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"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Capítulo 23. Opción A.



Regina regresó a México junto con Fabiola, quien había ido por ella a Barcelona. Emilio trató de localizarla pero ella no contestó, la decisión de seguir ese camino a parte había sido  tomada y la cumpliría.

Ella habló con su familia, explicó sus motivos y aunque no estaban de acuerdo con su decisión, le externaron su apoyo incondicional, como siempre.  Pasaron los días, Regina comenzó a comprar cosas que le harían falta cuando naciera su bebé.

Un día, después de ir a comprar material para un proyecto que tenía en mente, pasó al hospital donde trabaja Bruno, llegó hasta su consultorio.

-        Señor, lo busca una señorita ¿le digo que pase?

-        No, Hilda, por favor, ahora mismo iba a comer, tendré guardia en la noche y…

-        ¿Ni siquiera a mí, Doctor Rentería?

-        ¡Regina! Lo siento, Hilda, me hubieras dicho que era ella, no necesita esperar

Sonrió dulcemente.

-        Muchas gracias, Hilda ¡qué guapa!

-        Gracias señorita, usted siempre tan linda y más ahora con ese regalo de Dios. Me retiro ¿necesitan algo?

-        No, Hilda, saldremos a comer, gracias

Hilda, la asistente de Bruno salió del consultorio. Regina lo abrazó.

-        Señor doctor, tan elegante y serio –frunció el ceño

-        Y usted señorita tan hermosa como siempre ¿Cómo estás?  ¿Cómo está el bebé? ¿Es niña o niño?

-        Demasiadas preguntas me abruman, aún no sé el sexo, no quise saberlo la última vez que me vio el ginecólogo

-        ¿Por qué? –rió – ¿Quieres sorprenderte?

-        ¿Sabes? Siempre sí, en la próxima consulta pediré al doctor que me diga pero bueno te dejo porque escuché que tienes guardia en la noche

-        No, no te vayas, mejor acompáñame a comer ¿te apetece comer en el restaurante italiano que está cerca de aquí?

-        Me encantaría, vamos entonces

Salieron del hospital y caminaron un par de calles para llegar al restaurante. Entraron, se sentaron y ordenaron lo que comerían.

-        Y bueno ¿Por qué regresaste de Madrid?

-        Complicaciones… me di cuenta que no quería que él fuera parte de mi enfermedad

-        Regina, pero debe saberlo

-        No, no Bruno

-        ¿Cómo le dijiste que estás embarazada? ¿Lo viste?

-        No, no lo vi y no le dije… es lo mejor, Bruno, por favor no me juzgues

-        No lo haré, no soy quién pero necesitas ponerle al tanto de lo que pasa

-        Luego hablamos de eso ¿sí?

-        Terca

-        Gruñón –sonrió

-        ¿Cómo te has sentido?

-        Me preguntas como si hubieran pasado años desde que me fui…  gracias, estoy bien, con jaqueca sobre todo en las noches pero han cesado las náuseas y mareos y ¿qué crees?

Bruno la miraba atentamente.

-        Ya se mueve, cuando le canto, cuando le hablo siento pataditas y duele, duele mucho pero lo disfruto, amo saber que está creciendo y podré ver su cara, acariciar sus bracitos, no te imaginas qué felicidad siento

-        Lo noto, estás radiante, siempre supe que serías una gran madre

-        No es cierto, no mientas

-        ¡Claro que lo sabía! No es mentira, siempre pensé que…

-        ¿Qué?

-        Pensé que serías la madre de mis hijos y que formaríamos una familia

-        Pero todo cambió Bruno y agradezco que estés conmigo desde entonces, a pesar de las riñas y la distancia en cierto modo siempre estabas presente y ahora sigues aquí pero no te amo

-        Lo sé y lamento mucho haberte lastimado, fui un idiota al no luchar por ti, al no tratar de conquistarte de nuevo

Regina acarició la mejilla de Bruno, lo miraba, él cerró los ojos y colocó su mano sobre la de ella.

-        Aquí estaré para ti, por siempre

Comieron y regresaron al hospital. Bruno la cuidaba y protegía, quería verla feliz.

Fabiola llegó al hospital para que juntas fueran con el ginecólogo.

-        Estoy nerviosa

-        Regie, solo vas a saber el sexo del bebé, tranquila

-        Pues por eso, no sé qué nombre voy a ponerle si es niño

-        O sea que el de la niña…

-        Sí, ya lo tengo –interrumpió su oración

El doctor hizo las preguntas de rutina, además del chequeo de sus signos vitales, la pesó, midió y le realizó el ultrasonido.

-        Engordé más kilos que en los meses anteriores

-        No exageres

-        De hecho –dijo el doctor –si hay un considerable aumento en el peso

-        No importa, eso quiere decir que tendré un hijo sano y grande… ¡Doctor!

-        Sí, dime

-        Quiero saberlo… quiero saber si es niño o niña, por favor

-        Está bien, eso es bueno… mira, ahí en la pantalla podemos ver … a ver, un momento

-        ¿Qué pasa, doctor?

-        Veo algo extraño

-        No me preocupe doctor ¿está bien? ¿vive?

-        Tranquila, permíteme un momento por favor

El doctor llamó a otro que enseguida llegó, vieron el ultrasonido y en privado comentaron lo que sucedía. Regresó, Regina estaba alarmada.

-        Doctor ¿qué sucede? Por favor dígame

-        Regina, disculpa la interrupción pero vi algo que no podía verse anteriormente

-        ¿Estará bien mi bebé?

-        Sí, estarán bien

-        Ay, gracias… si, si él no está bien yo tampoco así que sí, estaremos bien

-        No, Regina, con “estarán” me refiero a que hemos visto en esta sesión del ultrasonido dos bolsas, lo que significa que el aumento de peso corresponde a los dos fetos que estás creciendo justo aquí –señaló su vientre

-        ¡¿Qué?! ¿gemelos? ¿en serio? ¿por qué no me lo dijo antes?

-        Muchas veces una bolsa tapa la otra y esto impide que se distinga el sexo y en este caso, si son 2 o más

-        Fabiola ¡serán 2! –comenzó a gritar –pero estoy muy bajita de estatura ¿dos son mucho?

-        No, bueno, puedes tener molestias más seguido y quizá con mayor intensidad pero tu cuerpo se adapta, tiene esa naturaleza para que ambos fetos puedan colocarse en posición para salir

-        Fetos… bebés, doctor, bebés –sonreía entre lágrimas

-        Por eso, ahora no sabremos con exactitud el sexo

-        No importa –se paró deprisa –Gracias, Doctor, soy muy feliz y ellos también –tocó su vientre – ¿Verdad? –sonrió –dicen que sí

Fabiola y el Doctor rieron. Le dio indicaciones para controlar el peso, evitar el rompimiento de piel, la retención de líquidos y una dieta balanceada. Se fueron  a casa. Dio la noticia a su familia.

-        ¡Increíble! Si uno de ellos es niño, debes llamarlo Javier

-        ¡No lo haré! Cuando tengas tus hijos, los bautizas con el nombre que desees –rieron

-        Hija ¿no le dirás a Emilio?

-        No tiene caso, ya hablamos de esto, por favor, no quiero estar caminando en círculos y llegando siempre al mismo tema

-        Entiendo pero él…

-        Mujer, tiempo al tiempo –dijo el papá de Regina –¿Qué te parece si vamos a la playa?

-        Me encantaría, pa’, pero prácticamente mis ahorros los gasté en la ropita para el bebé y los adornos y ahora, al saber que serán dos mis niños menos tendré para…

-        Hija, es una invitación, a todos nos vendrá bien pasar un tiempo juntos y lejos de esto

-        Muchas gracias papá –lo abrazó

Regina se sentía protegida, feliz pero una parte de ella se había quedado en Madrid y aunque aparentaba ser fuerte y que nada la turbaba, quería salir corriendo a gritarle a Emilio todo su enojo y después besarlo como nunca antes lo hizo.

Emilio, en Madrid, no dejaba de pensar  en Regina pero su orgullo más fuerte y el respeto a su decisión de irse provocaban que permaneciera tranquilo, debilitando las ganas de querer ir por ella a dónde quiera que se encontrara.

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