Casi dos meses habían pasado desde que Regina se
enteró que estaba embarazada, ya tenía 4 meses de gestación. Emilio no lo
sabía. La familia de Regina estaba incrédula por la decisión que había tomado
de no operarse hasta que naciera el bebé. Seguía conviviendo con los niños del
hospital, algunos mejoraban pero otros lamentablemente no. Emilio había hablado
con Fabiola quien le había dicho que no era necesario que fuera, que Regina aún
no quería volver y tenía mucho que pensar… Eso lo hizo sentir más mal.
Bruno tenía esperanzas de que Regina se decidiera a
estar con él, pero cada que iba a actuar, lo frenaba el sentimiento de culpa,
de tristeza.
En el hospital.
-
Miss, llévame al parque
-
Pero no puedes salir, Menita, mejor otro día
¿sí? Y pedimos permiso
-
Miss, otro día no puedo, voy a volar un día
de éstos
-
¿A volar?
-
Sí, miss, me voy a ir al cielo
A Regina se le cristalizaron los ojos al escuchar
eso. Le sonrió con ternura. Jimena en realidad se veía desmejorada, ya no
respondía a los tratamientos y no se encontraba donador.
-
Menita, ¿sabes que si no estuviera así me haría
la prueba para ver si somos compatibles? ¿lo sabes?
-
Sí, miss pero tienes a la bebé y no puedes –sonrió
resignada.
-
¿Qué te parece si… pedimos permiso para que
vayas a mi casa y vemos películas?
-
Sí, quiero ir pero antes pasamos al parque ¿sí?
-
Está bien pero voy a hablar con tus padres
que están allá afuera
Salió para hablar con sus padres y pedir permiso
para llevar a Jimena a su casa y regresar en la noche.
-
No estoy segura, es arriesgado, Jimenita en
cualquier momento puede entrar en crisis y…
-
Mujer, permitámosle que vaya con la señorita
Barceló, precisamente porque en cualquier momento puede ocurrir lo peor, ella necesita
estar feliz y tranquila
-
Señores, prometo que la cuidaré, de hecho
ustedes saben dónde vivo, pueden ir si gustan, pero en verdad me gustaría que
le permitieran a Menita ir a mi casa, solo veremos películas y jugaremos un
poco, la niña lo necesita.
-
Está bien, pero por favor, si notas algo
extraño, llámanos para que la traigamos al hospital
-
Sí, señora
-
¿Cómo estás con tu embarazo?
-
Bien, muchas gracias señor, a veces me canso
mucho pero estoy feliz
-
Cuídate mucho, no hagas mucho esfuerzo y
disfruta
-
Gracias
Sonrió. Regresó al salón y le pidió a Jimena que
tomara sus cosas para que salieran, Regina manejaba la camioneta de su hermano.
-
Miss, ¡el parque!
-
Pero Menita, mejor vamos a la casa y comemos
galletas y chocolate caliente o helado y fruta
-
No miss, quiero ir al parque antes, por favor
-
Está bien. Ven, baja por este lado –la ayudó
a bajar.
Jimena corrió hacia un cúmulo de hojas secas que
había debajo de un árbol. Era extraño, era primavera pero ese árbol estaba
seco.
-
Así estoy, de este color
-
¿Cómo?
-
Sí miss, soy de este color
-
No entiendo
-
Todos somos de colores y ahora éste es el mío
y creo que en ese color me quedaré
-
¿Qué sientes Menita?
-
Nada miss
Jimena era una niña con mentalidad de alguien
mayor, quizás por las circunstancias. Tomó las hojas y las lanzó hacía arriba.
-
Quiero volar, miss ¿lo haré?
-
Es posible, yo siempre quise eso, volar como
las aves y sentir libertad
-
Quiero ser una mariposa, de esas blancas que
no aparecen seguido
-
Ay nena ¡qué cosas dices! Tú vas a vivir
mucho tiempo y verás que cuando seas más grande nos acordaremos de esto
-
No miss, pronto dejaré de estar aquí
-
No digas eso, no pasará
-
Sí miss, pero no tengo miedo, soy feliz y si Diosito me quiere con él, está bien, aunque
no quiero dejar solos a mis papás ni a ti.
Regina la abrazó mientras lloraba, Jimena se
aferraba a ella y trataba de no rozar mucho su vientre ya abultado. Se
separaron, le limpió las lágrimas mientras sonreía.
-
Tú seguirás aquí
-
Aquí estaré nena, lo prometo
-
No es pregunta, tú estarás aquí y verás
muchas cosas que yo no podré ver pero recuerda sonreír y que todos vean que
eres de colores
-
Lo haré Menita, lo haré pero prométeme que
vas a luchar como la guerrera que eres
-
Eso hice, miss –le dio la mano y comenzaron a
caminar a la casa que estaba cerca del parque.
-
Eres como yo, mejor dicho, yo solía ser como
tú de pequeña, por eso creo que desde el día que nos vimos nos agradamos. Yo
era una niña muy independiente, risueña, que le gustaba investigar, preguntar
todo y creo que con lo que ha pasado cambié un poco, necesito volver a
encontrarme con aquella Regina
-
Te quiero mucho, gracias por cuidarme
-
Por nada, cariño, es un placer, además así me
preparo para recibir a este bebé –acarició su vientre.
-
¿Cómo se llama?
-
Aún no lo sé porque no sé si es niña o niño
-
¿Y el papá?
-
Emilio… está en otro país esperando, supongo
-
¿Qué espera?
-
A que pase el tiempo, cómo yo
-
Si se quieren mucho ¿por qué no están juntos?
-
A veces, es mejor alejarte a tiempo de las
personas para evitarles sufrimiento
-
No lo entiendo, si se quieren deberían estar
juntos
Regina suspiró.
Llegaron a casa y comenzaron a ver películas y a
comer golosinas.
-
Miss, en El Rey León dicen Hakuna Matata
-
Sí, significa “no te preocupes” o algo así ¿por
qué?
-
Porque es cómo debes vivir miss, y buscar al
papá de la bebé porque es niña
-
¿Cómo sabes que es niña?
-
No sé, lo siento
-
Jimena, me asustas, a veces haces comentarios
como de adulto –ríe –veremos con el tiempo, hermosa, mientras vamos por más
helado ¿sí? –se paró de la cama.
-
Miss, me duele mucho
-
¿Qué te duele?
-
Me duele miss –comenzó a llorar
-
¿Qué hago? A ver espérame, voy por Javier.
(Reproducir: http://www.youtube.com/watch?v=xrko2mFEc3Q)
Regina corrió en busca de Javier quien las llevó al
hospital en el auto de sus padres porque la camioneta se había quedado en el
parque. Jimena estaba pálida y no respiraba bien, se quejaba de un dolor.
Regina no sabía qué hacer, comenzó a cantarle para que se tranquilizara; Javier les habló a
los papás de Jimena para que fueran al hospital.
-
Menita, vas a estar bien, lo prometo
-
No miss, ya no tengo tanto dolor pero sé que
ya me voy a ir pero no llores, seré mariposa y estaré cerca de ti y mis
papitos, a veces seré aire
-
No nena, no digas eso, tú estarás bien, ya
llegamos, aquí están tus papás y todo mejorará
-
Miss…
Los camilleros bajaron a Jimena y la subieron a una
camilla en la que le pusieron oxígeno y le inyectaron algo para el dolor.
-
Miss, no te vayas
-
No, aquí estoy
“Señorita, no puede pasar, ya es área restringida y
sólo familiares” es lo que se escuchó pero los padres de Jimena pidieron que
pararan un momento la camilla.
-
Nena, tranquila bonita, todavía faltan cosas
por hacer
-
Miss, cuida a tu bebé y vive feliz. Gracias
por cuidarme con cariño, yo cuidaré de ustedes –acarició su vientre –voy a
seguir aquí
-
Jimenita –comenzó a llorar –te quiero mucho,
gracias por enseñarme a vivir nena, lucha, eres una guerrera, ya te lo dije
antes, vamos a ganar esta batalla –tomó su mano.
Los camilleros alejaron y sus manos fueron
separadas. Los doctores y los papás de Jimena entraron al lugar. Regina lloraba
en brazos de su hermano.
-
Javier, ¿estará bien? ¿lo estará?
-
Hermanita, Jimena ya estaba enfermita, muy
débil…
-
Ella va a estar bien porque voy a dejar que
juegue con mi bebé, sí, ella decía eso cuando me tocaba el vientre
-
Tranquilízate, no es bueno para tu salud que
estés así
Minutos después salió la mamá de Jimena llorando.
Regina se paró enseguida para preguntar.
-
Mi niña Regina, mi niña…
-
¿Qué…?
-
Se nos fue
Regina se paralizó y no podía llorar.
-
No, no… Jimenita va a estar bien, es una niña
pequeña que le falta por vivir mucho
-
Regina, no es así, mi niña ya se fue
La señora abrazó a Regina fuertemente.
-
Sé que querías mucho a mi hija y agradezco lo
que hiciste por ella
-
No agradezca señora, sí la quería mucho, era
un ángel, lo es...
-
Por favor, quiero que me prometas algo
-
Sí, señora
-
Vas a luchar
por tu vida, vas a operarte pero también lucharás por la vida de ese ser
que crece dentro de ti, te reencontrarás con el amor
-
Es que… es difícil
-
Por favor, escuché que le dijiste a mi niña
que te enseñó a vivir… creo que no hay mejor forma de hacerlo que empezar por
eso
Regina seguía sin llorar, abrazó fuerte a la
señora. Javier se la llevó a casa pues el ambiente no era sano para ella. Se
sentía débil, cansada y muy triste. Su mamá se quedó con ella en su recámara,
no podía dormir, se levantó de la cama con cuidado para no despertar a su
madre. Se acercó a la ventana y vio en la cornisa un pequeño sobre rosa, lo
abrió y encontró dentro un dije de una mariposa blanca. Sonrió y derramó
lágrimas de consuelo. Regresó a cama y durmió sosteniendo el obsequio de la
pequeña Jimena.
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