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"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

domingo, 9 de octubre de 2011

Capítulo 19.


Pasaron las semanas, Regina no contestaba las llamadas de Emilio. Había comenzado con análisis clínicos para que Bruno viera el estado de su salud y proponer alternativas.

Sus padres, hermano y Fabiola ya lo sabían, Bruno ya había hablado con ellos. Estaban tristes, preocupados pero optimistas ante las palabras de Bruno que auguraba operaciones con riesgo pero exitosas.

En el hospital donde trabajaba Bruno había un área de niños con enfermedades terminales en la que mucha gente colaboraba financiera o moralmente.

Regina iba a convivir con los niños, les cantaba, contaba cuentos o jugaban. Notaba como los niños se aferraban a la vida y disfrutaban como si el mañana en verdad no importara, y a´si era…



-        Jimena, por favor, dale los lápices a Pablito.

-        Miss, dime Menita, ¿sí?

-        Sí, Menita, no soy tu maestra, no me digas miss, dime Regie o Regina. Comparte los lápices con los demás.

Jimena era una niña de 6 años que tenía una enfermedad un poco avanzada. Estaba en tratamiento para controlar los dolores y alar un poco más el periodo de vida, en lo que encontraban un donador que se la salvara. Desde el día en que Regina pisó ese lugar, hubo una conexión extraña. De cierto modo esa pequeña niña le recordaba su infancia y cómo solía ser.

Bruno entró al salón.

-        Hola Regie, disculpa, ¿puedes venir un momento?

-        ¿Todo bien? –vio un sobre en sus manos -¿Pasa algo?

-        Salieron rumbo a su consultorio. Entraron.

-        ¿Qué pasa ¡Me asustas! Si no hay cura, ¡dímelo ya!

-        No es eso, de hecho hay una operación, tiene su riesgo como toda cirugía en la cabeza pero tendrías que operarte en cuánto antes.

-        Sí, ya sé, por aquello de que es progresivo lo que tengo…

-        Regina debes operarte ya porque en los análisis de sangre que recién te hiciste resultó que… tienes 2 meses de embarazo.

Regina se mareó, Bruno la sostuvo y le ayudó a sentarse.

-        ¿Qué? No, no, no puede ser, la última vez… nos protegimos y, no puede ser, yo estaba tomando las pastillas.

-        Probablemente algo no resultó pero es cierto, Regie, estás embarazada.

-        Debe haber un error, no es cierto.

-        Para mí no fue fácil saber esto pero te lo digo porque debe adelantarse la operación para que el producto no sufra daños después.

-        No… Bruno… ¿qué haré? ¿Y si no resulta bien la operación, qué pasará con el bebé?

-        Es necesario que se lo digas a él...

-        ¿Cuándo es la operación?

-        Si accedes y hacen los trámites y demás chequeos, estaríamos hablando de un mes aproximadamente si no es que dos semanas.

-        Bruno, hablamos en un rato ¿sí? Debo regresar con los niños.

-        Está bien, nos vemos en un par de horas.

Bruno metió sus manos a los bolsillos tratando de frenar esas ganas de abrazarla. Regina salió consternada. Regresó con los niños, estaban comiendo así que se sentó en el piso y tomó un carrito de juguete y comenzó a rodarlo encima de su vientre plano.

-        No entiendo, se supone esto no debía pasar.

Comenzó a llorar. Jimena la vio y se acercó a ella para abrazarla.

-        Miss, no llores, te ves fea.

-        Jimenita, es que estoy resfriada. Creo que me iré a casa a dormir. Regresa a comer ¿sí? Mañana jugamos.

-        Pero no estés triste, miss, que el mundo vea que eres de colores y no en blanco y negro.

Regina sonrió luego de escuchar ese comentario. La abrazó, se despidió de los demás niños y se fue a casa.


Caminó tranquilamente y absorta en sus pensamientos, en las decisiones que debía tomar apresuradamente. Llegó a casa, su hermano la abrazó efusivamente. Notó la cara desencajada de Regina.

-        ¿Pasa algo?

-        ¿Están mis papás?

-        Sí están ¿te sientes bien?

-        Sí, algo confundida. Necesito hablar con ellos –suspiró -¿Me acompañas? –Javier asintió.

Al llegar con sus papás suspiró y los abrazó.

-        Quiero decirles algo que quizá no sea lo que quieren escuchar. No sé qué pensar…

-        ¿Pasa algo mi niña?

-        Sí papá, pasa que… estoy embarazada

-        ¿Qué? ¿Hace cuánto que lo estás? ¿Lo sabías?

-        Me enteré hoy y bueno, eso quiere decir que tendré que adelantar la operación y… no sé qué va a suceder, tengo miedo. Sé que nada de esto estaba en sus planes como mis padres pero no sé qué hacer.

Comenzó a llorar, sus padres la abrazaron. Javier miraba la escena sin saber qué decir.

-        Mi niña, no es lo que hubiéramos querido para ti, estás muy joven aún y tienes mucho por vivir, pero creo que es un regalo de Dios y una esperanza para la vida, para tu vida.

-        No sé mamá, no quiero que algo malo vaya a suceder y… creo que lo mejor será no… no seguir con esto.

-        ¿Qué dices? Regina, siempre has estado en contra de eso, amas la vida, entonces ¿por qué quitársela a un ser indefenso?

-        Javier no me entiendes ¿si muero? No quiero, no…

-        No vas a morir Regina, juntos estamos en esto, mis papás y yo te apoyamos y estamos contrariados aún pero esta noticia hace que la esperanza crezca. Estoy seguro que será una mini tú.

-        Hija, cuentas con nosotros. Siempre serás nuestra niñita. No es el momento adecuado pero creo que los milagros se presentan de esta manera.

Milagro, era eso.

Regina siguió hablando con sus padres, le avisó a Fabiola quien se emocionó con la noticia de la próxima llegada de una “sobrina”, le recomendó que se lo dijera a Emilio.



Madrid, España.

Emilio seguía pensando en mil hipótesis tratando de aferrarse a una que le explicara el porqué de esa negación de Regina. La extrañaba, pensaba que en cualquier momento ella aparecería sonriendo como siempre y le diría que lo ama, que lo extrañó, pero no sucedía y el tiempo seguía pasando.

-         Quiero que volváis, pero quizás con el regreso  te distéis  cuenta que no queríais compromisos o… no sé, te extraño.

Caminaba en la Puerta del Sol,  sosteniendo el reloj que aquella mujer les dio cuando estuvieron en Barcelona. Faltaba poco para la media noche pero él necesitaba caminar y respirar fuera del lugar que compartía con Regina.

-        El reloj me advierte que el tiempo no se detendrá jamás y sufro porque me doy cuenta que somos tiempo, que no somos más que minutos, segundos que llegan y se van y después aparecen otros segundos, otros momentos. Te amo, te extraño.






Se guardó el reloj y regreso a dormir para volver a la rutina por la mañana, esperando que esta vez, si contestase la llamada, que esta vez si apareciera feliz como siempre a contarle sobre cualquier cosa o cantar mientras él miraba… Quizás esta vez dejaría de tocar la fotografía, dejaría de sentir el recuerdo de  Regina.

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