Enlaces de "Después de ti"

"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

domingo, 26 de febrero de 2012

Capítulo 25. Opción B.







Después de casi una semana en Finlandia regresaron, deseaba quedarse más pero Regina cada día estaba más indispuesta “Quizás el viaje, quizás el clima” era lo que pensaba cada vez que la veía y ella eso le hacía saber, no explicaba, no detallaba qué sentía. 



Madrid, España. 

Al dejar el equipaje en el departamento que compartían, pidió Emilio lo acompañara por un guion que olvidó en la universidad y debía trabajar en él. Transcurrieron lo minutos y el rumbo al que dirigía el auto era inusual al que estaban acostumbrados para llegar a la escuela.

- Emilio ¿a dónde vamos?

- Es una sorpresa

- ¿Otra? ¿Contigo jamás dejo de sorprenderme? Eres magia 


Emilio sonrió. 

- Te amo 


Tomó su mano, la acarició y volvió a colocar ambas manos al volante. 

- Coged el sobre que está en la gaveta, es para vosotras –acarició su vientre –


Abrió el sobre. Sacó unas llaves. Estacionó el automóvil.

- Las llaves de vuestra casa –sonrió-

- Emilio… 


Volteó y reconoció la parte trasera de la casa.

- Gracias, Emilio, nuestra casa 


Salió del auto y acudió a abrirle la puerta de éste. Bajó. Tomó su mano y en la otra sostenía las llaves. Caminaron hacia la puerta de la casa. Abrieron, entraron. EL interior había cambiado, tenía más muebles, los libros acomodados, cuadros, pero seguía el mismo estilo rústico de la primera vez que estuvieron juntos ahí, ese lugar significaba mucho para ellos.

- Bienvenida nuevamente a lo que será nuestro hogar –acarició su vientre

- Me gusta mucho, la luz que entra por esos ventanales es grandiosa. Gracias, Milo, gracias por todo lo que me has dado, por cómo me tratas y por amarme tanto

- Gracias por salvarme, Regina, sois la mujer de mi vida


Regina, sin emitir alguna palabra, lo abrazó. No había mucho qué decir ante la duda de seguir viviendo o no dentro de un tiempo. Jamás pensó más allá de su realización profesional, se veía viajando, conociendo pero jamás con familia o un hogar, y ahora lo tenía y no sabía cómo enfrentar el hecho de que no los vería, que su vida tendría una duración corta y quizás, un padecimiento duradero de quien se quedara adoleciendo su partida.

Se acostaron en la cama, de lado, mirándose a los ojos, tocando sus labios, sus manos. El amor era más fuerte cada día, nadie era capaz de negarlo al ver como sus gestos, sus movimientos los delataban.

- Quiero que nos fotografiemos

- ¿Cómo? ¿Tienes pensado algún estilo de sesión o estudio?

- No, pero podemos improvisarlo, aquí, ahora

- ¿No estás cansada?

- Un poco, Milo, pero ya habrá tiempo de descansar, ahora hay que disfrutar y hacer que todo esto perdure

- Está bien –se levantó – voy por el trípode y la cámara –salió 


Regina se levantó de la cama, con cuidado se acercó al ventanal y vio la fuente, automáticamente todo, desde un inicio, pasó por su cabeza. Su piel se erizó y una lágrima rodó por su mejilla, al mismo tiempo que una sonrisa se dibujaba en su rostro mientras acariciaba su vientre. Llegó Emilio y en silencio se quedó contemplándola mientras ella miraba por la ventana. Volteó.

- Gracias –sonrió 


Emilio sonrió también. Colocó el trípode en un lugar cerca del ventanal. Regina se deshizo esa trenza larga con la que había comprimido su cabello. Se quitó el suéter, desabrochó su blusa, con un movimiento gracioso se liberó de esas botas para nieve, dejó caer los jeans por sus piernas hasta que quedaron en el suelo. Se encontraba en ropa interior, dejando al descubierto su vientre.

- Regina –sonrió –te resfriarás

- No si así lo creo –se volteó –quiero que lo único que lleve puesto sea el sentimiento, no quiero demasiada ropa ni mantas

- Está bien, seré breve para que no cojas un resfriado –ajustó funciones en la cámara – es… imposible no mirarte, sois hermosa

- No exageres, Emilio –rió sonoramente – ven, que las fotos sean de ambos 


Guiño un ojo. Colocó la cámara en temporizador y en modo ráfaga para que capturara en serie automáticamente. Posaron, movimientos naturales, entre besos y abrazos, palabras de amor…. 

- Quiero que cuando envejezcamos podamos mirar atrás y juntos ver el camino recorrido, deseo hacerte feliz, hacerte sonreír porque cuando sonreís vuestros ojos se iluminan y me habláis con esa mirada resplandeciente, enamorada, tan franca, tan mágica.

Emilio no desperdiciaba ni un segundo, anhelaba que esas palabras, que las sensaciones se tatuaran en la mente y cuerpo delos dos.


Al terminar debido al cansancio de ambos, especialmente el de Regina, se bañaron juntos, disfrutaron de la tina que ahora tenían y en el departamento de estudiantes no.

- ¿Cómo va a llamarse?

- ¿Cómo te gustaría?

- No lo sé… pero –tomó el dije que le obsequió Jimena – si es niña, quisiera que llevara de nombre “Jimena”

- Como la niña que conocisteis en México…

- Así es –sonrió con tristeza

- Jamás me has dicho qué fue lo que te motivó a asistir como colaboradora de ese hospital

- Milo, yo… 


Se frotaba las manos lentamente. 

- Lo único que deseaba era aprender de la vida, convivir con pequeños que la valoraran más que cualquier otro adulto, no me sentía bien en ese entonces necesitaba vincularme con el sentido de toda circunstancia

- Amor, estamos vivos y eso es lo más importante, creceremos juntos, veremos a nuestros hijos; recordaremos esos momentos y a las personas que han estado en nuestro camino porque hemos aprendido de ellos y siempre estarán.

- Te amo

- Y yo a vosotros … ahora una sorpresita más enviada desde México

- ¿Qué cosa?

- Sé que tu deseo es que viajemos a México para que nazca ahí nuestro hijo y así será pero de regreso y después de unos meses de dormir con sus padres, necesitará su habitación

- Pero eso no es problema ahora, Milo, podemos verlo después e ir comprando todo para acondicionarle un espacio

- La sorpresa es que Fabiola y Javier han obsequiado la cuna, vuestros padres un carrito para transportarlo y mi hermana, junto con Eduardo, han decorado y comprado algunos trajecitos

- ¡Wow! –salieron de esa habitación y entraron a la contigua- gracias pero ¡Qué pena! Todos han sido tan generosos conmigo… 

(Reproducir: http://youtu.be/0put0_a--Ng ) 

La habitación del bebé estaba decorada con colores verde en diversas gamas y los muebles eran de madera pintada con un color blanco, un sofá a un costado de la ventana y cercano a la cuna.

Regina abrazó a Emilio. Sonó el móvil de él, salió a atender a la llamada. Ella se sentó en el sofá y se aferró a un barandal de la cuna. El dolor volvía.

- Bebé, seré fuerte por ti, porque vas a vivir, porque sé que dejarás huella en el mundo, no solo en el mío y en el de tu padre, lo harás con cada persona que conozcas.


Con la mano que tenía libre acariciaba su vientre mientras susurraba palabras para que el ser que crecía dentro de ella las escuchara.

- Seré quien guíe tus pasos junto a tu padre, quien te enseñe a luchar por tus ideales, quien seque tus lágrimas cuando algo triste no te permita sonreír o cuando ese llanto sea de alegría celebraré también y si algo llegara a suceder, debes saber que estaré contigo siempre, física o espiritualmente estaré para alentarte, para ayudar a tu papi a que siga recorriendo el camino en busca de sus sueños, de los tuyos pero jamás olvides que te amé, te amo y te amaré… sin importar el espacio o el tiempo en el que yo esté. Siempre lucharé por que sientas mi amor. Gracias Dios por permitirme dar vida a otro ser.



Y así, con una serie de palabras casi imperceptibles, entre promesas y deseos cayó en un profundo sueño, consiguiendo regalarle un poco de paz a su mente, esa paz que necesitaría para cuando las circunstancias lo ameritaran, cuando el dolor físico no pudiera aminorar con una siesta.

Capítulo 25. Opción A.





Los Cabos, San Lucas, Baja California, México


Regina despertó temprano después de pasar toda la noche pensando y soñando con el futuro que tiempo atrás visualizó. Llenó la tina y con cuidado se metió en ella. Se bañó, vistió y soltó su cabello.

- Hoy es el cumpleaños de mamá, pequeñitos, tengo 25 años 


Su celular comenzó a sonar, era un mensaje de Javier: “Hermanita, feliz cumpleaños, en unos minutos estoy contigo”. Sonrió, guardó el celular en un bolso que compró el día anterior. Se miró en el espejo y contempló su cuerpo, había cambiado todo, sentía mucho amor, tanto, que además del suyo dos corazones latían dentro de ella al mismo tiempo, al mismo ritmo.

Un golpe en la puerta la espabiló. Abrió la puerta.

- ¡Javier! ¿Para que me enviaste mensaje si ya no ibas a tardar?

- Hola, hermanita, estoy muy bien ¿y tú? –sonrió – ¡Feliz cumpleaños! Te quiero mucho, Regina –se acercó a su vientre- y a ustedes también niños, ya quiero conocerlos

- Gracias Javi, soy feliz de estar con ustedes 


Lo abrazó. Estaba de espaldas a la puerta abierta. Alguien más se unió a ese abrazo. Volteó.

- No puede ser ¿No tenías que preparar tu tesis?

- ¿Crees que no soy lo suficientemente inteligente y hábil para terminar pronto y venir a ver a mi mejor amiga?

- Fabiola, gracias por venir 


Se abrazaron. Javier cerró la puerta.

- Bueno ¿Qué haremos para festejar?

- No sé, últimamente me canso demasiado, prefiero una comida a orillas de la playa o algo así

- Está bien hermana, Javier ¿me acompañas por la tarjeta de mi habitación, por favor?

- Sí, vamos. Regresamos pronto

- Pero ¿reservaste otra? ¿para qué? ¡quédate conmigo!

- Es que compré el boleto del avión en paquete con la reservación del hotel y por eso, pero pediré una muy cerca de la tuya –sonrió –te quiero 


Salieron de la habitación. Caminaron por el pasillo.

- Javier, debo decirte algo. Para empezar, no fui yo la de la idea ¿recuerdas que iba a venir Bruno?

- Sí, me dijiste por teléfono hace un par de días ¿por qué?

- Ya no vendrá. Resulta que Emilio está aquí, recién se enteró de todo y viajó, nos encontramos y platicamos mucho sobre lo que pasó, después fuimos con Bruno y conversaron… él cree que es Emilio quien debe estar aquí y no él, por eso se lo dio

- No puedo creerlo, que gran tipo es Bruno pero ¿por qué Emilio no la buscó antes?

- No sabía, se enteró recién. Javi, sé que es difícil aceptar que llegue después de todos estos meses pero se aman, ayer noté en su mirada tanto amor que quería llorar al escucharlo

- Lo sé, el amor que se tienen es de esos que salvan, de esos que hacen historia –suspiró -¿Dónde está?

- En mi habitación, iba a bañarse para ir a buscarla y hablar con ella

- Me preocupa Regina, no sé como reaccionará pero de algo estoy seguro… ella es valiente y decidida pero él le hace falta, lo veo en su mirada

- Deben solucionarlo, además fue Regie quien se alejó de él sin decirle algo, llegó el momento de que luche por su vida, por sus pequeños y por el amor


Siguieron conversando. Regina recibió la visita de sus papás en la habitación y todos fueron al restaurante a desayunar. Emilio no se apareció. Salieron a caminar, recorrieron el malecón.

- Ya me cansé, recuerden con son dos y de casi 8 meses

- Tienes razón, Regie, descansemos y regresamos después al hotel porque en la noche vamos a ir al arco de Cabo San Lucas

- Me encantaba de pequeña pero estoy muy cansada –sonrió 


Sonó su celular. Contestó, era Bruno. Se alejó para hablar.

Llamada telefónica.

- Hola, Bruno

- Hola hermosa ¡Feliz cumpleaños! Me gustaría estar contigo pero no puedo, espero que sea un día mágico y que seas valiente y luches por tu futuro

- Gracias Bruno –dijo tartamudeando – no sé porque me dices eso

- Porque ha sido mucho tiempo el que has estado así, con recuerdos, con sueños que crees frustrados. Te amo, no lo olvides y nos vemos cuando regreses


Colgó.

- ¿Qué pasó? ¿Quién era?

- Bruno, su llamada fue extraña. Fabi, quiero caminar un momento

- Te acompaño

- Sola… no te enojes pero necesito un poco de soledad y aire fresco, regreso en un par de horas

- Está bien pero llevas el teléfono por cualquier eventualidad –la abrazó –nos vemos en un rato, les avisaré a tus papás y a Javi

- Gracias, te amo hermana 



Fabiola se alejó y Regina se acercó a donde el mar llegaba para sentir esa mezcla de agua y arena bajo sus pies. Respiró profundamente, una y otra vez. Miraba hacia el horizonte.

- ¿Cómo estarás, Emilio? Te extraño tanto… creo que todo esto sería más fácil contigo, a vece sueño que acaricias mi vientre, que me besas por las mañanas y juntos planeamos cómo decoraremos la habitación de nuestros pequeños pero no estás y tuve la culpa, por no decirte, por no querer que estuvieras cuando tuviera que irme 


Comenzó a llorar. Se sentó a la orilla del mar, besó el dije que le dio Menita antes de morir.

- Tengo tanto miedo de morir y no conocerlos, quiero verlos crecer, enamorarse, sus logros académicos, estar ahí cuando tropiecen y tal vez no podré 


Su respiración entrecortada debido a los suspiros por el llanto comenzó a ser más pausada.  Cuando había logrado tranquilizarse decidió pararse y seguir caminando. Le costó trabajo pero se levantó y caminó. A lo lejos vio que la poca gente que había en la playa se acercaba a ver algo en la arena. Se apresuró, la curiosidad la impulsó a llegar rápido. Leyó.

- “Come what may, I’ll love you until my dying day (Pase lo que pase, te amaré hasta el día de mi muerte)” 


La gente se alejó. Regina se quedó contemplando la frase y suspiró. Deseaba que fuera para ella.

- Te amaré siempre, pase lo que pase


Regina, sin voltear, comenzó a llorar al escuchar esa voz. No quería dar un paso más por miedo a que el sueño terminara, con temor de no escuchar más esa voz.

- “I want to vanish inside your kiss (Quiero desaparecer dentro de tu beso)”


Sonrió y cerró los ojos. Sintió la respiración de alguien en su nuca. Tomó su mano, se estremeció con el contacto. No había duda, solo alguien podía provocar eso en ella.

- Perdóname Regina 


Regina volteó, seguía con los ojos cerrados.

- No quiero que al abrir los ojos desaparezcas

- Estoy aquí, no me iré 


Abrió los ojos. Lo miró sin decir una sola palabra. Tocó su cara, deslizó una mano hasta su pecho, quería sentir el latido de su corazón, el calor de su piel.

- Emilio


Comenzó a llorar.

- Pensé que no volvería a verte, perdón, no quise desaparecer así

- Te amo, Regina, te amo, estoy aquí y estaré siempre, gracias por estar en mi vida, por devolverme la fe, por ayudarme a volver a amar, gracias por… 


Se hincó. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Colocó las manos en su vientre.

- Gracias por convertirme en padre 


Regina lo tomó de las manos, le pidió que se levantara.

- Emilio, perdón, no quería que sufrieras

- Eso no importa, soy un gilipollas por no buscarte antes, perdóname a mí, me he perdido de tanto

- Emilio… voy a morir

- No, Regina, no digáis eso, juntos vamos a luchar, es solo una prueba, lo sé, permitidme estar con vosotros, permitid que siga siendo parte de vuestra vida

- Lo eres desde hace tiempo, nos pertenecemos

- Te he echado de menos

- Abrázame, no me sueltes, no te alejes 


Emilio la abrazó. Ella sentía protección entre sus brazos.

- Sé que hice cosas mal, cometí muchos errores pero tu amor me ayuda a querer más del futuro, desafiar el destino, a ser mejor persona, no quiero que pienses que soy una persona obsesiva es solo que ya eres parte de mi vida

- Perdonadme, prometo pelear contra lo que sea por cuidarte, por elegirte, porque me cuides y me elijas porque eres parte de mí, siempre lo fuiste, sois la mujer de mi vida

- Te amo, Regina, no me cansaré de decirlo

- Hasta mi final y aun así, seguiré amándote, lo prometo

- Hasta siempre, porque no hay final cuando se ama 


Emilio besó con ternura a Regina. Ambos esperaban ese momento, tanto como la primera vez en aquel viaje escolar, querían que perdurara, que no terminara. Con una mano la sostenía de la cintura y con la otra tocaba el vientre crecido que separaba sus cuerpos pero unía sus almas.

- No quiero morir, Emilio, no quiero dejar a nuestros pequeños, no quiero dejarte

- No pasará eso Regina, intentaremos con la cirugía, seguirás las indicaciones para que todo resulte bien y no haya complicación en la operación… Espera ¿qué has dicho? ¿nuestros pequeños? ¿nuestros hijos? ¿son más de uno?


Regina asintió sonriendo.

- Son dos, por eso el tamaño enorme del vientre pero soy feliz, creo que el amor aumenta con cada día que pasa

- ¡Dos! Madre mía ¡son dos! Gracias, amor –la besó –gracias hijos, ansío conocerlos, cuidarlos, que sus manitas aprieten la mía, gracias por tanta felicidad, no has hecho más que regalarme vida desde que te conocí


Comenzó a sonar el celular, eran mensaje de texto de su mamá y Fabiola.

- Creo que es momento de regresar al hotel, oye ¿cómo es que estás aquí? ¿quién te dijo?

- En cuánto me enteré de todo, viajé a México. Fabiola me dijo que estabais aquí, debo decir que le agradezco a Bruno

- ¿A Bruno? ¿Qué tiene que ver él en esto?

- Él… lo conocí, hablamos, me dijo que te… demasiadas cosas y me ha obsequiado el ticket que ocuparía para venir y es por eso que estoy aquí hoy

- ¿En serio hizo eso? Pero él…

- Él te ama y por eso lo hizo, es un tipazo, debo admitirlo, además él ha cuidado de vosotros

- Sí, él está al pendiente de mi tratamiento y del embarazo pero gracias a Dios te tengo a ti conmigo otra vez, no te vayas

- No lo haré, tampoco lo hagáis que no soportaría estar otro día más sin ti, sin vosotros. Perdonadme.

- Emilio, fui yo quien se fue hace meses, la que no tuvo el valor de decirte la verdad

- Y yo no acudí en tu búsqueda

- Todo está bien, lo prometo

- Te amo, hasta siempre

Se abrazaron. Caminaron hacia el hotel donde se encontrarían con su familia. Llegaron, Emilio habló con ellos, ofreció disculpas y prometió, una vez más y ante ellos, cuidar siempre de Regina y de sus pequeños hijos. Al caer la noche, fueron al arco de El Cabo, San Lucas en donde, al bajar de la embarcación que los llevó, escucharon aquel mito de que ahí es donde la tierra termina y comienza la eternidad, cuentan que las almas de aquellas parejas que se juren amor para siempre en ese lugar se fundirán en una sola y cualquier barrera de tiempo, espacio, carnal y de pensamiento será derribada para seguir, pero ellos son mortales ¿cómo podría su amor salvar sus vidas?