(Reproducir: http://www.youtube.com/watch?v=y1d6rRe6LD0)
Pasaron las semanas, Regina no contestaba
las llamadas de Emilio. Había comenzado con análisis clínicos para que Bruno
viera el estado de su salud y proponer alternativas.
Sus padres, hermano y Fabiola ya lo
sabían, Bruno ya había hablado con ellos. Estaban tristes, preocupados pero
optimistas ante las palabras de Bruno que auguraba operaciones con riesgo pero
exitosas.
En el hospital donde trabajaba Bruno había
un área de niños con enfermedades terminales en la que mucha gente colaboraba
financiera o moralmente.
Regina iba a convivir con los niños, les
cantaba, contaba cuentos o jugaban. Notaba como los niños se aferraban a la
vida y disfrutaban como si el mañana en verdad no importara, y a´si era…
-
Jimena, por favor,
dale los lápices a Pablito.
-
Miss, dime Menita,
¿sí?
-
Sí, Menita, no soy tu
maestra, no me digas miss, dime Regie o Regina. Comparte los lápices con los
demás.
Jimena era una niña de 6 años que tenía
una enfermedad un poco avanzada. Estaba en tratamiento para controlar los
dolores y alar un poco más el periodo de vida, en lo que encontraban un donador
que se la salvara. Desde el día en que Regina pisó ese lugar, hubo una conexión
extraña. De cierto modo esa pequeña niña le recordaba su infancia y cómo solía
ser.
Bruno entró al salón.
-
Hola Regie, disculpa,
¿puedes venir un momento?
-
¿Todo bien? –vio un
sobre en sus manos -¿Pasa algo?
-
Salieron rumbo a su
consultorio. Entraron.
-
¿Qué pasa ¡Me asustas!
Si no hay cura, ¡dímelo ya!
-
No es eso, de hecho
hay una operación, tiene su riesgo como toda cirugía en la cabeza pero tendrías
que operarte en cuánto antes.
-
Sí, ya sé, por aquello
de que es progresivo lo que tengo…
-
Regina debes operarte
ya porque en los análisis de sangre que recién te hiciste resultó que… tienes 2
meses de embarazo.
Regina se mareó, Bruno la sostuvo y le
ayudó a sentarse.
-
¿Qué? No, no, no puede
ser, la última vez… nos protegimos y, no puede ser, yo estaba tomando las
pastillas.
-
Probablemente algo no
resultó pero es cierto, Regie, estás embarazada.
-
Debe haber un error,
no es cierto.
-
Para mí no fue fácil
saber esto pero te lo digo porque debe adelantarse la operación para que el
producto no sufra daños después.
-
No… Bruno… ¿qué haré?
¿Y si no resulta bien la operación, qué pasará con el bebé?
-
Es necesario que se lo
digas a él...
-
¿Cuándo es la
operación?
-
Si accedes y hacen los
trámites y demás chequeos, estaríamos hablando de un mes aproximadamente si no
es que dos semanas.
-
Bruno, hablamos en un
rato ¿sí? Debo regresar con los niños.
-
Está bien, nos vemos
en un par de horas.
Bruno metió sus manos a los bolsillos
tratando de frenar esas ganas de abrazarla. Regina salió consternada. Regresó
con los niños, estaban comiendo así que se sentó en el piso y tomó un carrito
de juguete y comenzó a rodarlo encima de su vientre plano.
-
No entiendo, se supone
esto no debía pasar.
Comenzó a llorar. Jimena la vio y se
acercó a ella para abrazarla.
-
Miss, no llores, te
ves fea.
-
Jimenita, es que estoy
resfriada. Creo que me iré a casa a dormir. Regresa a comer ¿sí? Mañana
jugamos.
-
Pero no estés triste,
miss, que el mundo vea que eres de colores y no en blanco y negro.
Regina sonrió luego de escuchar ese
comentario. La abrazó, se despidió de los demás niños y se fue a casa.
(Reproducir: http://www.youtube.com/watch?v=S7mZ5Y6OuH0)
Caminó tranquilamente y absorta en sus
pensamientos, en las decisiones que debía tomar apresuradamente. Llegó a casa,
su hermano la abrazó efusivamente. Notó la cara desencajada de Regina.
-
¿Pasa algo?
-
¿Están mis papás?
-
Sí están ¿te sientes
bien?
-
Sí, algo confundida.
Necesito hablar con ellos –suspiró -¿Me acompañas? –Javier asintió.
Al llegar con sus papás suspiró y los
abrazó.
-
Quiero decirles algo
que quizá no sea lo que quieren escuchar. No sé qué pensar…
-
¿Pasa algo mi niña?
-
Sí papá, pasa que…
estoy embarazada
-
¿Qué? ¿Hace cuánto que
lo estás? ¿Lo sabías?
-
Me enteré hoy y bueno,
eso quiere decir que tendré que adelantar la operación y… no sé qué va a
suceder, tengo miedo. Sé que nada de esto estaba en sus planes como mis padres
pero no sé qué hacer.
Comenzó a
llorar, sus padres la abrazaron. Javier miraba la escena sin saber qué decir.
-
Mi niña, no es lo que
hubiéramos querido para ti, estás muy joven aún y tienes mucho por vivir, pero
creo que es un regalo de Dios y una esperanza para la vida, para tu vida.
-
No sé mamá, no quiero
que algo malo vaya a suceder y… creo que lo mejor será no… no seguir con esto.
-
¿Qué dices? Regina,
siempre has estado en contra de eso, amas la vida, entonces ¿por qué quitársela
a un ser indefenso?
-
Javier no me entiendes
¿si muero? No quiero, no…
-
No vas a morir Regina,
juntos estamos en esto, mis papás y yo te apoyamos y estamos contrariados aún
pero esta noticia hace que la esperanza crezca. Estoy seguro que será una mini
tú.
-
Hija, cuentas con
nosotros. Siempre serás nuestra niñita. No es el momento adecuado pero creo que
los milagros se presentan de esta manera.
Milagro, era eso.
Regina siguió hablando con sus padres, le
avisó a Fabiola quien se emocionó con la noticia de la próxima llegada de una “sobrina”,
le recomendó que se lo dijera a Emilio.
Madrid, España.
Emilio seguía pensando en mil hipótesis
tratando de aferrarse a una que le explicara el porqué de esa negación de
Regina. La extrañaba, pensaba que en cualquier momento ella aparecería
sonriendo como siempre y le diría que lo ama, que lo extrañó, pero no sucedía y
el tiempo seguía pasando.
-
Quiero que volváis, pero quizás con el regreso
te distéis cuenta que no queríais compromisos o… no sé,
te extraño.
Caminaba en la Puerta
del Sol, sosteniendo el reloj que
aquella mujer les dio cuando estuvieron en Barcelona. Faltaba poco para la
media noche pero él necesitaba caminar y respirar fuera del lugar que compartía
con Regina.
-
El reloj
me advierte que el tiempo no se detendrá jamás y sufro porque me doy cuenta que
somos tiempo, que no somos más que minutos, segundos que llegan y se van y después
aparecen otros segundos, otros momentos. Te amo, te extraño.
Se guardó el reloj y
regreso a dormir para volver a la rutina por la mañana, esperando que esta vez,
si contestase la llamada, que esta vez si apareciera feliz como siempre a
contarle sobre cualquier cosa o cantar mientras él miraba… Quizás esta vez
dejaría de tocar la fotografía, dejaría de sentir el recuerdo de Regina.
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