(Reproducir: http://youtu.be/FHzqcQ8r3_s)
Regina regresó a México junto con Fabiola, quien
había ido por ella a Barcelona. Emilio trató de localizarla pero ella no
contestó, la decisión de seguir ese camino a parte había sido tomada y la cumpliría.
Ella habló con su familia, explicó sus motivos y
aunque no estaban de acuerdo con su decisión, le externaron su apoyo
incondicional, como siempre. Pasaron los
días, Regina comenzó a comprar cosas que le harían falta cuando naciera su
bebé.
Un día, después de ir a comprar material para un
proyecto que tenía en mente, pasó al hospital donde trabaja Bruno, llegó hasta
su consultorio.
-
Señor, lo busca una señorita ¿le digo que
pase?
-
No, Hilda, por favor, ahora mismo iba a
comer, tendré guardia en la noche y…
-
¿Ni siquiera a mí, Doctor Rentería?
-
¡Regina! Lo siento, Hilda, me hubieras dicho
que era ella, no necesita esperar
Sonrió dulcemente.
-
Muchas gracias, Hilda ¡qué guapa!
-
Gracias señorita, usted siempre tan linda y
más ahora con ese regalo de Dios. Me retiro ¿necesitan algo?
-
No, Hilda, saldremos a comer, gracias
Hilda, la asistente de Bruno salió del consultorio.
Regina lo abrazó.
-
Señor doctor, tan elegante y serio –frunció
el ceño
-
Y usted señorita tan hermosa como siempre
¿Cómo estás? ¿Cómo está el bebé? ¿Es
niña o niño?
-
Demasiadas preguntas me abruman, aún no sé el
sexo, no quise saberlo la última vez que me vio el ginecólogo
-
¿Por qué? –rió – ¿Quieres sorprenderte?
-
¿Sabes? Siempre sí, en la próxima consulta
pediré al doctor que me diga pero bueno te dejo porque escuché que tienes
guardia en la noche
-
No, no te vayas, mejor acompáñame a comer ¿te
apetece comer en el restaurante italiano que está cerca de aquí?
-
Me encantaría, vamos entonces
Salieron del hospital y caminaron un par de calles
para llegar al restaurante. Entraron, se sentaron y ordenaron lo que comerían.
-
Y bueno ¿Por qué regresaste de Madrid?
-
Complicaciones… me di cuenta que no quería
que él fuera parte de mi enfermedad
-
Regina, pero debe saberlo
-
No, no Bruno
-
¿Cómo le dijiste que estás embarazada? ¿Lo
viste?
-
No, no lo vi y no le dije… es lo mejor,
Bruno, por favor no me juzgues
-
No lo haré, no soy quién pero necesitas
ponerle al tanto de lo que pasa
-
Luego hablamos de eso ¿sí?
-
Terca
-
Gruñón –sonrió
-
¿Cómo te has sentido?
-
Me preguntas como si hubieran pasado años
desde que me fui… gracias, estoy bien,
con jaqueca sobre todo en las noches pero han cesado las náuseas y mareos y
¿qué crees?
Bruno la miraba atentamente.
-
Ya se mueve, cuando le canto, cuando le hablo
siento pataditas y duele, duele mucho pero lo disfruto, amo saber que está
creciendo y podré ver su cara, acariciar sus bracitos, no te imaginas qué
felicidad siento
-
Lo noto, estás radiante, siempre supe que
serías una gran madre
-
No es cierto, no mientas
-
¡Claro que lo sabía! No es mentira, siempre
pensé que…
-
¿Qué?
-
Pensé que serías la madre de mis hijos y que
formaríamos una familia
-
Pero todo cambió Bruno y agradezco que estés
conmigo desde entonces, a pesar de las riñas y la distancia en cierto modo
siempre estabas presente y ahora sigues aquí pero no te amo
-
Lo sé y lamento mucho haberte lastimado, fui
un idiota al no luchar por ti, al no tratar de conquistarte de nuevo
Regina acarició la mejilla de Bruno, lo miraba, él
cerró los ojos y colocó su mano sobre la de ella.
-
Aquí estaré para ti, por siempre
Comieron y regresaron al hospital. Bruno la cuidaba
y protegía, quería verla feliz.
Fabiola llegó al hospital para que juntas fueran
con el ginecólogo.
-
Estoy nerviosa
-
Regie, solo vas a saber el sexo del bebé,
tranquila
-
Pues por eso, no sé qué nombre voy a ponerle
si es niño
-
O sea que el de la niña…
-
Sí, ya lo tengo –interrumpió su oración
El doctor hizo las preguntas de rutina, además del
chequeo de sus signos vitales, la pesó, midió y le realizó el ultrasonido.
-
Engordé más kilos que en los meses anteriores
-
No exageres
-
De hecho –dijo el doctor –si hay un
considerable aumento en el peso
-
No importa, eso quiere decir que tendré un
hijo sano y grande… ¡Doctor!
-
Sí, dime
-
Quiero saberlo… quiero saber si es niño o
niña, por favor
-
Está bien, eso es bueno… mira, ahí en la
pantalla podemos ver … a ver, un momento
-
¿Qué pasa, doctor?
-
Veo algo extraño
-
No me preocupe doctor ¿está bien? ¿vive?
-
Tranquila, permíteme un momento por favor
El doctor llamó a otro que enseguida llegó, vieron
el ultrasonido y en privado comentaron lo que sucedía. Regresó, Regina estaba
alarmada.
-
Doctor ¿qué sucede? Por favor dígame
-
Regina, disculpa la interrupción pero vi algo
que no podía verse anteriormente
-
¿Estará bien mi bebé?
-
Sí, estarán bien
-
Ay, gracias… si, si él no está bien yo
tampoco así que sí, estaremos bien
-
No, Regina, con “estarán” me refiero a que
hemos visto en esta sesión del ultrasonido dos bolsas, lo que significa que el
aumento de peso corresponde a los dos fetos que estás creciendo justo aquí
–señaló su vientre
-
¡¿Qué?! ¿gemelos? ¿en serio? ¿por qué no me
lo dijo antes?
-
Muchas veces una bolsa tapa la otra y esto
impide que se distinga el sexo y en este caso, si son 2 o más
-
Fabiola ¡serán 2! –comenzó a gritar –pero estoy
muy bajita de estatura ¿dos son mucho?
-
No, bueno, puedes tener molestias más seguido
y quizá con mayor intensidad pero tu cuerpo se adapta, tiene esa naturaleza
para que ambos fetos puedan colocarse en posición para salir
-
Fetos… bebés, doctor, bebés –sonreía entre
lágrimas
-
Por eso, ahora no sabremos con exactitud el
sexo
-
No importa –se paró deprisa –Gracias, Doctor,
soy muy feliz y ellos también –tocó su vientre – ¿Verdad? –sonrió –dicen que sí
Fabiola y el Doctor rieron.
Le dio indicaciones para controlar el peso, evitar el rompimiento de piel, la
retención de líquidos y una dieta balanceada. Se fueron a casa. Dio la noticia a su familia.
-
¡Increíble! Si uno de ellos es niño, debes
llamarlo Javier
-
¡No lo haré! Cuando tengas tus hijos, los
bautizas con el nombre que desees –rieron
-
Hija ¿no le dirás a Emilio?
-
No tiene caso, ya hablamos de esto, por
favor, no quiero estar caminando en círculos y llegando siempre al mismo tema
-
Entiendo pero él…
-
Mujer, tiempo al tiempo –dijo el papá de Regina
–¿Qué te parece si vamos a la playa?
-
Me encantaría, pa’, pero prácticamente mis
ahorros los gasté en la ropita para el bebé y los adornos y ahora, al saber que
serán dos mis niños menos tendré para…
-
Hija, es una invitación, a todos nos vendrá
bien pasar un tiempo juntos y lejos de esto
-
Muchas gracias papá –lo abrazó
Regina se sentía protegida, feliz pero una parte de
ella se había quedado en Madrid y aunque aparentaba ser fuerte y que nada la
turbaba, quería salir corriendo a gritarle a Emilio todo su enojo y después besarlo
como nunca antes lo hizo.
Emilio, en Madrid, no dejaba de pensar en Regina pero su orgullo más fuerte y el respeto
a su decisión de irse provocaban que permaneciera tranquilo, debilitando las
ganas de querer ir por ella a dónde quiera que se encontrara.
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