Caminaban por la plaza, volvieron a la explanada donde una noche antes la gitana los había visto, donde bailaron y donde Regina se desvaneció antes de llegar a ver a la mujer vestida de hada. Abrazados y en silencio avanzaban con paso lento.
Hada. “Lo sabía, la segunda vez llegarían juntos”
Voltearon. Estaba aquella mujer vestida de hada.
Emilio. “¿Disculpe?”
Hada. “Perdonen mi intromisión. ¿Son de España?”
Emilio. “No os preocupéis y sí, soy de aquí, de Barcelona, pero ella es de México”
Regina sonrió.
Hada. “México, grande y estresante pero histórico y emocionante. Soy Mexicana, también”
Regina. “¿De verdad? ¡Qué gusto! ¿De dónde?”
Hada. “Reynosa, Tamaulipas. ¿Conoces?”
Regina negó con la cabeza.
Hada. “Elijan una carta. La leerá alguno de los dos. Se dice que cada quién elige su destino; segura estoy que en la carta no contiene una premonición pero si una pista de lo que es el amor.”
Regina sonrió y miró a Emilio; él le hizo señas de que escogiera la carta. La desenvolvieron. Emilio comenzó a leer.
Emilio. “El único amor que nunca muere, el único amor que supera incluso a la muerte es ese pacto sagrado de las almas por el que ambas se ayudan en su evolución, por las que ambas se respetan para que puedan ser libres y a la vez solidarias entre sí.”
Le entregó el papel a Regina para que siguiera leyendo.
Regina. “Si quieres que tu amor sea realmente inmortal, no ahogues con tu abrazo la libertad de tu amante y que vuestro pacto sea siempre el del mutuo crecimiento. Que vuestro amor os de fuerzas para volar muy alto como las águilas en el cielo, trazando círculos en el cielo y también para saber volar en solitario sin apegos y sin miedos”
Hada. “Solo así vuestro amor podrá ser realmente eterno porque no solo será alimento y gozo para el cuerpo sino fuerza para vuestro espíritu”
Regina y Emilio se abrazaron.
Hada. “Percibo magia en ustedes, estoy segura que será una relación que traspase muchas barreras, incluso las de la muerte. Solo les queda cuidar de su amor, detener el tiempo cuando ustedes crean que corre y los deja.” –sacó del bolsillo de su vestido un reloj –“Esto es un reloj de bolsillo, es una reliquia, cuando lo adquirí en la Noche de San Juan en las Islas Baleares me dijeron que había pertenecido a un hombre que podía regresar el tiempo y poder estar con su amada otra vez; la mujer que él amó murió y él no se repuso de su pérdida, era un amor que podía “mover montañas”, un amor intenso, profundo y sincero. Él decidió fabricar un artefacto que lo transportara a los momentos en los que ellos estaban juntos, cuando ella aún estaba. Creó así este reloj para poder regresar a ella cada que lo deseara. La magia de su amor provocó que lograra su objetivo pero la última vez que regreso el tiempo para estar con ella, se quedó suspendido en ese “viaje”. Luego de unos días, lo encontraron sin vida y con el reloj cerca de él.”
Regina. “Interesante y… triste. Entonces, ¿Existieron?”
Hada. “Sí, así que cuando adquirí esta reliquia me dijeron que quien poseyera el reloj de nuevo, podía hacer magia con el tiempo.”
Emilio miraba sin decir algo, hasta que la mujer vestida de Hada logró captar su atención.
Hada. “Hago esto porque me han alegrado el alma con sus miradas llenas de amor; es difícil de entender pero hay amores que ayudan a otros a creer, que incitan a otros a vivir. Confío en que su amor es uno de esos, por eso, a ti muchacho, te obsequio este reloj”
Le entregó el reloj de bolsillo.
Emilio. “¿Por qué a mí?”
Hada. “Porque sé que lo necesitaras. A ella no le preocupa el tiempo, a ti sí. Consérvalo y cada que te sientas temeroso por el transcurrir del tiempo, tómalo y recuerda los momentos más preciados que deseas guardar para así hacer el paso del tiempo más aceptable”
Emilio miró el reloj, Regina sonreía. Ella le dio la mano en señal de despedida a la mujer vestida de hada, ella tomó ambas manos. Emilio seguía mirando el reloj sin hablar.
Hada. “Niña, disfruta de la vida; no malgastes energías en tonterías, haz lo que creas que alimentará tu alma”
Regina. “Muchas gracias, amable desconocida y paisana. Me alegraste la mañana.”
Emilio. “Gracias, disculpad mi asombro. Prometo asimilar todo, gracias por las palabras y por el reloj pero no puedo aceptarlo”
Hada. “Sí, si puedes. Ya lo hiciste porque sabes que si te atemoriza el paso del tiempo. Disfruten de su amor, debo irme. Recuerden magia no es la que crea la mente, la magia es el estado natural de los enamorados, lo único que crea el amor.”
Se alejó lentamente mientras Emilio y Regina la miraban con asombro.
Emilio. “Debemos creer. Te amo, Regina”
Regina. “Te amo, Emilio. Gracias por entrar a mi vida de esta manera, tan fantástica.”
Fueron al hotel por las cosas de Regina para regresar a casa de Emilio. Subieron a la habitación.
Regina. “Bienvenido a mi habitación” –sonrió.
Emilio. “Disculpadme, ¿sí?”
Regina lo silenció con un beso.
Emilio. “Cuando estuve en México no deje de pensar en el momento en el que nos conocimos, cuando te miré ese primer día de clases, cuando me senté a vuestro lado”
Regina. “Si lo recuerdo, pensé que eras otros alumno” –sonrió.
Emilio comenzó a cantar.
Emilio. “Fue un día como cualquiera, nunca olvidaré la fecha. Coincidimos sin pensar en tiempo y en lugar, algo mágico pasó, tu sonrisa me atrapó…y así sin decirnos nada, comenzaba nuestro amor…”
Regina. “Es una canción hermosa”
Emilio. “Regina, tú me cambiaste la vida. Sé que llevamos algunos meses pero sé que es a vuestro lado donde debo estar. Te amo”
Regina lo miró con ternura. Sonrió, se acercó a su oído para susurrarle algo.
Regina. “Yo también te amo”
Emilio tomó sus manos y las llevó a su pecho, sus latidos eran fuertes y constantes. Regina no dejaba de mirarlo.
Emilio. “Amo tu mirada, es tan sincera, nunca engaña. Amo tus labios, esa sonrisa traviesa. Amo tu estatura, eres pequeña y debo confesar que me provocas ganas de protegerte, siempre. Amo vuestro carácter, lo que piensas, cómo sientes. Nada se compara a ti.”
Regina. “Eres como un niño pequeño, Emilio. Me siento segura cuando estoy contigo, sé que nos complementamos… y sí, pocos entenderían como en pocos meses se ha logrado esto, pero no es el tiempo sino lo que hemos vivido, y yo contigo he aprendido tanto, sobretodo aprendí a amar”
Emilio la cargó, colocándola así sobre sus piernas. Comenzaron a besarse, poco a poco desnudaban sus cuerpos, así como sus almas. Se acariciaban, esta era la primera vez que estaban se entregaban sin los fantasmas de sus pasados amorosos. Emilio besaba la cara y el cuello de Regina, recorría su pecho, sus brazos, tomaba sus manos. Regina se aferraba a él, le hablaba con dulzura y se dejaba amar. Una vez más, eran uno, ella lloraba de felicidad, él, secaba esas lagrimas con besos y caricias. Después de un tiempo, se abrazaron y estuvieron recostados hasta que recordaron que era el último día del año y debían ir a casa porque llegaría la hermana de Emilio y su familia. Se ducharon y vistieorn.
Subieron al auto y llegaron a casa.
Ya se encontraba la hermana, su esposo e hijo en el jardín.
Manuel. “¡Tío!”
Gritó al momento en el que corría hacia Emilio. Él lo cargó.
Emilio. “Enano, ¿Cómo estáis?”
Manuel. “No soy enano, tío, ya tengo 5 años”
Emilio sonrió.
Manuel. “¿Jugamos? Llevadme al mar, tío.”
Emilio. “Es una promesa, iremos al mar pero ahora vamos a saludar, a preparar todo para la cena, ¿vale?”
Manuelito asintió, lo bajó y se dirigió con Regina.
Manuel. “Hola, ¿jugamos?”
Regina se puso de rodillas frente a él.
Regina. “Te propongo algo. Voy a dejar mis cosas y regreso para jugar… ¿futbol?”
Manuel. “Pero tu eres niña, las niñas no juegan futbol”
Todos empezaron a reír.
Carolina. “Te equivocas hijo, tu padre, por ejemplo me conoció en el Estadio donde juega el FC Barcelona, en el Camp Nou, porque me gusta el futbol y lo practicaba”
Se acercó a Regina y le dio dos besos en las mejillas como saludo.
Carolina. “Sois… ¿Regina?”
Regina. “Sí, mucho gusto. Regina Barceló”
Carolina. “Soy la hermana del romántico que tenéis como pareja, ¿Verdad Emilio Shakespeare?”
Emilio la abrazó.
Emilio. “Como siempre, exageráis un poco hermana. Sí, ella es mi novia, Regina.”
Manuel. “¿Tienen bebés?”
Regina se ruborizó.
Eduardo. “Hijo, ellos son jóvenes para tener hijos. Hola Regina, bienvenida a la familia”
Regina. “Muchas gracias, aprecio mucho tanto afecto”
Emilio. “¿Y mis padres?”
Eduardo. “Adentro, creo que en la recámara de visitas”
Regina se sentó por causa de un mareo.
Emilio. “¿Estáis bien?”
Sonrió.
Regina. “Sí, “de puta madre”” –lo besó.
Emilio. “Hablas como españolita” –rió –“Te amo, voy a dejar la maleta, ¿vale?”
Regina asintió. Antes de que Emilio bajara, ella entró, vio a la mamá de Emilio en la cocina y fue con ella.
Regina. “Disculpe señora. La verdad no entiendo qué he hecho mal o porque no soy de su agrado. Sus razones tendré pero en verdad, yo amo a Emilio, hoy más que nunca sé que estaba escrito en el destino que nos encontráramos”
Mamá de Emilio. “Sois muy soñadora, niña y eso, es lo que ha hecho que mi hijo vuelva a ser el de antes. Angélica, una ex novia de Emilio estuvo hoy aquí. Nosotros la queríamos como si fuese nuestra hija pero después de muchas cosas que pasaron, él cambió, ya no era el joven soñador, dedicado y con romántico que solía ser. Desde que te conoció nos llamaba o venía de visita y notamos el cambio. Él volvía a amar, volvía a abrir su corazón a alguien. Erré en mi comportamiento pero es mi niño, me duele lo que pueda pasarle y temía que vuestra edad, vuestra actitud tan libre le afectara pero he visto como se miran, como te habla y sé que no debo preocuparme. Perdonad mi proceder, y gracias por hacer que Emilio vuelva a ser quién era”
Regina sorprendida no sabía qué decir, tartamudeaba.
Regina. “Conozco la historia, justo hoy la supe. No dañaré a su hijo, porque él me respeta y me ama, así como yo a él. Solo le pido que confíe un poco, no en mí, sino en nosotros, en el amor.”
La mamá de Emilio la abrazó muy fuerte, Regina correspondió.
Emilio. “¡Madre de Dios! Me ausento unos minutos y ya sois las mejores amigas.”
Ambas ríen.
Mamá de Emilio. “Le daba la bienvenida a la familia. Sé que son y seguirán siendo felices”
Emilio se acercó a Regina y la abrazó por detrás. Besó su cabeza.
Emilio. “Así es, desde su llegada, me siento pleno, madre, ella es la mujer, es mágica.”
Regina sonrió y tomó sus manos.
Esa noche festejaron el año nuevo, Regina se comunicó con sus padres para desearles felicidad y que tuvieran un festejo agradable. Las horas no coincidían.
Y así, entre risas y algunas lágrimas se dio la bienvenida al Año Nuevo en casa de la familia de Emilio en Barcelona, con “Un año más” de Mecano amenizando el festejo.
Un año más llegaba, un año que llenaría de sorpresas las vidas de muchos.