Enlaces de "Después de ti"

"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

miércoles, 20 de julio de 2011

Capítulo 15.

(Reproducir: http://www.youtube.com/watch?v=wA4ppvp2IzY)


Caminaban por la plaza, volvieron a la explanada donde una noche antes la gitana los había visto, donde bailaron y donde Regina se desvaneció antes de llegar a ver a la mujer vestida de hada. Abrazados y en silencio avanzaban con paso lento.

Hada. “Lo sabía, la segunda vez llegarían juntos”

Voltearon. Estaba aquella mujer vestida de hada.

Emilio. “¿Disculpe?”

Hada. “Perdonen mi intromisión. ¿Son de España?”

Emilio. “No os preocupéis y sí, soy de aquí, de Barcelona, pero ella es de México”

Regina sonrió.

Hada. “México, grande y estresante pero histórico y emocionante. Soy Mexicana, también”

Regina. “¿De verdad? ¡Qué gusto! ¿De dónde?”

Hada. “Reynosa, Tamaulipas. ¿Conoces?”

Regina negó con la cabeza.

Hada. “Elijan una carta. La leerá alguno de los dos. Se dice que cada quién elige su destino; segura estoy que en la carta no contiene una premonición pero si una pista de lo que es el amor.”

Regina sonrió y miró a Emilio; él le hizo señas de que escogiera la carta. La desenvolvieron. Emilio comenzó a leer.

Emilio. “El único amor que nunca muere, el único amor que supera incluso a la muerte es ese pacto sagrado de las almas por el que ambas se ayudan en su evolución, por las que ambas se respetan para que puedan ser libres y a la vez solidarias entre sí.”

Le entregó el papel a Regina para que siguiera leyendo.

Regina. “Si quieres que tu amor sea realmente inmortal, no ahogues con tu abrazo la libertad de tu amante y que vuestro pacto sea siempre el del mutuo crecimiento. Que vuestro amor os de fuerzas para volar muy alto como las águilas en el cielo, trazando círculos en el cielo y también para saber volar en solitario sin apegos y sin miedos”

Hada. “Solo así vuestro amor podrá ser realmente eterno porque no solo será alimento y gozo para el cuerpo sino fuerza para vuestro espíritu”

Regina y Emilio se abrazaron.

Hada. “Percibo magia en ustedes, estoy segura que será una relación que traspase muchas barreras, incluso las de la muerte. Solo les queda cuidar de su amor, detener el tiempo cuando ustedes crean que corre y los deja.” –sacó del bolsillo de su vestido un reloj –“Esto es un reloj de bolsillo, es una reliquia, cuando lo adquirí en la Noche de San Juan en las Islas Baleares me dijeron que había pertenecido a un hombre que podía regresar el tiempo y poder estar con su amada otra vez; la mujer que él amó murió y él no se repuso de su pérdida, era un amor que podía “mover montañas”, un amor intenso, profundo y sincero. Él decidió fabricar un artefacto que lo transportara a los momentos en los que ellos estaban juntos, cuando ella aún estaba. Creó así este reloj para poder regresar a ella cada que lo deseara. La magia de su amor provocó que lograra su objetivo pero la última vez que regreso el tiempo para estar con ella, se quedó suspendido en ese “viaje”. Luego de unos días, lo encontraron sin vida y con el reloj cerca de él.”

Regina. “Interesante y… triste. Entonces, ¿Existieron?”

Hada. “Sí, así que cuando adquirí esta reliquia me dijeron que quien poseyera el reloj de nuevo, podía hacer magia con el tiempo.”

Emilio miraba sin decir algo, hasta que la mujer vestida de Hada logró captar su atención.

Hada. “Hago esto porque me han alegrado el alma con sus miradas llenas de amor; es difícil de entender pero hay amores que ayudan a otros a creer, que incitan a otros a vivir. Confío en que su amor es uno de esos, por eso, a ti muchacho, te obsequio este reloj”

Le entregó el reloj de bolsillo.

Emilio. “¿Por qué a mí?”

Hada. “Porque sé que lo necesitaras. A ella no le preocupa el tiempo, a ti sí. Consérvalo y cada que te sientas temeroso por el transcurrir del tiempo, tómalo y recuerda los momentos más preciados que deseas guardar para así hacer el paso del tiempo más aceptable”

Emilio miró el reloj, Regina sonreía. Ella le dio la mano en señal de despedida a la mujer vestida de hada, ella tomó ambas manos. Emilio seguía mirando el reloj sin hablar.

Hada. “Niña, disfruta de la vida; no malgastes energías en tonterías, haz lo que creas que alimentará tu alma”

Regina. “Muchas gracias, amable desconocida y paisana. Me alegraste la mañana.”

Emilio. “Gracias, disculpad mi asombro. Prometo asimilar todo, gracias por las palabras y por el reloj pero no puedo aceptarlo”

Hada. “Sí, si puedes. Ya lo hiciste porque sabes que si te atemoriza el paso del tiempo. Disfruten de su amor, debo irme. Recuerden magia no es la que crea la mente, la magia es el estado natural de los enamorados, lo único que crea el amor.”

Se alejó lentamente mientras Emilio y Regina la miraban con asombro.

Emilio. “Debemos creer. Te amo, Regina”

Regina. “Te amo, Emilio. Gracias por entrar a mi vida de esta manera, tan fantástica.”

Fueron al hotel por las cosas de Regina para regresar a casa de Emilio. Subieron a la habitación.

Regina. “Bienvenido a mi habitación” –sonrió.

Emilio. “Disculpadme, ¿sí?”

Regina lo silenció con un beso.

Emilio. “Cuando estuve en México no deje de pensar en el momento en el que nos conocimos, cuando te miré ese primer día de clases, cuando me senté a vuestro lado”

Regina. “Si lo recuerdo, pensé que eras otros alumno” –sonrió.

Emilio comenzó a cantar.

Emilio. “Fue un día como cualquiera, nunca olvidaré la fecha. Coincidimos sin pensar en tiempo y en lugar, algo mágico pasó, tu sonrisa me atrapó…y así sin decirnos nada, comenzaba nuestro amor…”

Regina. “Es una canción hermosa”


Emilio. “Regina, tú me cambiaste la vida. Sé que llevamos algunos meses pero sé que es a vuestro lado donde debo estar. Te amo”

Regina lo miró con ternura. Sonrió, se acercó a su oído para susurrarle algo.

Regina. “Yo también te amo”

Emilio tomó sus manos y las llevó a su pecho, sus latidos eran fuertes y constantes. Regina no dejaba de mirarlo.

Emilio. “Amo tu mirada, es tan sincera, nunca engaña. Amo tus labios, esa sonrisa traviesa. Amo tu estatura, eres pequeña y debo confesar que me provocas ganas de protegerte, siempre. Amo vuestro carácter, lo que piensas, cómo sientes. Nada se compara a ti.”

Regina. “Eres como un niño pequeño, Emilio. Me siento segura cuando estoy contigo, sé que nos complementamos… y sí, pocos entenderían como en pocos meses se ha logrado esto, pero no es el tiempo sino lo que hemos vivido, y yo contigo he aprendido tanto, sobretodo aprendí a amar”

Emilio la cargó, colocándola así sobre sus piernas. Comenzaron a  besarse, poco a poco desnudaban sus cuerpos, así como sus almas. Se acariciaban, esta era la primera vez que estaban se entregaban sin los fantasmas de sus pasados amorosos. Emilio besaba la cara y el cuello de Regina, recorría su pecho, sus brazos, tomaba sus manos. Regina se aferraba a él, le hablaba con dulzura y se dejaba amar. Una vez más, eran uno, ella lloraba de felicidad, él, secaba esas lagrimas con besos y caricias. Después de un tiempo, se abrazaron y estuvieron recostados hasta que recordaron que era el último día del año y debían ir a casa porque llegaría la hermana de Emilio y su familia. Se ducharon y vistieorn.

Subieron al auto y llegaron a casa.

Ya se encontraba la hermana, su esposo e hijo en  el jardín.

Manuel. “¡Tío!”

Gritó al momento en el que corría hacia Emilio. Él lo cargó.

Emilio. “Enano, ¿Cómo estáis?”

Manuel. “No soy enano, tío, ya tengo 5 años”

Emilio sonrió.

Manuel. “¿Jugamos? Llevadme al mar, tío.”

Emilio. “Es una promesa, iremos al mar pero ahora vamos a saludar, a preparar todo para la cena, ¿vale?”

Manuelito asintió, lo bajó y se dirigió con Regina.

Manuel. “Hola, ¿jugamos?”

Regina se puso de rodillas frente a él.

Regina. “Te propongo algo. Voy a dejar mis cosas y regreso para jugar… ¿futbol?”

Manuel. “Pero tu eres niña, las niñas no juegan futbol”

Todos empezaron a reír.

Carolina. “Te equivocas hijo, tu padre, por ejemplo me conoció en el Estadio donde juega el FC Barcelona, en el Camp Nou, porque me gusta el futbol y lo practicaba”

Se acercó a Regina y le dio dos besos en las mejillas como saludo.

Carolina. “Sois… ¿Regina?”

Regina. “Sí, mucho gusto. Regina Barceló”

Carolina. “Soy la hermana del romántico que tenéis como pareja, ¿Verdad Emilio Shakespeare?”

Emilio la abrazó.

Emilio. “Como siempre, exageráis un poco hermana. Sí, ella es mi novia, Regina.”

Manuel. “¿Tienen bebés?”

Regina se ruborizó.

Eduardo. “Hijo, ellos son jóvenes para tener hijos. Hola Regina, bienvenida a la familia”

Regina. “Muchas gracias, aprecio mucho tanto afecto”

Emilio. “¿Y mis padres?”

Eduardo. “Adentro, creo que en la recámara de visitas”



Regina se sentó por causa de un mareo.

Emilio. “¿Estáis bien?”

Sonrió.

Regina. “Sí, “de puta madre”” –lo besó.

Emilio. “Hablas como españolita” –rió –“Te amo, voy a dejar la maleta, ¿vale?”

Regina asintió. Antes de que Emilio bajara, ella entró, vio a la mamá de Emilio en la cocina y fue con ella.

Regina. “Disculpe señora. La verdad no entiendo qué he hecho mal o porque no soy de su agrado. Sus razones tendré pero en verdad, yo amo a Emilio, hoy más que nunca sé que estaba escrito en el destino que nos encontráramos”

Mamá de Emilio. “Sois muy soñadora, niña y eso, es lo que ha hecho que mi hijo vuelva a ser el de antes. Angélica, una ex novia de Emilio estuvo hoy aquí. Nosotros la queríamos como si fuese nuestra hija pero después de muchas cosas que pasaron, él cambió, ya no era el joven soñador, dedicado y con romántico que solía ser. Desde que te conoció nos llamaba o venía de visita y notamos el cambio. Él volvía a amar, volvía a abrir su corazón a alguien. Erré en mi comportamiento pero es mi niño, me duele lo que pueda pasarle y temía que vuestra edad, vuestra actitud tan libre le afectara pero he visto como se miran, como te habla y sé que no debo preocuparme. Perdonad mi proceder, y gracias por hacer que Emilio vuelva a ser quién era”

Regina sorprendida no sabía qué decir, tartamudeaba.

Regina. “Conozco la historia, justo hoy la supe. No dañaré a su hijo, porque él me respeta y me ama, así como yo a él. Solo le pido que confíe un poco, no en mí, sino en nosotros, en el amor.”

La mamá de Emilio la abrazó muy fuerte, Regina correspondió.

Emilio. “¡Madre de Dios! Me ausento unos minutos y ya sois las mejores amigas.”

Ambas ríen.

Mamá de Emilio. “Le daba la bienvenida a la familia. Sé que son y seguirán siendo felices”

Emilio se acercó a Regina y la abrazó por detrás. Besó su cabeza.

Emilio. “Así es, desde su llegada, me siento pleno, madre, ella es la mujer, es mágica.”

Regina sonrió y tomó sus manos.

Esa noche festejaron el año nuevo, Regina se comunicó con sus padres para desearles felicidad y que tuvieran un festejo agradable. Las horas no coincidían.

Y así, entre risas y algunas lágrimas se dio la bienvenida al Año Nuevo en casa de la familia de Emilio en Barcelona, con “Un año más” de Mecano amenizando el festejo.

Un año más llegaba, un año que llenaría de sorpresas las vidas de muchos.


domingo, 17 de julio de 2011

Capítulo 14.

(Reproducir:  http://www.youtube.com/watch?v=PSu5nAQ7uZw )

Despertaron en la misma habitación pero Regina dormía en la cama mientras Emilio la cuidaba desde un sofá cercano a ella. Los rayos de sol tocaron las mejillas pálidas de ella. Despertó.

Regina. “Hola, ¿por qué estás ahí? Ven, acuéstate conmigo, ¿sí?”
Emilio. “Princesa, tuviste fiebre toda la noche, ¿Cómo estás?”

Se frotó la frente.

Regina. “Pues… sin fiebre, creo. No te preocupes, seguro algo me hizo daño; no recuerdo mucho, luego de ver al hada en la plaza, después ya me encontraba aquí…”
Emilio. “Te desvaneciste, te traje aquí, mis padres te hicieron un té y me ayudaron con los fomentos de agua fría para que cediera la fiebre, bajó la temperatura pero unas horas más tarde se elevó y fue cuando te duché… así fue. Te traigo el desayuno en un momento.” –se acercó a ella, la besó –“te amo.”

Emilio bajó a la cocina para preparar el desayuno. Sus padres no estaban, habían salido a hacer las compras para la cena de ese día, la Cena de Año Nuevo. Regina le marcó por teléfono a Fabiola.

En la llamada.

-¿¡Bueno!?

-¡Hola, Fabi! Soy Regina… ¿Te desperté?

-¡Nooo! ¡Esta es mi voz sexy a las 4:00 a.m.!

-Lo siento, se me fue lo del cambio de horario, perdón…

-No te preocupes, ya hablaste, ahora no colgaré, sería desperdiciar una valiosa llamada. ¿Cómo está usted?

-Bien, bueno, un poco cansada.

-¡Sucia! Seguro te la has pasado “reconciliándote” con Emilio, ¿no?

-Para nada –ríe –La verdad es que no he querido ni besarlo como antes, me siento apenada… pero bueno, él es muy lindo, me cuida. Es que ayer me desmayé y tuve fiebre.

-¿Por qué? ¿Estás bien? ¿Comiste algo pasado (caducado)?

-No, bueno, no sé, pero justo ayer devolví el estomago en la mañana, luego comí bien pero en la noche vino el desmayo y luego la fiebre.

-¡Por los clavos de Jesucristo! Y sí…

-¿Y si qué?

-Y si estás embarazada?

-¡¿Qué?! ¡No hay manera! –ríe nerviosa –Emilio y yo nos cuidamos y… no, eso no es.

-¿Y con Bruno?

-¡Fabiola! Lo de Bruno fue hace unos días; no puede ser esa opción.

-Quién sabe, ¡eh!, hay mujeres que aseguran haber sabido que estaban embarazadas a escasas horas de haber tenido relaciones sexuales, es como un instinto muy desarrollado.

-¡Estás loca! ¡No! Ya, debo colgar que viene Emilio.

-¡Saludos al papá del hijo que no es de él! –ríe.

-¡Muy graciosa, eh! Feliz año nuevo, mensa. Te quiero.

-Yo también te quiero, pero por favor, realízate una de esas pruebas caseras, solo para salir de la duda.

-¡Joder! Que es muy pronto para saberlo, y no, no estoy embarazada, seguro tengo parásitos o algo así. Ya ¡Off!.

Finalizaron la llamada. Minutos después regresó Emilio con el desayuno.

Regina. “Pan tostado, jugo de toronja y ¿carne?”
Emilio. “Sé que no te gusta pero debéis comer un poco… ¿Jugo de toronja?”

Regina. “Sí, éste” –señaló el jugo.

Emilio. “¡Oh! Es nuevo para mí, aquí le llamamos “zumo de pomelo” pero bueno, come, ¿Sí? Debes estar saludable.”
Regina. “Gracias, en verdad no sé cómo agradecer tanta atención y cuidado, eres un ángel...”

Emilio. “No lo hagas, no debéis, te amo y aquí estaré… hablando de ángeles, ¡Quieres volver para buscar aquella hada?”
Regina. “No, creo que no es muy importante, fue un capricho de niña malcriada, es que de pequeña creía en ellas pero bueno, la magia solo vive en la mente de la gente, de los niños”

Emilio. “”Tú eres magia, el amor es magia, las serendipias que ocasionan los encuentros son un acto de magia, fe y casualidad”

Regina seguía comiendo mientras Emilio se duchaba; después de terminar, se levantó de la cama a ver el librero que estaba cerca del sillón donde había dormido Emilio. Abrió un libro y en él había una foto de él con aquella mujer de la foto que encontró un día antes. Leyó en la parte de atrás “Más allá de los cuerpos, siempre en mente y alma; te llevó en todos mis rezos, hasta sentir la calma. Te amo, Angy de la Torre”.

Regina recordó el nombre que mencionó la amiga de Emilio la noche anterior, era el mismo, además de que las siglas coincidían. Emilio salió del baño; Regina guardó el libro en su bolsa. LE sonrió, se acercó a él, se alzó de puntitas para besarlo. Lentamente, con dulzura, él, con gotas aún recorriendo su piel, la atrajo hacia su cuerpo, su frecuencia cardiaca aumentaba, su respiración se entrecortaba. Ella se quitó la blusa quedando solo en sostén y bragas.

Regina. “Ámame”

Emilio trataba de respirar tranquilamente para no errar en sus acciones.

Emilio. “Estáis convaleciente…” –Regina besaba su cuello.
Regina. “Quizá esto ayude a que mejore rápido”


Reía mientras dibujaba con los dedos formas indefinidas en la espalda de Emilio.
Él no pudo detenerse, la besó en los labios mientras caminaban hacia la cama. Se sentaron en ella sin dejar de besarse, él acariciaba su piel, olía su cabello, entrelazaba sus dedos a los de Regina.

Regina. “Eres perfecto, te amo… quiero pasar cada uno de mis días junto a ti, tener hijos, vivir juntos…”

Emilio se paralizó al escuchar eso.

Regina. “Aquí estamos, comenzando una vida nueva.”

Seguía besándolo pero él ya no respondía, ya no la acariciaba.
Emilio se levantó de la cama mientras se ponía su ropa interior. Se vistió rápidamente y llevó la maleta de Regina a una habitación contigua.

Regina. “¿Qué haces? ¿A dónde llevas mi maleta?”
Emilio. “Lo más sensato es que duermas en la habitación de visitas; por respeto a mis padres”


Regina comenzó a reír. Emilio la miró inexpresivo.

Regina. “¡Ah! ¿Va en serio? … Bien”

Tomó su bolso, salió indignada, cerró la puerta de la habitación de Emilio, se vistió rápidamente. Bajó las escaleras con su maleta y se alejó de la casa a paso presuroso.
Regina desconocía el motivo de la actitud de Emilio. Estaba enojada, desconcertada, él no era así, o eso creía ella.  Subió a un taxi  que la llevó a un hotel cerca de la plaza donde habían estado una noche antes.

En el jardín del hotel había mucha gente reunida con cámaras, mucho maquillaje y una mesa con bocadillos.


Regina. “Disculpe, ¿Qué sucede?”
Recepcionista. “¡Ah! Hay una sesión para una revista, es la modelo De la Torre”

Regina. “¿Angy? ¿Angy De la Torre?”

Recepcionista. “La misma”
Regina. “Pequeño el mundo en el que vivimos. Disculpe, deseo una habitación sencilla, solo este día, por favor.”


Realizó todo lo indicado para poder ingresar a la habitación. Subió a dejar su maleta y bajó a ver la sesión fotográfica. La observaba, era una mujer esbelta, alta, de cabello castaño claro y ojos verdes, muy hermosa. Había tristeza en su mirada pero su pose denotaba mucha confianza en sí.



Mientras en la casa de Emilio, él, arrepentido fue a la recámara de visitas, se acercó a la puerta sin abrirla.

Emilio. “Perdonadme, soy un gilipollas (imbécil), no debí hacer eso. No sé qué me pasa, me altera estar aquí… creo que es porque no quiero encontrarme con el recuerdo de lo malo que pasó, tengo miedo.”

Al no escuchar ruido entró a la habitación pero estaba vacía. Bajó las escaleras y recorrió la cosa pero no estaba, solo encontró el libro en blanco que la gitana les dio el día anterior. Llamó a su celular pero no había tono de llamado, le envió mensajes peor no obtenía respuesta inmediata. Salió a la calle a buscar cerca de ahí pero no estaba, así que se fue al hotel más cercano y el único del que le había comentado, el Hotel Plaza Catalunya.
Regina había salido a caminar para borrar ese episodio y así lograr tranquilizarse para regresar.

Emilio llegó al hotel donde se había hospedado, preguntó en recepción por la reservación de Regina pero por cuestiones de seguridad no le informaron. Él, triste, se dirigió al bar del hotel, se sentó y pidió una bebida. De pronto, una mano tibia acarició su cara. Sonrió.

Emilio. “Regina” –volteó –“¿Angélica?”
Angélica. “Lamento decepcionarte, no soy Regina y sí, soy Angélica… vuestra Angy.”
Emilio. “No Angy, ya no nos pertenecemos, decidiste seguir otro camino, vivir una vida lejos de la mía…”
Angélica. “Pero mi amor, sabéis que lo que hice fue por el bien de ambos, éramos muy jóvenes y con futuro prometedor, hicimos lo correcto”
Emilio. “¿Lo correcto? Estáis mal, sois una insensible”


Angélica con lágrimas en los ojos lo miró sin decir algo; Emilio, aturdido solo jugueteaba con el vaso sobre la mesa.

Angélica. “Miradme, ¿me olvidaste? ¿Qué fui para ti? Te amo, no he dejado de hacerlo, sois el hombre de mi vida, el único”
Emilio. “Lo tenéis todo: dinero, reconocimiento, fama… ”
Angélica. “Todo excepto a ti, todo excepto un corazón cálido para amar y recibir amor. Te extraño.”
Emilio. “Regresar a Barcelona no fue lo más sensato, me he topado con el recuerdo de lo que pasó, no puedo dormir tranquilo, estoy nervioso, alterado, me enfado con rapidez, no soy yo y por favor, si en algún momento volvemos a vernos, no me miréis, que me habré olvidado de ti…”
Angélica. “O sea que no lo habéis hecho aún, soy vuestro fantasma, vuestra condena… ”
Emilio. “Exacto, no puedo verte de otra manera. Hasta nunca, Angélica.”
Angélica. “Emilio. Quédate conmigo solo un poco, por el recuerdo de nuestro hijo”

(Reproducir: http://www.youtube.com/watch?v=3tIOMLH-16M)

Emilio comenzó a llorar y salió del bar sin pagar, subió a su auto y lo estacionó cerca de la explanada por donde habían estado bailando la noche anterior. Seguía llorando. Regina se encontraba ahí y lo vio llegar pero se ocultó porque no quería verlo.

Regina. “¡Por Dios, Regina! Estás ocultándote, qué inmadura.” –vio a Emilio llorando.

Se acercó un poco a él, de modo que pudiera escuchar.

Emilio. “La perdí por mi estupidez, te amo Regina”

Regina se estremeció pues nunca había visto a Emilio tan vulnerable, se sentó junto a él, lo abrazó. Levantó la mirada.

Emilio. “Perdonadme, por favor, soy un gilipollas.”
Regina. “Emilio, ¿Estás así por mí?”
Emilio. “No te vayas, no lo hagas sin decir adiós, prometo no detenerte si decides marcharte”

La abrazó fuertemente.

Regina. “No me iré, aquí estoy… pero quiero que me expliques por qué estás así conmigo, ¿no me has perdonado lo que pasó con Bruno? Sabía que eso iba a influir en nuestra relación, perdóname, podemos seguir como amigos, no quiero hacerte más daño.”
Emilio. “No sois la culpable de mi humor, soy yo”


La mirada de Regina mostraba confusión y dolor, Emilio no quería causarle angustia.

Emilio. “Cinco años atrás comencé una relación con una mujer, ella es modelo, trabajaba en una agencia como fotógrafo y la conocí. A los empleados se nos prohibía involucrarnos con ellas pero sucedió y nos enamoramos. Después de casi dos años, nuestra relación era sólida, paciente, con sus fallas pero nada que no tuviera solución. Yo abandoné el empleo para que ella pudiera seguir ahí. Cuando teníamos 23, ella llegó a decirme que me amaba pero que tenía que decirme algo. Por azares del destino, eso no sucedió. Recibí una propuesta de trabajo en una productora, mi profesor me llamó para que lo ayudase a un proyecto, pensé que era el momento perfecto para pedirle que se casara conmigo pero tantas veces se lo dije, las mismas que respondía que me amaba demasiado pero que no quería casarse. Un día, me marcó al móvil Susana, la mujer que encontramos ayer; me dijo que Angélica estaba enferma, que estaba en su casa con fiebre y sangrado. Acudí y la llevé al hospital; recuerdo que el doctor me dijo que llegamos a tiempo porque el legrado no había sido practicado con las medidas higiénicas y tenía una infección que probablemente le provocaría no tener hijos después. Yo…” –suspiró, Regina tomó sus manos –“Yo no sabía qué decir, pensé que me hablaban de alguien diferente pero no, Angélica esperaba un hijo mío y decidió no tenerlo sin consultarlo… Tal vez suene algo exagerado pero en ese entonces me dolió bastante porque yo deseaba tener una familia con ella, cuando lo hablamos me dijo que su camino por recorrer era extenso y que no podía triunfar con un hijo y un marido a su lado. Sólo esperé a que saliera de la clínica, que estuviera bien y con dolor, me alejé de ella, luego supe que se fue de Barcelona a América, sin despedirse, sin avisar, pero fue lo mejor, ahora lo entiendo. Eso me causó un malestar, no salía, no comía, tal vez era un chaval pero hasta esa vez creía que era el amor de mi vida hasta que realicé que si me amaba, no era lo suficiente como para formar una familia. Yo me hubiera desvivido por ver feliz a Angélica y a nuestro hijo pero no sucedió. Creo que estar otra vez aquí me transformó, no puedo dejar de recordar lo que pasó y hoy la encontré cuando fui al hotel a buscarte.“

Regina. “¿Fuiste? Yo… también la vi.”
Emilio. ¿Sabías quien era?
Regina. “Algo así…” –sacó la foto de su bolso –“Lo siento, no quería pero… me intrigó”
Emilio. “Ya no importa. De esto ya nada queda, hoy lo confirmé al verla y no es que tuviera dudas de estar contigo pero aquí me sentía sofocado por su recuerdo”
Regina. “Me lo hubieras dicho, te entendería. Sé que es difícil estar estancado en ciertos momentos del pasado pero es sofocante no compartir ese sentimiento”
Emilio. “Perdonad todas mis ofensas, no debí
Regina. “Te propongo algo, comencemos de cero, me siento culpable de lo que pasó en mi estadía en México pero sé que ya no caeré en lo mismo, fue un momento de debilidad y no me justifico pero ya no sucederá algo similar”
Emilio. “Lo sé, confío en ti y te amo. Gracias por todo esto, gracias por estar”

Regina lo abrazó y colocó la cabeza en su pecho. Ambos derramaron lágrimas de sentimientos encontrados, realmente deseaban seguir. Acercaron sus rostros hasta rozar sus labios, los acariciaban, Emilio la tomó de la cara y se alejó un poco para encontrarse con su mirada. Con susurros casi imperceptibles le hizo saber lo que sentía.
Emilio. “Tú me cambiaste la vida”