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"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

jueves, 23 de junio de 2011

Capítulo 12.

24 de Diciembre. Cena de Nochebuena, Ciudad de México.


Casa de Regina y familia.



Mamá de Regina. “Me alegro que ya estés en la ciudad, hija. Discúlpanos por no decirte lo de tu abuelo pero no queríamos que tuvieras un mal viaje ni que adelantaras tus labores en España.”


Regina. “No te preocupes, me dolió mucho pero luego de ir a su tumba me di cuenta que seguirá al pendiente de mí, aunque no pueda verlo más…”


Papá de Regina. “Mi padre solía decir que la muerte era el descanso del cuerpo, que el alma se quedaba y creo que así será ahora que no está. ¿Has leído la carta que te escribió el abuelo?”


Regina. “¿Cómo saben de la carta?”


Papá de Regina. “Bruno nos dijo que tu abuelo escribió algo para ti. Ese muchacho se portó muy bien, siempre al pendiente de mi papá a pesar de que no era su área. ¿Por qué no le das una oportunidad? Desde hace años ambos deseaban estar juntos.”


Regina. “Papá… ya te dije, la distancia es un factor detonante para el funcionamiento de una relación y luego, yo estoy bien con Emilio. Espero pronto puedan conocerlo, él es…”

Sonó el timbre, Regina se levantó para abrir.

Regina. “¿Bruno? ¿Qué haces aquí?” –volteó a ver a sus padres.


Afuera se escuchan risas. Javier llegó tomado de la mano de su novia.


Javier. “Mira que si lo dejas afuera, va a pescar un resfriado, ¡eh!”

Bruno. “Lo siento, pensé que sabías… tus padres me invitaron.”


Entraron.


Javier. “Mira hermanita, ella es Celeste, mi novia.”


Una joven alta y bonita, de semblante dulce.
Celeste. “Hola Regina, ya deseaba conocerte.”

Regina. “Yo también, ¡wow! Mucho gusto y bienvenida a la familia.”


Celeste. “Muchas gracias.”

Regina volteó a ver a Bruno quién saludaba a sus padres.


Regina. “Él es Bruno, un viejo amigo.”

Celeste. “Sí, lo conocí hace unos días en el hospital. Hola Bruno.”


Se saludaron y sentaron para cenar.


Luego de un par de horas transcurridas, se encontraban en la sala conversando. Regina y Bruno salieron a tomar el fresco. Conversaban de todo un poco, Bruno se acercaba a ella lentamente.


Regina. ”Bruno, gracias por lo que hiciste por mi abuelo. Siempre supiste que él significaba mucho para mí. Éramos muy cercanos y en verdad aprecio que estuvieras al pendiente de él a pesar de no ser tu área.”


Bruno. “No agradezcas, yo estimaba a tu abuelo, además que al estar junto a él esos días, me hizo bien; sentí que  estabas conmigo, que estabas cerca y jamás nos alejamos.”


Regina lo abrazó. Bruno solo pudo corresponder el abrazo con más intensidad, como si no quisiera dejarla ir. De hecho, eso quería.


Bruno. “Estás helada, vamos adentro.”
Regina. “¡No! No quiero entrar, no aún.”
Bruno. “¿Recuerdas?... Me doy cuenta de que me faltas y de que te busco entre las gentes, en el ruido, pero todo es inútil. Cuando me quedo solo, me quedo mas solo, solo por todas partes y por ti y por mí.”


Ella sonrió.


Regina. “No hago sino esperar. Esperar todo el día hasta que no llegas. Hasta que me duermo y no estás y no has llegado…

Bruno la tomó de las manos, las acercó a su boca, rozándolas mientras decía las líneas de aquel poema.

Bruno. “…y me quedo dormido y terriblemente cansado, preguntando. Amor, todos los días. Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta


Regina. “Me doy cuenta de que me faltas, Jaime Sabines.”


Bruno. “Déjame seguir en tu vida, déjame ser parte de ti.”


Regina. “No es tan fácil; ya estoy con alguien y estamos bien. Lo amo.”


Bruno. “¿En verdad lo amas? ¿Sabes qué es eso? ¿Le extrañas justo ahora? ¿Sus corazones laten a la par? ¿Tu respiración y la de él están sincronizadas? ¿Puede él hacer que tiembles al hablarte al oído, al rozarte los labios?”


Se acercaba a ella, le hablaba al oído, la abrazaba de la cintura. Regina respiraba entrecortadamente.


Regina. “No sigas, no lo hagas difícil.”


Bruno. “Dime que no has pensado en mí, acepta que esa noche no significó algo y fue solo sexo. Dime que no fui algo para ti.”


Regina empezó a llorar.

Regina. “No puedo. Me haces dudar. Te odio.” –le dio un golpe en el pecho.

Bruno. “Yo te amo, eso es lo que sé.”


La tomó de la cara y la besó con desesperación. Regina seguía golpeando su pecho pero cedió y lo besó con más mesura.



Javier se asomó por la ventana y vio la escena. Decidió no salir.


Bruno y Regina seguían besándose.  A cada instante volvían a la época de años atrás en donde un beso era lo único que deseaban, cuando las paredes de la escuela eran cómplices de su incipiente romance adolescente.


Regina. “¿Así será cada vez que nos veamos?."



Bruno. “...Pide permiso a tus papás, hay algo en mi departamento que quiero mostrarte, pondré a prueba tu memoria.”


Regina. “¿Qué es? No creo que me dejen, se supone que vine a pasar tiempo con ellos y ahora resulta que me voy.”


Bruno. “Yo pediré permiso, ¿sí?, ya regreso.”
Bruno entró a la casa y habló con los padres de Regina. Entró para hablar también con ellos.

Regina. “Si quieren no voy, además ya es tarde y…”

Mamá de Regina. “Con cuidado, recuerden que hay cada loco en la calle en estas fechas.”


Regina se sorprendió, su mamá la llevó a la cocina.


Mamá de Regina. “Protéjanse, eh. Soy joven para ser abuela.”


Regina se sonrojó.


Regina. “¿Qué?... ¡Mamá!”

Mamá de Regina. “No nací ayer, solo te digo que te cuides.”

Regina. “¡Ay, má! No se te va una, ¡eh! Trataré de no llegar tarde. Los quiero.”


Se fueron en  la camioneta de Javier al departamento de Bruno. Llegaron, Regina dejó su bolsa en un sillón.


Bruno. “¿Quieres algo de tomar?.”

Regina. “¿Café?.”

Bruno. “No te noto convencida, pero hay de cafetera, con las prisas que tengo siempre no tengo tiempo de prepararlo.”

Regina. “Sí, no importa… ¡Wow! ¡Qué ordenado! Demasiado para ser soltero. ¿Seguro que no tienes mujer?.”

Bruno. “No. Me la paso en el hospital, es por eso que todo está intacto aquí.” –le da la taza de café. –“Ven, quiero mostrarte algo.”



Tomó de la mano a Regina y la llevó a una recámara, ahí guardaba sus libros y algunos  reconocimientos obtenidos. Solo había un diván, muchos cuadros y dibujos pero había uno que ocupaba la mitad de una pared, cerca de una ventana.

Regina. “Todavía tienes el dibujo. ¡Increíble! Pensé que lo habías tirado.”

Bruno. “No, de hecho, esa es ampliación, el original está resguardado. Siempre con ese semblante tan divertido. No cambias.”


Regina. “Cambié Bruno, tú lo hiciste también; sería absurdo que nos quedáramos así como adolescentes.”




Regina se acercó al dibujo enmarcado, lo tocó, luego se tocó la cara. Trataba de asimilar las diferencias entre el dibujo, su tacto y el reflejo en el vidrio del cuadro.





Regina. “Gracias. De pronto, recordé muchas cosas. Es lindo eso. A veces, uno se olvida de lo que fue, de lo que vivió… detalles como éste me han hecho regresar.”


Bruno. “Es que nunca te has ido.”


Se acercó a Regina y la besó nuevamente. Pareciera que ella en verdad se había olvidado de lo vivido en Madrid y se estancaba en el pasado.





Poco a poco, entre besos y caricias, mientras él le decía palabras de amor al oído, fueron despojándose de sus ropas. Él besaba su cuello lentamente y regresaba a sus labios para besarlos con ternura.

Bruno. “Te amo.”





Regina echó hacia atrás su cabeza; se recostaron en el diván. Ella lo besaba con desenfreno, él trataba de calmarla, como era usual en ellos.





Bruno. “Sólo bésame lentamente…





Al día siguiente despertaron cubiertos con una cobija, Bruno la abrazaba. Un rayo de luz del sol que recién aparecía en ese lado del mundo hizo que ella despertara. Se sentó en el filo del diván.








Regina. “¡Ay no! ¡Soy una idiota! ¿Cómo pude hacer esto?.”





Volteó a ver a Bruno, su semblante era de paz y felicidad.





Regina. “Lo que siempre critiqué lo hice ayer, engañé a Emilio. Soy una estúpida, ¿Cómo pude? Soy una fácil.”





Bruno despertó, se incorporó y abrazó a Regina. Él estaba sonriente.





Bruno. “Buenos días, amor.”





Regina. “¿Siempre va a ser así? Cada vez que nos veamos, hablamos, nos besamos, un poco de sexo ¿y adiós?.”





Bruno. “No tiene que ser así, podemos no decir adiós si decidimos estar juntos. Yo te amo y sé que eres la mujer de mi vida. Supongo que ahora no quieres casarte o tener hijos pero puedo esperar, sólo quiero estar contigo. Amarte, despertar a tu lado todos los días, prepararte el desayuno y cuidar de ti…”





Regina. “Bruno. Perdón. No debí hacer esto. Yo… no sé qué pasó por mi mente cuando accedí a venir a tu casa, sabía que esto pasaría. Me siento mal, en serio, perdóname. ”





Bruno. “No hay nada qué  perdonar; anoche fue increíble. Tranquila, sé que tienes miedo y yo puedo ayudarte; por favor, no me alejes.”





Regina. “Lo siento, me siento confundida. Tengo novio y me espera en Madrid, el hecho de que no esté aquí no quiere decir que no piense en él, que no le extrañe.”





Bruno. “Pues ayer no se notó que lo extrañas.”





Regina. “¿Ves? Es que, a eso me refiero, no sé qué pasó. Yo lo amo pero estar contigo, me ha hecho recordar muchas cosas, me siento bien, segura. Tú me conoces perfectamente pero ya pasó nuestro tiempo. Perdóname, en verdad no quiero que cada vez que nos veamos suceda esto. Yo te quiero,  lo sabes pero no quiero hacerte daño ni dañar a Emilio, tampoco quiero confundirme.”





Bruno. “Déjalo. Aún sientes algo por mí.”





Regina. “No voy a dejarlo. Bruno, gracias por el momento, por los detalles, gracias por lo de mi abuelo pero ya no puedo verte.”





Bruno. “¿Temes caer en la tentación una y otra vez? Digo, se te da muy bien.” –con el orgullo herido comenzó a hablar golpeado. –“La última vez dijiste que fue un error y mírate, desnuda otra vez luego de una noche de sexo.”





Regina comenzó a vestirse, no quería escucharlo.





Bruno. “Tal vez es lo mejor, y vístete rápido porque no tarda en llegar Jessica. No quiero que se enoje si te ve aquí.”





Regina. “¿Qué? ¿Estás con Jessica? ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Eres un imbécil!.”





Bruno. “¿Disculpa? ¿Acaso yo te he preguntado por Don Perfecto? ¡No! Entonces, ¿por qué debía contarte yo con quien me acuesto o no?.”





Regina. “No sé por qué pero me duele… En tu vida vuelvas a buscarme, me has hecho sentir basura. Ve con Jessiquita, dile que sacie tus necesidades; yo no soy mujer para un rato y lo de ayer fue un error. Hasta nunca, Bruno. ¡Vete al diablo!.”





Regina salió del departamento enojada y llorando; subió a la camioneta y manejó hasta casa de Fabiola.  Encendió la radio y lloraba más, no distinguía la canción que sonaba. Le marcó a Fabiola y pidió que saliera, que la acompañara a tomar un café.





Fabiola salió y subió a la camioneta gritando “¡Feliz navidad!”, grito que cesó cuando vio su cara.





Fabiola. “¿Qué te pasó? ¿Qué tienes?”





Regina. “Engañé a Emilio.”





Fabiola. “¿Qué hiciste qué? ¿Con quién? ¿Cuándo?.”





Regina. “Con Bruno.”





Fabiola se quedó boquiabierta.





Regina. “Tu cara lo dice todo, sé que estuve mal. Es que esos detalles que tiene conmigo provocan que caiga. Él es tan romántico aunque sé que ya no siento lo mismo por él, pues… es sexy y muy lindo, pero…” –gritó –“¡Lo odio!, ¿Sabes que me dijo? O sea me trató después como si fuera una más, como si fuera una… una… prostituta, un juguete; luego me dijo que está saliendo con Jessica.”





Fabiola. “¡Ay amiga! No sé qué decirte esta vez, sabes que no estuviste bien, tienes novio y según tú, ya no sientes nada por él y vuelves a lo mismo. Y sobre lo de Jessica… ¿Qué es lo que te enoja? ¿Querías que te esperara por siempre sabiendo que estás empezando algo nuevo en España?.”





Regina. “¡Ah, gracias, Eh! Al parecer ahora tu mejor amigo es él.”





Fabiola. “Tú eres mi hermana, no mi amiga, pero como tal debo hacerte ver que estás mal. Pero dime, ¿Se lo vas a decir a Emilio?”





Regina. “No sé, él ha sido tan lindo que tengo miedo. No quiero que eso acabe. Me siento mal, soy débil.”





Fabiola. “Un “polvo”, como dicen en España, no es tan grave pero si lo es que hayas involucrado el pasado; no puedes vivir en él, siento que aún no lo dejas atrás.”





Regina. “No sé… Ya, vamos por el café que debo regresar a casa, diré que pasé la noche en tu casa, eh.”



Bajaron a pedir café para llevar. Llegaron a casa de Regina y almorzaron, nadie preguntó por Bruno pero intuían que algo no estaba bien pues había rechazado la invitación para ir a almorzar con ellos. Conversaban sobre sus experiencias en España, comentaban sobre ello.

Sonó el timbre.

Regina. “Yo voy. ¿Vale?. Javi, por fa sírveme un poco más de jugo.”

Abrió la puerta. Una pequeña caja estaba en el tapete. La abrió, una mariposa blanca salió volando. Regina sonrió. Había una tarjeta, la leyó.

Regina. “Espero haber volado al lugar correcto.”

Se asomó para ver si veía a alguien pero no había alguien cerca. Entró a casa.

Fabiola. “¿Quién era?.”

Regina. “Creo que Emilio me envió algo.”


Sonó el timbre de nuevo. Javier fue a abrir.

Javier. “Regina, te buscan…”

Regina. “¿Quién?” –se acercó a la puerta. Gritó. –“¡Emilio!”


Corrió hacia él y lo abrazó. Se dieron un beso tierno, luego él besó su frente.

Emilio. “Te he extrañado, Regie. Decidí venir a verte y conocer un poco de tu mundo aquí.”

Fabiola. “Vaya, vaya. Teacher, ¿Qué tal le va?.”

Regina. “¡Fabiola!. Familia, les presento a Emilio Cortés, mi novio.”

Mamá de Javier. “Hola Emilio, mucho gusto. Yo soy la madre de Regina.”
Papá de Regina. “Hola muchacho, yo soy el papá. ¿Trabas, estudias?.”
Regina. “¡Madre mía! ¡Qué pena!.”
Emilio. “No os preocupéis, hermosa. Mucho gusto, soy Emilio y sí, trabajo y estudio.”

Javier. “Hasta que puedo conocerte, sólo te veía en fotos. Soy Javier, tu cuñado.” –lo abrazó.

Emilio. “Hola Javi, qué gusto conocerte. Bueno, espero no incomodaros con mi presencia pero todo fue improvisado.”

Regina. “No te preocupes, eres bienvenido, esta es tu casa, pero ¿cómo conseguiste la dirección?.”

Emilio. “Bueno… tengo acceso a la información de los alumnos en la universidad.” –sonrió.

Regina. “Oigan, disculpen que los deje pero quiero salir a caminar con Emilio, regreso en un rato, lo llevaré a comer delicias mexicanas.”

Mamá de Regina. “Pero hija, el pobre ha de estar cansado, deja que duerma un poco.”

Emilio. “He dormido durante el viaje; me apetece ir a conocer vuestra ciudad.”

Regina. “No se diga más. Javi, me llevo tu camioneta.”


Emilio se despidió de todos con la promesa de volver en unas horas.

En otro lado de la ciudad.

Jessica. “Explícame que hace esta blusa de mujer aquí. ¿Con quién estuviste?.”

Bruno. “Jessica, tengo jaqueca, no empecemos con los gritos, por favor.”

Jessica. “Si no supiera que la hippie esa esta en Europa, juraría que es ella quien estuvo aquí, este tipo de prenda es de su estilo horrible.”


Miró a Bruno luego al cuadro algo movido en donde estaba el dibujo del retrato de Regina.

Jessica. “¡No, no puede ser! ¿Crees que soy idiota? Te acostaste con esa y creían que no me daría cuenta, ¿me quieres ver la cara?.”

Bruno. “¡Caray! ¿Qué parte de tengo jaqueca no has entendido? Además, nosotros no tenemos una relación. Sólo es sexo casual.”

Jessica. “Eres un idiota, Bruno. Y luego por esa… es lo que más me enoja. ¿Sabes qué? Luego nos vemos.”


Enojada salió. Fue a un café con terraza para calmarse un poco y almorzar.


Emilio. “Capuccino, por favor.”

Regina. “Para mí, un latte por favor y una orden de galletas con chispas de chocolate.”

De pronto, Regina se paró para quitarse el abrigo, alguien la había visto y se dirigía a ella.

Jessica. “¡Eres una ofrecida! ¿Este es tu próxima víctima? ¿Dejarás tu ropa en su casa también? ¡Entiéndelo, aquí nadie te extraña! No vuelvas a acercarte a Bruno y si quieres una noche de pasión, pídeselo a alguien más.”

Jessica se fue divertida por la expresión con la que dejó a Regina.

Emilio. “¿Qué ha sucedido?.”

Regina. “Perdón, Emilio, perdóname.”


Regina comenzó a llorar y salió de la cafetería. Emilio pagó y salió tras ella.


Regina. “No merezco que hayas venido a buscarme, no merezco que seas así conmigo. Perdón.”


Emilio no entendía, Regina solo lloraba y se aferraba a él.


Regina. “Emilio… ayer pasé la noche con Bruno, el hombre que estuvo en mi vida desde mi adolescencia.”


Emilio se separó de ella, la miró absorto. Movía la cabeza en forma negativa. Suspiró y caminó en sentido contrario a Regina.


Regina. “Emilio, por favor, perdón, no sé qué sucedió. No sé por qué lo hice.”


Emilio se detuvo y la miró.


Emilio. “Regina, ¿por qué? ¿Por qué hicisteis semejante cosa?. Yo te amo.”

Regina. “Y yo a ti pero no sé… Estoy confundida. Venir aquí, reencontrarme con el pasado, con mi vida antigua, las cosas que pasaron.”

Emilio. “Regina, te amo pero no puedo estar siempre con la duda e incertidumbre respecto a tus sentimientos por él. Quiero saber que esto es de verdad, que no soy un simple sustituto.”

Emilio la abrazó. Regina lloraba.

Emilio. “Te amo y quiero formar una familia contigo, pero si no estás segura, dímelo, lo entenderé.”

Regina. “Si quiero, pero por favor, perdóname.”
Emilio. “No me pidáis eso, te entiendo, estás en una etapa de transición, estás confundida pero que no suceda de nuevo, intentemos seguir adelante y admitir que eso ha sido un error, ¿vale?.”

Regina. “Te amo, eres el hombre más bueno que he conocido.”


Emilio y Regina se abrazaron. Quizá para muchos les resulte difícil entender que aceptara ese desliz pero Emilio había sufrido mucho como para perder a la persona que comenzaba a amar intensamente por un error.

Esa noche, Bruno le propuso matrimonio a Jessica, se disculpó por lo que pasó y decidieron olvidar todo por el bien de la nueva etapa como futuros esposos.





¿Quién no ha perdonado un error por amor? ¿Quién no ha decidido dejar de mirar atrás y amar una vez más?

3 comentarios:

  1. Eres una mujer muy talentosa, escribes de una manera increíble! No puedo dejar de leer, sigue así, que personas como tú deberían de abundar! Felicidades y Gracias!

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  2. Me ha encantado en serio me encanta como haces que la historia nos trasmita un sin fin de sentimientos, sigue asi, felicidades y gracias!

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  3. puki... este capitulo ne especial me hizo pensar y recordar muchas cosas... me encanta! sabes lenar la pupil ay el corazon de el que lo lee, tienes talento , y no lo digo x ser tu hermana del alma, is no por que es la verdad, TE AMO "HIPIE" jaja, Ü soy fan!

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