su celular comenzó a sonar, era un mensaje de Javier: “Hermanita, feliz cumpleaños, en unos minutos estoy contigo”. Sonrió, guardó el celular en un bolso que compró el día anterior. Se miró en el espejo y contempló su cuerpo, había cambiado todo, sentía mucho amor, tanto, que además del suyo dos corazones latían dentro de ella al mismo tiempo, al mismo ritmo.

Un golpe en la puerta la espabiló. Abrió la puerta.

- ¡Javier! ¿Para que me enviaste mensaje si ya no ibas a tardar?

- Hola, hermanita, estoy muy bien ¿y tú? –sonrió – ¡Feliz cumpleaños! Te quiero mucho, Regina –se acercó a su vientre- y a ustedes también niños, ya quiero conocerlos

- Gracias Javi, soy feliz de estar con ustedes 


Lo abrazó. Estaba de espaldas a la puerta abierta. Alguien más se unió a ese abrazo. Volteó.

- No puede ser ¿No tenías que preparar tu tesis?

- ¿Crees que no soy lo suficientemente inteligente y hábil para terminar pronto y venir a ver a mi mejor amiga?

- Fabiola, gracias por venir 


Se abrazaron. Javier cerró la puerta.

- Bueno ¿Qué haremos para festejar?

- No sé, últimamente me canso demasiado, prefiero una comida a orillas de la playa o algo así

- Está bien hermana, Javier ¿me acompañas por la tarjeta de mi habitación, por favor?

- Sí, vamos. Regresamos pronto

- Pero ¿reservaste otra? ¿para qué? ¡quédate conmigo!

- Es que compré el boleto del avión en paquete con la reservación del hotel y por eso, pero pediré una muy cerca de la tuya –sonrió –te quiero 


Salieron de la habitación. Caminaron por el pasillo.

- Javier, debo decirte algo. Para empezar, no fui yo la de la idea ¿recuerdas que iba a venir Bruno?

- Sí, me dijiste por teléfono hace un par de días ¿por qué?

- Ya no vendrá. Resulta que Emilio está aquí, recién se enteró de todo y viajó, nos encontramos y platicamos mucho sobre lo que pasó, después fuimos con Bruno y conversaron… él cree que es Emilio quien debe estar aquí y no él, por eso se lo dio

- No puedo creerlo, que gran tipo es Bruno pero ¿por qué Emilio no la buscó antes?

- No sabía, se enteró recién. Javi, sé que es difícil aceptar que llegue después de todos estos meses pero se aman, ayer noté en su mirada tanto amor que quería llorar al escucharlo

- Lo sé, el amor que se tienen es de esos que salvan, de esos que hacen historia –suspiró -¿Dónde está?

- En mi habitación, iba a bañarse para ir a buscarla y hablar con ella

- Me preocupa Regina, no sé como reaccionará pero de algo estoy seguro… ella es valiente y decidida pero él le hace falta, lo veo en su mirada

- Deben solucionarlo, además fue Regie quien se alejó de él sin decirle algo, llegó el momento de que luche por su vida, por sus pequeños y por el amor


Siguieron conversando. Regina recibió la visita de sus papás en la habitación y todos fueron al restaurante a desayunar. Emilio no se apareció. Salieron a caminar, recorrieron el malecón.

- Ya me cansé, recuerden con son dos y de casi 8 meses

- Tienes razón, Regie, descansemos y regresamos después al hotel porque en la noche vamos a ir al arco de Cabo San Lucas

- Me encantaba de pequeña pero estoy muy cansada –sonrió 


Sonó su celular. Contestó, era Bruno. Se alejó para hablar.

Llamada telefónica.

- Hola, Bruno

- Hola hermosa ¡Feliz cumpleaños! Me gustaría estar contigo pero no puedo, espero que sea un día mágico y que seas valiente y luches por tu futuro

- Gracias Bruno –dijo tartamudeando – no sé porque me dices eso

- Porque ha sido mucho tiempo el que has estado así, con recuerdos, con sueños que crees frustrados. Te amo, no lo olvides y nos vemos cuando regreses


Colgó.

- ¿Qué pasó? ¿Quién era?

- Bruno, su llamada fue extraña. Fabi, quiero caminar un momento

- Te acompaño

- Sola… no te enojes pero necesito un poco de soledad y aire fresco, regreso en un par de horas

- Está bien pero llevas el teléfono por cualquier eventualidad –la abrazó –nos vemos en un rato, les avisaré a tus papás y a Javi

- Gracias, te amo hermana 



Fabiola se alejó y Regina se acercó a donde el mar llegaba para sentir esa mezcla de agua y arena bajo sus pies. Respiró profundamente, una y otra vez. Miraba hacia el horizonte.

- ¿Cómo estarás, Emilio? Te extraño tanto… creo que todo esto sería más fácil contigo, a vece sueño que acaricias mi vientre, que me besas por las mañanas y juntos planeamos cómo decoraremos la habitación de nuestros pequeños pero no estás y tuve la culpa, por no decirte, por no querer que estuvieras cuando tuviera que irme 


Comenzó a llorar. Se sentó a la orilla del mar, besó el dije que le dio Menita antes de morir.

- Tengo tanto miedo de morir y no conocerlos, quiero verlos crecer, enamorarse, sus logros académicos, estar ahí cuando tropiecen y tal vez no podré 


Su respiración entrecortada debido a los suspiros por el llanto comenzó a ser más pausada.  Cuando había logrado tranquilizarse decidió pararse y seguir caminando. Le costó trabajo pero se levantó y caminó. A lo lejos vio que la poca gente que había en la playa se acercaba a ver algo en la arena. Se apresuró, la curiosidad la impulsó a llegar rápido. Leyó.

- “Come what may, I’ll love you until my dying day (Pase lo que pase, te amaré hasta el día de mi muerte)” 


La gente se alejó. Regina se quedó contemplando la frase y suspiró. Deseaba que fuera para ella.

- Te amaré siempre, pase lo que pase


Regina, sin voltear, comenzó a llorar al escuchar esa voz. No quería dar un paso más por miedo a que el sueño terminara, con temor de no escuchar más esa voz.

- “I want to vanish inside your kiss (Quiero desaparecer dentro de tu beso)”


Sonrió y cerró los ojos. Sintió la respiración de alguien en su nuca. Tomó su mano, se estremeció con el contacto. No había duda, solo alguien podía provocar eso en ella.

- Perdóname Regina 


Regina volteó, seguía con los ojos cerrados.

- No quiero que al abrir los ojos desaparezcas

- Estoy aquí, no me iré 


Abrió los ojos. Lo miró sin decir una sola palabra. Tocó su cara, deslizó una mano hasta su pecho, quería sentir el latido de su corazón, el calor de su piel.

- Emilio


Comenzó a llorar.

- Pensé que no volvería a verte, perdón, no quise desaparecer así

- Te amo, Regina, te amo, estoy aquí y estaré siempre, gracias por estar en mi vida, por devolverme la fe, por ayudarme a volver a amar, gracias por… 


Se hincó. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Colocó las manos en su vientre.

- Gracias por convertirme en padre 


Regina lo tomó de las manos, le pidió que se levantara.

- Emilio, perdón, no quería que sufrieras

- Eso no importa, soy un gilipollas por no buscarte antes, perdóname a mí, me he perdido de tanto

- Emilio… voy a morir

- No, Regina, no digáis eso, juntos vamos a luchar, es solo una prueba, lo sé, permitidme estar con vosotros, permitid que siga siendo parte de vuestra vida

- Lo eres desde hace tiempo, nos pertenecemos

- Te he echado de menos

- Abrázame, no me sueltes, no te alejes 


Emilio la abrazó. Ella sentía protección entre sus brazos.

- Sé que hice cosas mal, cometí muchos errores pero tu amor me ayuda a querer más del futuro, desafiar el destino, a ser mejor persona, no quiero que pienses que soy una persona obsesiva es solo que ya eres parte de mi vida

- Perdonadme, prometo pelear contra lo que sea por cuidarte, por elegirte, porque me cuides y me elijas porque eres parte de mí, siempre lo fuiste, sois la mujer de mi vida

- Te amo, Regina, no me cansaré de decirlo

- Hasta mi final y aun así, seguiré amándote, lo prometo

- Hasta siempre, porque no hay final cuando se ama 


Emilio besó con ternura a Regina. Ambos esperaban ese momento, tanto como la primera vez en aquel viaje escolar, querían que perdurara, que no terminara. Con una mano la sostenía de la cintura y con la otra tocaba el vientre crecido que separaba sus cuerpos pero unía sus almas.

- No quiero morir, Emilio, no quiero dejar a nuestros pequeños, no quiero dejarte

- No pasará eso Regina, intentaremos con la cirugía, seguirás las indicaciones para que todo resulte bien y no haya complicación en la operación… Espera ¿qué has dicho? ¿nuestros pequeños? ¿nuestros hijos? ¿son más de uno?


Regina asintió sonriendo.

- Son dos, por eso el tamaño enorme del vientre pero soy feliz, creo que el amor aumenta con cada día que pasa

- ¡Dos! Madre mía ¡son dos! Gracias, amor –la besó –gracias hijos, ansío conocerlos, cuidarlos, que sus manitas aprieten la mía, gracias por tanta felicidad, no has hecho más que regalarme vida desde que te conocí


Comenzó a sonar el celular, eran mensaje de texto de su mamá y Fabiola.

- Creo que es momento de regresar al hotel, oye ¿cómo es que estás aquí? ¿quién te dijo?

- En cuánto me enteré de todo, viajé a México. Fabiola me dijo que estabais aquí, debo decir que le agradezco a Bruno

- ¿A Bruno? ¿Qué tiene que ver él en esto?

- Él… lo conocí, hablamos, me dijo que te… demasiadas cosas y me ha obsequiado el ticket que ocuparía para venir y es por eso que estoy aquí hoy

- ¿En serio hizo eso? Pero él…

- Él te ama y por eso lo hizo, es un tipazo, debo admitirlo, además él ha cuidado de vosotros

- Sí, él está al pendiente de mi tratamiento y del embarazo pero gracias a Dios te tengo a ti conmigo otra vez, no te vayas

- No lo haré, tampoco lo hagáis que no soportaría estar otro día más sin ti, sin vosotros. Perdonadme.

- Emilio, fui yo quien se fue hace meses, la que no tuvo el valor de decirte la verdad

- Y yo no acudí en tu búsqueda

- Todo está bien, lo prometo

- Te amo, hasta siempre

Se abrazaron. Caminaron hacia el hotel donde se encontrarían con su familia. Llegaron, Emilio habló con ellos, ofreció disculpas y prometió, una vez más y ante ellos, cuidar siempre de Regina y de sus pequeños hijos. Al caer la noche, fueron al arco de El Cabo, San Lucas en donde, al bajar de la embarcación que los llevó, escucharon aquel mito de que ahí es donde la tierra termina y comienza la eternidad, cuentan que las almas de aquellas parejas que se juren amor para siempre en ese lugar se fundirán en una sola y cualquier barrera de tiempo, espacio, carnal y de pensamiento será derribada para seguir, pero ellos son mortales ¿cómo podría su amor salvar sus vidas?