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"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

jueves, 23 de junio de 2011

Capítulo 12.

24 de Diciembre. Cena de Nochebuena, Ciudad de México.


Casa de Regina y familia.



Mamá de Regina. “Me alegro que ya estés en la ciudad, hija. Discúlpanos por no decirte lo de tu abuelo pero no queríamos que tuvieras un mal viaje ni que adelantaras tus labores en España.”


Regina. “No te preocupes, me dolió mucho pero luego de ir a su tumba me di cuenta que seguirá al pendiente de mí, aunque no pueda verlo más…”


Papá de Regina. “Mi padre solía decir que la muerte era el descanso del cuerpo, que el alma se quedaba y creo que así será ahora que no está. ¿Has leído la carta que te escribió el abuelo?”


Regina. “¿Cómo saben de la carta?”


Papá de Regina. “Bruno nos dijo que tu abuelo escribió algo para ti. Ese muchacho se portó muy bien, siempre al pendiente de mi papá a pesar de que no era su área. ¿Por qué no le das una oportunidad? Desde hace años ambos deseaban estar juntos.”


Regina. “Papá… ya te dije, la distancia es un factor detonante para el funcionamiento de una relación y luego, yo estoy bien con Emilio. Espero pronto puedan conocerlo, él es…”

Sonó el timbre, Regina se levantó para abrir.

Regina. “¿Bruno? ¿Qué haces aquí?” –volteó a ver a sus padres.


Afuera se escuchan risas. Javier llegó tomado de la mano de su novia.


Javier. “Mira que si lo dejas afuera, va a pescar un resfriado, ¡eh!”

Bruno. “Lo siento, pensé que sabías… tus padres me invitaron.”


Entraron.


Javier. “Mira hermanita, ella es Celeste, mi novia.”


Una joven alta y bonita, de semblante dulce.
Celeste. “Hola Regina, ya deseaba conocerte.”

Regina. “Yo también, ¡wow! Mucho gusto y bienvenida a la familia.”


Celeste. “Muchas gracias.”

Regina volteó a ver a Bruno quién saludaba a sus padres.


Regina. “Él es Bruno, un viejo amigo.”

Celeste. “Sí, lo conocí hace unos días en el hospital. Hola Bruno.”


Se saludaron y sentaron para cenar.


Luego de un par de horas transcurridas, se encontraban en la sala conversando. Regina y Bruno salieron a tomar el fresco. Conversaban de todo un poco, Bruno se acercaba a ella lentamente.


Regina. ”Bruno, gracias por lo que hiciste por mi abuelo. Siempre supiste que él significaba mucho para mí. Éramos muy cercanos y en verdad aprecio que estuvieras al pendiente de él a pesar de no ser tu área.”


Bruno. “No agradezcas, yo estimaba a tu abuelo, además que al estar junto a él esos días, me hizo bien; sentí que  estabas conmigo, que estabas cerca y jamás nos alejamos.”


Regina lo abrazó. Bruno solo pudo corresponder el abrazo con más intensidad, como si no quisiera dejarla ir. De hecho, eso quería.


Bruno. “Estás helada, vamos adentro.”
Regina. “¡No! No quiero entrar, no aún.”
Bruno. “¿Recuerdas?... Me doy cuenta de que me faltas y de que te busco entre las gentes, en el ruido, pero todo es inútil. Cuando me quedo solo, me quedo mas solo, solo por todas partes y por ti y por mí.”


Ella sonrió.


Regina. “No hago sino esperar. Esperar todo el día hasta que no llegas. Hasta que me duermo y no estás y no has llegado…

Bruno la tomó de las manos, las acercó a su boca, rozándolas mientras decía las líneas de aquel poema.

Bruno. “…y me quedo dormido y terriblemente cansado, preguntando. Amor, todos los días. Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta


Regina. “Me doy cuenta de que me faltas, Jaime Sabines.”


Bruno. “Déjame seguir en tu vida, déjame ser parte de ti.”


Regina. “No es tan fácil; ya estoy con alguien y estamos bien. Lo amo.”


Bruno. “¿En verdad lo amas? ¿Sabes qué es eso? ¿Le extrañas justo ahora? ¿Sus corazones laten a la par? ¿Tu respiración y la de él están sincronizadas? ¿Puede él hacer que tiembles al hablarte al oído, al rozarte los labios?”


Se acercaba a ella, le hablaba al oído, la abrazaba de la cintura. Regina respiraba entrecortadamente.


Regina. “No sigas, no lo hagas difícil.”


Bruno. “Dime que no has pensado en mí, acepta que esa noche no significó algo y fue solo sexo. Dime que no fui algo para ti.”


Regina empezó a llorar.

Regina. “No puedo. Me haces dudar. Te odio.” –le dio un golpe en el pecho.

Bruno. “Yo te amo, eso es lo que sé.”


La tomó de la cara y la besó con desesperación. Regina seguía golpeando su pecho pero cedió y lo besó con más mesura.



Javier se asomó por la ventana y vio la escena. Decidió no salir.


Bruno y Regina seguían besándose.  A cada instante volvían a la época de años atrás en donde un beso era lo único que deseaban, cuando las paredes de la escuela eran cómplices de su incipiente romance adolescente.


Regina. “¿Así será cada vez que nos veamos?."



Bruno. “...Pide permiso a tus papás, hay algo en mi departamento que quiero mostrarte, pondré a prueba tu memoria.”


Regina. “¿Qué es? No creo que me dejen, se supone que vine a pasar tiempo con ellos y ahora resulta que me voy.”


Bruno. “Yo pediré permiso, ¿sí?, ya regreso.”
Bruno entró a la casa y habló con los padres de Regina. Entró para hablar también con ellos.

Regina. “Si quieren no voy, además ya es tarde y…”

Mamá de Regina. “Con cuidado, recuerden que hay cada loco en la calle en estas fechas.”


Regina se sorprendió, su mamá la llevó a la cocina.


Mamá de Regina. “Protéjanse, eh. Soy joven para ser abuela.”


Regina se sonrojó.


Regina. “¿Qué?... ¡Mamá!”

Mamá de Regina. “No nací ayer, solo te digo que te cuides.”

Regina. “¡Ay, má! No se te va una, ¡eh! Trataré de no llegar tarde. Los quiero.”


Se fueron en  la camioneta de Javier al departamento de Bruno. Llegaron, Regina dejó su bolsa en un sillón.


Bruno. “¿Quieres algo de tomar?.”

Regina. “¿Café?.”

Bruno. “No te noto convencida, pero hay de cafetera, con las prisas que tengo siempre no tengo tiempo de prepararlo.”

Regina. “Sí, no importa… ¡Wow! ¡Qué ordenado! Demasiado para ser soltero. ¿Seguro que no tienes mujer?.”

Bruno. “No. Me la paso en el hospital, es por eso que todo está intacto aquí.” –le da la taza de café. –“Ven, quiero mostrarte algo.”



Tomó de la mano a Regina y la llevó a una recámara, ahí guardaba sus libros y algunos  reconocimientos obtenidos. Solo había un diván, muchos cuadros y dibujos pero había uno que ocupaba la mitad de una pared, cerca de una ventana.

Regina. “Todavía tienes el dibujo. ¡Increíble! Pensé que lo habías tirado.”

Bruno. “No, de hecho, esa es ampliación, el original está resguardado. Siempre con ese semblante tan divertido. No cambias.”


Regina. “Cambié Bruno, tú lo hiciste también; sería absurdo que nos quedáramos así como adolescentes.”




Regina se acercó al dibujo enmarcado, lo tocó, luego se tocó la cara. Trataba de asimilar las diferencias entre el dibujo, su tacto y el reflejo en el vidrio del cuadro.





Regina. “Gracias. De pronto, recordé muchas cosas. Es lindo eso. A veces, uno se olvida de lo que fue, de lo que vivió… detalles como éste me han hecho regresar.”


Bruno. “Es que nunca te has ido.”


Se acercó a Regina y la besó nuevamente. Pareciera que ella en verdad se había olvidado de lo vivido en Madrid y se estancaba en el pasado.





Poco a poco, entre besos y caricias, mientras él le decía palabras de amor al oído, fueron despojándose de sus ropas. Él besaba su cuello lentamente y regresaba a sus labios para besarlos con ternura.

Bruno. “Te amo.”





Regina echó hacia atrás su cabeza; se recostaron en el diván. Ella lo besaba con desenfreno, él trataba de calmarla, como era usual en ellos.





Bruno. “Sólo bésame lentamente…





Al día siguiente despertaron cubiertos con una cobija, Bruno la abrazaba. Un rayo de luz del sol que recién aparecía en ese lado del mundo hizo que ella despertara. Se sentó en el filo del diván.








Regina. “¡Ay no! ¡Soy una idiota! ¿Cómo pude hacer esto?.”





Volteó a ver a Bruno, su semblante era de paz y felicidad.





Regina. “Lo que siempre critiqué lo hice ayer, engañé a Emilio. Soy una estúpida, ¿Cómo pude? Soy una fácil.”





Bruno despertó, se incorporó y abrazó a Regina. Él estaba sonriente.





Bruno. “Buenos días, amor.”





Regina. “¿Siempre va a ser así? Cada vez que nos veamos, hablamos, nos besamos, un poco de sexo ¿y adiós?.”





Bruno. “No tiene que ser así, podemos no decir adiós si decidimos estar juntos. Yo te amo y sé que eres la mujer de mi vida. Supongo que ahora no quieres casarte o tener hijos pero puedo esperar, sólo quiero estar contigo. Amarte, despertar a tu lado todos los días, prepararte el desayuno y cuidar de ti…”





Regina. “Bruno. Perdón. No debí hacer esto. Yo… no sé qué pasó por mi mente cuando accedí a venir a tu casa, sabía que esto pasaría. Me siento mal, en serio, perdóname. ”





Bruno. “No hay nada qué  perdonar; anoche fue increíble. Tranquila, sé que tienes miedo y yo puedo ayudarte; por favor, no me alejes.”





Regina. “Lo siento, me siento confundida. Tengo novio y me espera en Madrid, el hecho de que no esté aquí no quiere decir que no piense en él, que no le extrañe.”





Bruno. “Pues ayer no se notó que lo extrañas.”





Regina. “¿Ves? Es que, a eso me refiero, no sé qué pasó. Yo lo amo pero estar contigo, me ha hecho recordar muchas cosas, me siento bien, segura. Tú me conoces perfectamente pero ya pasó nuestro tiempo. Perdóname, en verdad no quiero que cada vez que nos veamos suceda esto. Yo te quiero,  lo sabes pero no quiero hacerte daño ni dañar a Emilio, tampoco quiero confundirme.”





Bruno. “Déjalo. Aún sientes algo por mí.”





Regina. “No voy a dejarlo. Bruno, gracias por el momento, por los detalles, gracias por lo de mi abuelo pero ya no puedo verte.”





Bruno. “¿Temes caer en la tentación una y otra vez? Digo, se te da muy bien.” –con el orgullo herido comenzó a hablar golpeado. –“La última vez dijiste que fue un error y mírate, desnuda otra vez luego de una noche de sexo.”





Regina comenzó a vestirse, no quería escucharlo.





Bruno. “Tal vez es lo mejor, y vístete rápido porque no tarda en llegar Jessica. No quiero que se enoje si te ve aquí.”





Regina. “¿Qué? ¿Estás con Jessica? ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Eres un imbécil!.”





Bruno. “¿Disculpa? ¿Acaso yo te he preguntado por Don Perfecto? ¡No! Entonces, ¿por qué debía contarte yo con quien me acuesto o no?.”





Regina. “No sé por qué pero me duele… En tu vida vuelvas a buscarme, me has hecho sentir basura. Ve con Jessiquita, dile que sacie tus necesidades; yo no soy mujer para un rato y lo de ayer fue un error. Hasta nunca, Bruno. ¡Vete al diablo!.”





Regina salió del departamento enojada y llorando; subió a la camioneta y manejó hasta casa de Fabiola.  Encendió la radio y lloraba más, no distinguía la canción que sonaba. Le marcó a Fabiola y pidió que saliera, que la acompañara a tomar un café.





Fabiola salió y subió a la camioneta gritando “¡Feliz navidad!”, grito que cesó cuando vio su cara.





Fabiola. “¿Qué te pasó? ¿Qué tienes?”





Regina. “Engañé a Emilio.”





Fabiola. “¿Qué hiciste qué? ¿Con quién? ¿Cuándo?.”





Regina. “Con Bruno.”





Fabiola se quedó boquiabierta.





Regina. “Tu cara lo dice todo, sé que estuve mal. Es que esos detalles que tiene conmigo provocan que caiga. Él es tan romántico aunque sé que ya no siento lo mismo por él, pues… es sexy y muy lindo, pero…” –gritó –“¡Lo odio!, ¿Sabes que me dijo? O sea me trató después como si fuera una más, como si fuera una… una… prostituta, un juguete; luego me dijo que está saliendo con Jessica.”





Fabiola. “¡Ay amiga! No sé qué decirte esta vez, sabes que no estuviste bien, tienes novio y según tú, ya no sientes nada por él y vuelves a lo mismo. Y sobre lo de Jessica… ¿Qué es lo que te enoja? ¿Querías que te esperara por siempre sabiendo que estás empezando algo nuevo en España?.”





Regina. “¡Ah, gracias, Eh! Al parecer ahora tu mejor amigo es él.”





Fabiola. “Tú eres mi hermana, no mi amiga, pero como tal debo hacerte ver que estás mal. Pero dime, ¿Se lo vas a decir a Emilio?”





Regina. “No sé, él ha sido tan lindo que tengo miedo. No quiero que eso acabe. Me siento mal, soy débil.”





Fabiola. “Un “polvo”, como dicen en España, no es tan grave pero si lo es que hayas involucrado el pasado; no puedes vivir en él, siento que aún no lo dejas atrás.”





Regina. “No sé… Ya, vamos por el café que debo regresar a casa, diré que pasé la noche en tu casa, eh.”



Bajaron a pedir café para llevar. Llegaron a casa de Regina y almorzaron, nadie preguntó por Bruno pero intuían que algo no estaba bien pues había rechazado la invitación para ir a almorzar con ellos. Conversaban sobre sus experiencias en España, comentaban sobre ello.

Sonó el timbre.

Regina. “Yo voy. ¿Vale?. Javi, por fa sírveme un poco más de jugo.”

Abrió la puerta. Una pequeña caja estaba en el tapete. La abrió, una mariposa blanca salió volando. Regina sonrió. Había una tarjeta, la leyó.

Regina. “Espero haber volado al lugar correcto.”

Se asomó para ver si veía a alguien pero no había alguien cerca. Entró a casa.

Fabiola. “¿Quién era?.”

Regina. “Creo que Emilio me envió algo.”


Sonó el timbre de nuevo. Javier fue a abrir.

Javier. “Regina, te buscan…”

Regina. “¿Quién?” –se acercó a la puerta. Gritó. –“¡Emilio!”


Corrió hacia él y lo abrazó. Se dieron un beso tierno, luego él besó su frente.

Emilio. “Te he extrañado, Regie. Decidí venir a verte y conocer un poco de tu mundo aquí.”

Fabiola. “Vaya, vaya. Teacher, ¿Qué tal le va?.”

Regina. “¡Fabiola!. Familia, les presento a Emilio Cortés, mi novio.”

Mamá de Javier. “Hola Emilio, mucho gusto. Yo soy la madre de Regina.”
Papá de Regina. “Hola muchacho, yo soy el papá. ¿Trabas, estudias?.”
Regina. “¡Madre mía! ¡Qué pena!.”
Emilio. “No os preocupéis, hermosa. Mucho gusto, soy Emilio y sí, trabajo y estudio.”

Javier. “Hasta que puedo conocerte, sólo te veía en fotos. Soy Javier, tu cuñado.” –lo abrazó.

Emilio. “Hola Javi, qué gusto conocerte. Bueno, espero no incomodaros con mi presencia pero todo fue improvisado.”

Regina. “No te preocupes, eres bienvenido, esta es tu casa, pero ¿cómo conseguiste la dirección?.”

Emilio. “Bueno… tengo acceso a la información de los alumnos en la universidad.” –sonrió.

Regina. “Oigan, disculpen que los deje pero quiero salir a caminar con Emilio, regreso en un rato, lo llevaré a comer delicias mexicanas.”

Mamá de Regina. “Pero hija, el pobre ha de estar cansado, deja que duerma un poco.”

Emilio. “He dormido durante el viaje; me apetece ir a conocer vuestra ciudad.”

Regina. “No se diga más. Javi, me llevo tu camioneta.”


Emilio se despidió de todos con la promesa de volver en unas horas.

En otro lado de la ciudad.

Jessica. “Explícame que hace esta blusa de mujer aquí. ¿Con quién estuviste?.”

Bruno. “Jessica, tengo jaqueca, no empecemos con los gritos, por favor.”

Jessica. “Si no supiera que la hippie esa esta en Europa, juraría que es ella quien estuvo aquí, este tipo de prenda es de su estilo horrible.”


Miró a Bruno luego al cuadro algo movido en donde estaba el dibujo del retrato de Regina.

Jessica. “¡No, no puede ser! ¿Crees que soy idiota? Te acostaste con esa y creían que no me daría cuenta, ¿me quieres ver la cara?.”

Bruno. “¡Caray! ¿Qué parte de tengo jaqueca no has entendido? Además, nosotros no tenemos una relación. Sólo es sexo casual.”

Jessica. “Eres un idiota, Bruno. Y luego por esa… es lo que más me enoja. ¿Sabes qué? Luego nos vemos.”


Enojada salió. Fue a un café con terraza para calmarse un poco y almorzar.


Emilio. “Capuccino, por favor.”

Regina. “Para mí, un latte por favor y una orden de galletas con chispas de chocolate.”

De pronto, Regina se paró para quitarse el abrigo, alguien la había visto y se dirigía a ella.

Jessica. “¡Eres una ofrecida! ¿Este es tu próxima víctima? ¿Dejarás tu ropa en su casa también? ¡Entiéndelo, aquí nadie te extraña! No vuelvas a acercarte a Bruno y si quieres una noche de pasión, pídeselo a alguien más.”

Jessica se fue divertida por la expresión con la que dejó a Regina.

Emilio. “¿Qué ha sucedido?.”

Regina. “Perdón, Emilio, perdóname.”


Regina comenzó a llorar y salió de la cafetería. Emilio pagó y salió tras ella.


Regina. “No merezco que hayas venido a buscarme, no merezco que seas así conmigo. Perdón.”


Emilio no entendía, Regina solo lloraba y se aferraba a él.


Regina. “Emilio… ayer pasé la noche con Bruno, el hombre que estuvo en mi vida desde mi adolescencia.”


Emilio se separó de ella, la miró absorto. Movía la cabeza en forma negativa. Suspiró y caminó en sentido contrario a Regina.


Regina. “Emilio, por favor, perdón, no sé qué sucedió. No sé por qué lo hice.”


Emilio se detuvo y la miró.


Emilio. “Regina, ¿por qué? ¿Por qué hicisteis semejante cosa?. Yo te amo.”

Regina. “Y yo a ti pero no sé… Estoy confundida. Venir aquí, reencontrarme con el pasado, con mi vida antigua, las cosas que pasaron.”

Emilio. “Regina, te amo pero no puedo estar siempre con la duda e incertidumbre respecto a tus sentimientos por él. Quiero saber que esto es de verdad, que no soy un simple sustituto.”

Emilio la abrazó. Regina lloraba.

Emilio. “Te amo y quiero formar una familia contigo, pero si no estás segura, dímelo, lo entenderé.”

Regina. “Si quiero, pero por favor, perdóname.”
Emilio. “No me pidáis eso, te entiendo, estás en una etapa de transición, estás confundida pero que no suceda de nuevo, intentemos seguir adelante y admitir que eso ha sido un error, ¿vale?.”

Regina. “Te amo, eres el hombre más bueno que he conocido.”


Emilio y Regina se abrazaron. Quizá para muchos les resulte difícil entender que aceptara ese desliz pero Emilio había sufrido mucho como para perder a la persona que comenzaba a amar intensamente por un error.

Esa noche, Bruno le propuso matrimonio a Jessica, se disculpó por lo que pasó y decidieron olvidar todo por el bien de la nueva etapa como futuros esposos.





¿Quién no ha perdonado un error por amor? ¿Quién no ha decidido dejar de mirar atrás y amar una vez más?

domingo, 12 de junio de 2011

Capítulo 11.

(Reproducir: http://youtu.be/O8A0JNrmgAI )

Después de la primera noche juntos.
Emilio despertó antes que Regina. Los rayos de sol penetraban por la ventana. Él contemplaba a aquella mujer que se entregó a él en todos los sentidos una noche antes. Desnuda y cubierta con una frazada, dormida y vulnerable. ¡Cuánto la amaba!. Se levantó en busca de su cámara. La fotografió en todos los ángulos posibles. Su vida había cambiado. Volvía a ser aquel joven que amaba la vida y lo que ésta le otorgaba.
Regina despertó.

Emilio. “¡Buongiorno principessa!
(¡Buenos días princesa!)
Regina. “Cómo en “La vita é Bella” mi película favorita. ¡Buenos días!” –dijo con una amplia sonrisa –“¿Tienes mucho tiempo despierto?”.
Emilio. “No. Lo suficiente para inmortalizar la magia que te envuelve.”
Regina se sonrojó al mirarse desnuda. Emilio acarició su mejilla, con una sonrisa de medio lado la miraba embelesado.
Emilio. “Gracias por la noche de ayer, fue mágica, inolvidable. Gracias por dejarme ser parte de ti, de vuestra vida.”
Regina tomó la mano que le acariciaba la mejilla, entrelazo sus dedos con los de él.
Regina. “Cuando era pequeña me imaginaba las cosas en otro espacio y tiempo… todos me decían que el aquí, el ahora, la circunstancia y la audiencia eran insustituibles, por algo se presentaban así y en ese momento… todo tiene un por qué pero ahora puedo decir que ya soñaba contigo antes de conocerte…”

Emilio la atrajo hacia su pecho. Regina se recostó sobre él. Cerró los ojos, como si los latidos de adolescente enamorado le dieran cierta tranquilidad.
Emilio. “Nunca es demasiado pronto para decir lo que te dije ayer y cada segundo estoy más que seguro de ello. Te amo.”
Regina. “Y yo a ti, Emilio.”

Regina suspiró. Alzó la cabeza para que una vez más se encontraran sus miradas. Emilio la besó con ternura y delicadeza. Ella subió a su cuerpo, quedando encima de él viéndolo de frente.
Emilio. “Eres bellísima.”
Regina. “Podríamos repetir lo de anoche…” –sonrió pícaramente. –“Empecemos el día como terminamos el de ayer.”
Emilio. “Eres una insaciable…” –sonrió mientras le quitaba unos mechones de la cara.
Regina. “¿Insaciable?... ¡Grrr!” –ríe a carcajadas. –“Oh, Crap! (Mierda!) Ni creas que te libras de mí, eh. Es que recordé que debo empacar para mi viaje…

Se para rápidamente para vestirse.
Emilio. “Estoy hambriento.”
Regina. “Pues con todo el ejercicio de ayer… ¡Eres todo un “atleta”, eh!”

Emilio se sonroja. Regina, en ropa interior comienza a asearse un poco para poder salir.  Emilio la abrazó fuerte. Le dio un beso en la frente. Ella volteó y parándose de puntitas trato de estar a la altura de su cara. Él se inclinó. Se miraban, enamorados; sus bocas se acercaron lentamente, rozaron sus labios, sentían su respiración. No se besaban. Así estuvieron unos minutos hasta que un beso dulce interrumpió ese momento de reconocimiento. Regina comenzó a acariciarlo; Emilio la llevó contra la pared. Entre besos y caricias volvieron a entregarse; esta vez con más pasión y diversión, pero sin dejar de involucrar sentimientos.

Días después.
Aeropuerto, Madrid, España.

Emilio. “Te extrañaré, Regie.”
Regina. “Yo te extrañaré más… promete que me escribirás y tendremos algunas horas para vernos y charlar por camarita, ¿sí?.”
Emilio. “Claro que sí, hermosa. Cuenta con ello. Pero por favor, cuídate, te quiero sana y con todas tus extremidades de regreso, eh.”
Regina. “Tú también te cuidas, y más de las miss universo con las que acostumbras entablar amistad.”
Emilio. “Celosa.”

Se abrazaron.
Emilio. “Feliz navidad y año nuevo. Te amo. Disfruta mucho de tu familia, de tus amigos. Por favor, no hagas cosas imprudentes.”
Regina. “¿Cosas como qué? Claro que los disfrutaré, tiene mucho que no los veo. Saludos a tu familia, aunque no hayamos podido ir a visitarlos a Barcelona. Espero pronto se pueda. Te extraño y aún no me voy.”

Se escuchó el llamado a la sala de abordar.
Regina. “Debo irme. Un beso.”

Se besaron. Él le colocó un gorro y bufanda pues el clima era muy frío. Regina abordó.


Casi medio día después.
Ciudad de México.

En el aeropuerto estaban en el hermano de Regina y Fabiola.

Javier. “¡Enana! ¿Cómo estás?” –gritó al momento en que la cargaba.
Regina. “Menso. Te extrañé demasiado… ¡Epa! ¿Has estado visitando el gimnasio? Estás fornido. Muy guapo como siempre, Javi.” –le dio un beso en la mejilla.

Al ver a Fabiola ambas gritaron. Se abrazaron.
Javier. “Sabía que ocurriría esto. Me adelanto con las maletas.”

Javier salió con las tres maletas para guardarlas en la camioneta. Mientras que Fabiola y Regina seguían festejando su reencuentro, luego de meses sin verse.
Fabiola. “Cochinota, debes contarme todo, todo lo que ha pasado desde que estás en una relación con tu profesor sexy.”
Regina. “Chismosa, obvio te contaré… Sí es muy sexy, pero es inteligente, lindo y protector. Además de que es buenísimo en la intimidad.”

Fabiola escupió el agua que bebía.
Regina. ”¡Fabiola! ¿Siempre haces eso?”

Fabiola. “Lo siento, me has sorprendido. Pensé muchas cosas; la primera es que no durarían ni un mes por las edades, por los tiempos; la segunda es que no tendrían relaciones, así como eres de especial… creí que no caerías tan rápido.”
Regina. “No es muy rápido, ya llevamos meses y estamos bien. Nos complementamos. Esa noche fue muy intensa… me llevó a una casa y dijo que quería compartirla conmigo, que sería nuestra casa.” –dijo con voz dulce, recordando.
Fabiola. “¡Qué miedo! Quizá es un maniático. ¡Cruz, cruz!”

Regina comenzó a reír. Caminaban hacia la camioneta.
Regina. “Cruz, cruz.” –ríe. –“Mensa. Si es muy lindo. Quiero que él sea el padre de mis hijos.”
Fabiola. “Te dejo un tiempo sola y te conviertes en otra… en una muy empalagosa (cursi), por cierto. Te amo, ya te extrañaba.”

Subieron a la camioneta; Javier manejó hasta su casa.

Regina. “Javi, debes contarme sobre tu novia que no te deja a sol ni a sombra, eh.”
Javier. “Cálmate, hermanita celosa. Fíjate que la conocerás mañana en la cena de Nochebuena. Su familia vive en Los Cabos pero no quiere ir.”
Regina. “Ok, ok… Se siente bien estar aquí. ¡Bienvenida al estrés del Distrito Federal!”

Llegaron a casa. Regina bajó de la camioneta con llaves en mano y corrió a la entrada de la casa. Abrió.
Regina. “¡Papá! ¡Mamá! ¡Ya llegué! ¡Quiero verlos!”

Entró a las habitaciones y no los encontró. La casa perfectamente ordenada.
Regina. “¿Y mis papás?”


Javier y Fabiola se miraron.
Regina. “¿Qué pasa?”
Javier. “Regina. Mis papás llegan mañana… han estado en casa de la abuela durante días.”
Regina. “¿Por qué? ¿Le pasó algo a la abuela?”
Javier. “No.. ella está bien. Es el abuelo.”
Regina. “¿Qué le pasó a mi abue? ¿Otra vez tuvo una crisis? ¿Por qué no me avisaron? Hubiera venido rápido en el primer vuelo a cuidarlo. ¿Me prestas la camioneta? Voy a verlo. Quiero mostrarle mis fotos de mi viaje místico a Almería. Tanto que me contaba de ese lugar… Ya quiero verlo.”
Javier. “Regina, el abuelo falleció.”

Regina empezó a reir mientras empezaba a caminar rápido por toda la sala.
Regina. “No, no, no… no es cierto. Él me dijo que nos veríamos en estas fechas, que debía enseñarle mis fotos, contarle mis anécdotas. No puede estar muerto.”
Fabiola. “Regina… sucedió hace 3 días. Lo internaron de emergencia hace una semana, se sentía mal y bueno, estuvo bajo observación. Se le veía de mejor ánimo cada día.”
Regina. “No, no es cierto… es otro episodio, él estará bien. Lo estará, ¿cierto?”

Comenzó a llorar, queriendo no creer lo que le decían. Javier la detuvo. La tomó de los hombros.
Javier. “Dos días después se complicó todo con una neumonía y estaba tan débil que no resistió…”

Javier abrazó a Regina. Ella palideció, lloraba descontroladamente.
Regina. “Llévenme a dónde está… Quiero despedirme. Quiero hablar con él una última vez.”
Fabiola. “Pero Regie…”
Regina. “Préstame la camioneta Javier. ¿En dónde está?”
Javier. “En el Panteón Francés, lo conoces… pero Regina, así como estás no es conveniente que vayas y mucho menos que manejes.”

Lo tomó de la cara.

Regina. “Estaré bien, hermanito.”

Subió a la camioneta y se dirigió al panteón. Luego de buscar sin encontrar, halló quién le dijera donde estaba ubicada la lápida. Se sentó en una orilla y colocó sobre ella una flor que encontró en el suelo.

Regina. “Octavio Lozano Cervantes. 1940 – 2009. Abuelito, aquí estoy. Soy yo, tu niña Regina. ¿Sabes? La semana pasada, todos los días te recordé… sobre todo en las noches. Era algo extraño, volví el tiempo atrás cuando tú me sentabas junto a ti y veíamos las estrellas juntos y aquella vez que le regalaste un telescopio a Javier y como yo quería uno también, solo lo pintaron de color turquesa y pusieron mi nombre. Fui al estadio en este año… conocí el Santiago Bernabéu, es bastante imponente y ahí recordé que tú me llevaste a mi primer partido, también nuestras constantes peleas porque yo apoyo al Barça y tú al Madrid… las apuestas, las risas cuando ninguno pagaba lo pactado. Te dije que te iba enseñar fotos de allá y solo me falta imprimirlas; y adivina qué… ¡tengo novio! Es maestro de fotografía. Es muy educado y caballero, además de muy guapo. ¡Quién lo diría! Bueno, tú si lo dijiste antes de que me fuera. Allá mi vida cambiaría y vengo a mostrarte que tenías razón. ¿Ya viste? Mi cabello está larguísimo, tú decías que con el cabello así me parezco más a mi mamá cuando era joven. ¿Cómo me veo?.”
Guardó silencio; de pronto, realizó que no obtendría respuesta alguna. Su abuelo ya no festejaría con ella sus logros ni la acompañaría en sus momentos malos. Ya no estaba físicamente para darle un abrazo o tomarle de las manos como cuando era pequeña. Ya no.

Regina. “Abue, ¿por qué te fuiste? Prometimos que en estas fechas nos veríamos… me vas a hacer mucha falta. Sé que a veces ya no te prestaba mucha atención porque crecí y diferíamos en muchas cosas pero siempre estabas en mi mente y en el corazón. Te extrañaré mucho. Sé que ya no vas a sufrir en dónde estás ahora.”

Se acostó sobre la lápida. Lloraba, se aferraba a ella como si así pudiera tocar el cuerpo inerte de su abuelo.

Regina. “Me siento culpable por no estar aquí. Perdón, perdóname. Si tan solo me hubieran avisado… Gracias por todo lo que me enseñaste, por tus cuidados, por tus regaños… ya no soy tan atrabancada cuando manejo, he tomado una fotografía de cada momento que quería que permaneciera intacto para mostrártelo… Escribí canciones y comencé con mi lista de cosas que quiero hacer antes de morir; todo eso te lo debo a ti. Tú me enseñaste, me aconsejaste… Te amo abuelo. Por favor, no me dejes, dame señales de que sigues junto a mí, guiando mis pasos como hasta ahora. Hazlo, por favor.”

Se debilitaba con el llanto. El clima era frío pero había una corriente de aire cálido que golpeaba su cara y secaba las lágrimas derramadas. Su abuelo seguía junto a ella y seguiría estándolo como cuando comenzó a caminar o a leer. El llanto le provocó sueño y se quedó dormida sobre la lápida.
Al ver que no regresaba, Fabiola y Javier fueron al panteón a buscarla pero alguien llegó antes que ellos. Al parecer la conexión no se había perdido.
Bruno. “Regina, despierta.” –la enderezó con delicadeza.

Regina despertó, con los ojos hinchados y el maquillaje corrido. Vio a su alrededor, volvió a llorar al darse cuenta de la realidad.
Bruno. “Regina, vamos a casa. Estás helada, vas a resfriarte.”
Regina. “Bruno. Mi abuelito… ya no estará a mi lado, ya no podré escuchar su voz regañándome o contándome una de sus historias. Se fue.”

Bruno la abrazó fuerte. La acurrucó sobre su pecho.
Bruno. “Yo estuve ahí. También le pesó mucho no poder verte… así que le dije que escribiera todo lo que sentía.” –le dio un sobre.

Regina guardó el sobre en uno de los bolsillos de su gabardina.
Regina. “Te amo abuelo. No me olvidaré de ti” –dijo llorando.

Regina sabía que una parte importante de su vida había muerto, pero no podía fallarle. Ahora, todo lo que algún día soñaron, lo cumpliría. Lo extrañaría, pero no podía haber mejor homenaje a él que el hecho de vivir como él lo hacía: sin restricciones, disfrutando del simple hecho de respirar y poder ver al tiempo correr.


jueves, 2 de junio de 2011

Capítulo 10. (Continuación del capítulo 9)

Tiempo atrás.
Continuaban en su viaje.
Emilio besaba con ternura a Regina. Ella, por primera vez en mucho tiempo no intentó huir. Ambos esperaban ese momento, ambos deseaban que sucediera y perdurara. Él sostenía con su mano la barbilla de ella; ella colocó una mano en el pecho de él, quería sentir su respiración, sus latidos. Se separaron, sonrojados.

Emilio. “Perdón Regina, ha sido un arrebato.”
Regina. “Pensé que querías hacerlo…”-algo decepcionada arrugó la nariz.
Emilio. “Sí, por eso lo hice.”-se levantó del suelo y la ayudó a levantarse-“Ya está anocheciendo, ven.”
Regina. “¿A dónde?”

Emilio tomó su mano y corría. Avanzaron un poco. Regina agitada y sonrojada por el ejercicio sin previo aviso.

Emilio. “No es algo de hace 3 semanas que sucedió eso en el departamento… es extraño. He estado tanto tiempo, muchos años sin querer abrir mi corazón a alguien; ahora lo siento. Desde el primer día que te vi, vuestra mirada, vuestra voz, vuestra alma me cautivó… Soy otro.”

Regina se mordía los labios para aminorar las ganas de llorar y de abrazarlo para luego darle un beso.

Emilio. “No sé qué pueda pasar. Esto no es correcto, pero siento que si no lo decía, algo pasaría.”
Regina. “Ya sabes lo que siento. Casi un año de estar en clase torturándome; he tratado de ocultarlo, he tratado de desprenderme de esto pero no puedo y me da miedo porque simplemente jamás he sentido esto, jamás me ha pasado algo así en tan poco tiempo.”
Emilio. “Es como si estuviéramos destinados a encontrarnos… ”
Regina. “Sí, pero no quiero que intentemos algo, ya entendí que tú eres profesor y yo la alumna. No está bien. Necesitaríamos cambiar muchas cosas.”
Emilio. “Recordé algo.”-se acostó en el suelo.

Regina lo miró extrañada.

Emilio. “Si me acuesto aquí, si solo me acuesto aquí… ¿Te acostarías conmigo y olvidarías el mundo?”.

Regina no pudo contener las lágrimas. Se acostó a su lado.

Regina. “¿Cómo supiste?”
Emilio. “Las fotos en la habitación. Perdonadme, no podía no verlas.”-sonrió-“Olvidemos al mundo. Toma mi mano.”

Regina tomó su mano. Electricidad. Eso fue lo que sintieron, magia la que transmitían cada vez que tenían contacto. Así estuvieron por un rato. Sin decir nada, sin mirarse. Sólo escuchaban el silencio y sentían los latidos de sus corazones.

Emilio. “Permíteme cuidar de ti.”
Regina. “Sé cuidarme sola pero puedo permitirte ser parte de mi vida y que me dejes ser parte de la tuya. Puedo permitir que me digas lo que sientes con solo mirarme y me digas que piensas con un beso.”
Emilio. ”Llevemos esto con cautela. No quiero causaros algún daño. Tengo miedo. Hace mucho tiempo no sentía esto.”
Regina. “No pensemos. Ven, vamos con los demás. Es hora de ir a dormir.”

Emilio y Regina se separaron antes de llegar con el grupo. Se fueron a las cabañas donde se hospedarían. Regina y Alondra compartirían cabaña. Llegaron.

Emilio. “Bueno, vosotros a dormir. Mañana partiremos muy temprano a seguir con el itinerario.”
Todos comenzaron a entrar a sus respectivas cabañas con sus compañeros. Regina también entró. Emilio esperó afuera, sentado en un banco de madera. Pasó cerca de una hora.
Regina. “¿Insomnio? ¿culpa? O ¿sólo extrañas tu cama?”

Volteó sonriente.

Emilio.”Creo que un poco de las 3. No quiero que por mi  culpa tengáis problemas.”
Regina. “Soy mayor de edad, en realidad no hacemos algo malo. No estamos en la escuela. Además, tenemos una ventaja… ¡vivimos en el mismo piso!”

Emilio se paró del columpio. La tomó de la mano y caminaron hacia un lago que estaba frente a ellos. Él la abrazo. Ella se encontraba frente a él, ambos miraban el lago iluminado por la luna.

Emilio. “¿por qué llorabas aquella vez en la filmación, frente al mural?”
Regina. “¿Por qué preguntas eso? No quiero pensar en ello. Ya pasó. ¿sí? Lo que está sucediendo es lo que importa. El pasado solo es eso… y espero no afecte. ”
Emilio. “Lo siento…”

Regina volteó a verlo. Sus cuerpos separados con poca distancia, sus miradas fijas en el otro. Emilio la abrazó de la cintura, se inclinaba un poco debido a la diferencia de estatura.

Regina. “Hagamos que esto dure, ¿si?“
Emilio. “Temo errar en  mis acciones.”
Regina. “El error es del ser humano. Es válido, lo inválido es no enmendarlo cuando suceda, también lo es el renunciar a vivir por miedo a que algo no resulte bien.”
Emilio. “Pequeña gran mujer. Comencemos como si jamás hubiésemos sido presentados, como si fuese la primera vez. Mi nombre es Emilio Alcázar Cortés, tengo 26 años y soy profesor de fotografía, nací en Barcelona, viví en diferentes sitios, muy hermosos todos. Soy melómano, romántico, soñador pero me enojo fácilmente. Espero eso no le asuste, señorita. ”

Regina sonrió. Emilio extendió la mano, ella la estrechó.

Regina. “Mucho gusto Emilio; yo soy Regina Lozano Barceló… o Regie. Soy orgullosamente Mexicana, con 21 años y 1.58 de estatura, me gusta cantar y acostarme a escuchar el silencio. Amo la música y la fotografía; la fotografía es poesía para mis ojos. Creo que tengo un serio problema… Pienso que si mi profesor de Fotografía sigue siendo así de encantador e impredecible puedo caer terriblemente enamorada de él. ¿Algún consejo?”

Emilio rió. Levantó la mano de Regina y la besó. Regina lo miraba.

Emilio. “Entonces creo que tendremos serios problemas… Mi estatura es de 6’16 (1.88cm).”

Lentamente acercaron sus caras; sentían su respiración, escuchaban sus latidos. Él beso su frente, luego sus mejillas, volvió a abrazarla. Así se quedaron; así iniciaron a pesar de los miedos, a pesar de lo que pudiera pasar.

Meses después, aproximadamente siete.
Madrid, España. Vísperas de Navidad. 
En la Universidad.

Luis. “Regina, creo que te busca el profesor de Fotografía, escuché que preguntaba por ti en el pasillo.”

Luis era un joven Venezolano que recién llegó ese semestre. Atractivo, simpático.

Regina. “Gracias, Lu.”-sonrió.

Regina salió del salón al pasillo. Caminaba. De pronto, luego de un jalón de mano, se encontraba en uno de los salones de final de pasillo.

Regina. “Ya quiero llegar al departamento. Quiero besarte, abrazarte… y probablemente…”
Emilio. “¿Probablemente el qué, mujer?”

Regina suspiró.

Regina. “Creo que… quiero estar contigo en otra forma. Ya sabes… más intimidad.”

Emilio la abrazó y llevó la cabeza de ella a su pecho.

Emilio. “Princesa, dije que no quería que te sintieses presionada. Quiero amarte; con un beso, con un abrazo, tocar tu mano, oler tu cabello, sentirte cerca… Eso me complace”.

Regina levantó la mirada y tomó la cara de él entre sus manos.

Regina. “¿Será muy osado decir “Te amo”?”.
Emilio. “Si lo sientes, no lo será. Recuerdo que mi hermana me confesó antes de su boda que, Guillermo y ella, cuando se vieron por primera vez, sus almas se entendían. No pasó ni la mitad del año y ellos ya estaban en el altar.”
Regina. “¿Almas gemelas? ¿Es eso? Hace mucho no me sentía tan feliz; extraño a mi familia y sé que ahora que los vea disfrutaré de ellos como nunca pues ya casi un año de que no los veo pero el simple hecho de tenerte cerca, de sentir tus brazos alrededor de mi cuerpo protegiéndome, eso me hace sentir bien, me reconforta.”
Emilio. “Regresa a vuestra clase. Hoy te llevaré a un lugar en la noche, quiero mostrártelo.”
Regina. “¿A dónde? Dime, dime, ¿sí?”
Emilio. “Es sorpresa y el objetivo de ellas es eso, que te sorprendáis con eso. Corre a clase, falta poco para que termine.”

Regina lo besó tiernamente. Salió del salón apresurada. Él se tocó los labios, ya la extrañaba.


En el estacionamiento. Regina llegó a dónde él la esperaba. Subieron al auto.
Regina. “¿Me dirás?”

Emilio negó con la cabeza mientras sonreía.

Luego de manejar  durante uno corto lapso de tiempo llegaron al lugar. Emilio cubrió los ojos de Regina colocándole una pañoleta. Subieron unos escalones, caminaron un poco. Entraron.
Regina. “¿Ya puedo ver?” –preguntó ansiosa.
Emilio. “Aún no.”

Siguieron caminando.

Emilio. “Ahora sí.” –retiró la pañoleta.
Regina. “¡Wow! ¿y este lugar? ¡Es precioso!” –corrió al ventanal que dejaba ver una fuente en medio de un jardín pequeño.
Emilio. “Sé que le faltan muebles, le falta algo de pintura, de aseo… Pero ¡He preparado la cena!”

Regina soltó una carcajada al ver las charolas con pasta y carne de un restaurante cercano a la Universidad.

Emilio. “Está bien, no he cocinado… Es el pretexto para presentarte la casa…”
Regina. “¿La casa?”
Emilio. “Sí… si me lo permites… nuestra casa.”

Regina comenzó a llorar.

Regina. “Sí quiero.”
Emilio. “No quiero que te asustéis por esto… quizás pensáis que avanzamos rápido con la relación y debemos ir paso a paso pero….”

Corrió hacia él. Emilio la cargó. Ella le abrazó la cadera con sus piernas mientras lo besaba tiernamente.

Regina. ”Dentro de poco tiempo viajo a México…”
Emilio. “Lo tengo presente. Te echaré de menos, Regie.”
Regina. “¿Quieres venir conmigo?”
Emilio. “No creo poder…  pero intentaré. ¿Sí?”

Regina frunció el ceño. Lo besó.

Regina. “¿Sabes? Jamás me visualicé con alguien así como contigo; pero me entristece un poco que no podamos estar juntos más tiempo en la universidad… Sé que es para no buscarnos problemas pero en realidad ya soy mayor de edad y tú, aunque eres nuevo como maestro, tu historial tanto de estudiante como de docente es intachable.”
Emilio. “No nos esconderemos, puedes estar tranquila. No debemos ocultarlo más; quiero abrazarte y besarte cada vez que te encuentre caminando con vuestra habitual forma tan distraída de ser. Te quiero y quiero estar contigo. Tú no sabes pero en verdad soy otro desde que te conocí; vuestra alegría, vuestra forma de pensar me han cautivado y cada día que paso junto a ti pienso que estaba destinado a conocerte, no pudo ser de otra manera.”
Regina se sentó en su regazo. Lo miraba atenta.
Sus miradas se encontraron. Él sonrió. Con su mano acarició su mejilla y sus labios se unieron.
Él acariciaba su cabello con suma ternura, ella pasaba sus brazos alrededor de su cuello.  Emilio la cargó hacia un pequeño sillón frente a la chimenea que adornaba la estancia. Él la acostó con sumo cuidado como si fuera lo más preciado de su vida. Y lo era.

Seguían besándose con indescriptible pasión. Ella se aferraba a su espalda, él poco a poco la despojaba de sus prendas. Ella desabotonaba la camisa de Emilio. Sus cuerpos se fundían en uno solo; Emilio veía en los ojos la inocencia de Regina, quería descubrir ese 'encanto' que llevaba tiempo escondiendo en su piel.
Regina irradiaba felicidad y ansiedad a la vez. No era la primera vez que estaba con alguien en la intimidad, pero si la primera vez que estaría con alguien porque así lo querían ambos, porque sus almas lo pedían.

Los únicos testigos mudos de esa entrega llena de amor eran la noche fría y el fuego de la chimenea que calentaba la fría casa.
Acostados en la alfombra; se dedicaban miradas y caricias. Susurraban palabras de amor.

Emilio. “Quiero pintar con mis besos estrellas a lo largo de tu piel”

Le decía al oído antes de besarla con suma pasión. Regina, extasiada.

Regina. “Quiero que seas mi abrigo esta noche, saciar mi locura y llenarte de ternura. Te amo Emilio.”

Lo besaba con ternura y cierta torpeza, como si fuera la primera vez en su vida.

Emilio. “Te amo. Jamás estuve tan seguro de algo en mi vida.” –aparta con cuidado el cabello se su cara, la besa.

Se amaron y en la intimidad se encontraron por primera vez; en alma y cuerpo se entregaron.
Emilio recostó su cabeza en el regazo de su amada Regina, ella acariciaba su cabello. Ahora son uno mismo, una misma piel. Estaban viviendo el inicio de algo más fuerte en una noche que los marcará por siempre.