Días después, Regina estaba lista para ir a España a buscar a
Emilio y decirle sobre el embarazo, no sabía cómo reaccionaría, en realidad no
sabía si él en realidad estaría esperándola. Acudió al parque cercano a su casa
para caminar un poco, recordó que días antes había estado ahí con Jimena antes
de que falleciera. Se acercó al árbol en dónde estaba el montón de hojas
anaranjadas.
-
Jimenita –sacó de su bolso el dije de
mariposa –nena, te extrañaré, sé que quizá estés pequeña aún para entender todo
esto, pero creo que tanto tú como tu mamá tienen razón y es hora de luchar por
el amor, el de Emilio y el del bebé que espero ansiosamente. Espero que puedas
escucharme, dijiste que seguirías aquí y ya verás que vendré en cuánto nazca mi
bebé porque sé que aquí estarás.
Se sentó en el pasto, recargándose en el árbol.
-
No sé si sea lo correcto, no sé si Emilio aún
quiera estar conmigo. Lo amo pero no quiero que sufra y si muero, eso pasará…
pero creo que merece saber que va a ser papá y que estoy segura que su bebé ya
lo ama. Ya me voy, nena, gracias por todo en este tiempo.
Sonrió mientras intentaba pararse, llegó alguien
que la ayudó.
-
Gracias –volteó –Bruno ¡qué sorpresa!
-
Supe que fuiste a buscarme ayer, fui a tu
casa y Javier me dijo que te encontraría aquí, que hoy viajas
-
Así es, creo que debo arreglar algunas cosas.
Quería, bueno, quiero agradecerte por todo lo que hiciste y voy a volver,
quiero que seas tú quien me opere en cuánto nazca mi bebé
-
Te amo, Regina, confío en que vas a hacer lo
correcto, sabe que siempre que lo necesites aquí estaré
-
Gracias Bruno, volveré, mi bebé y yo te
agradecemos –sonrió.
Bruno acarició su vientre. De pronto, un viento
cálido los envolvió, las hojas secas que estaban en el suelo se elevaron y una
pequeña mariposa blanca apareció entre las flores. Regina sonrió nuevamente.
-
Gracias Menita, aquí estás
Llegó Javier para llevarla al aeropuerto. Regina y
Bruno de despidieron con un abrazo y sonrisas.
Madrid,
España. Un día después.
Emilio preparaba una clase, su ánimo estaba abajo,
no era el mismo desde que Regina se alejó.
Se había convertido en un ermitaño.
Regina había llegado a Madrid, dejó su equipaje en
el departamento que habitaba Alondra, su compañera de clase, les dio la noticia
del embarazo, la felicitaron y la pusieron al tanto de lo que había ocurrido en
esos casi 5 meses de ausencia. Le habló a Emilio por teléfono, quería decirle
que había llegado pero necesitaba de algo especial para informarle sobre su
futura paternidad pero Emilio se había negado a acudir a la cafetería donde lo
citó, argumentando que no quería volver a lo mismo si después iba a irse otra
vez.
Preocupada, llamó a su hermana, le contó lo
sucedido en la mañana con la llamada de teléfono, pero que necesitaba que le
dijera que tenía que ir a la casa que él estaba acondicionando para que en un
futuro pudieran habitarla. Así lo hizo.
Por la noche, llegó Emilio a la casa y abrió,
encendió la luz y encontró una nota que decía “Si estáis aquí, quedaos.” Dejó
la nota y llamó a su hermana por teléfono, ella no contestó.
Comenzó a caminar por el pasillo que conducía hasta
la habitación principal. En el camino fue encontrando notas que decían “Hola” “No me conoces” “pero
ya te quiero”.
-
Ya basta ¿Quién está allí?
Llegó a la recamara principal y en la cama había
ropita de bebé, contrariado la tomó entre sus manos y miró alrededor en busca
de alguien
-
¿Qué significa esto?
Vio por la ventana que la fuente que se encontraba
en el jardín estaba iluminada como aquella ocasión que fueron juntos por primera
vez. Bajó las escaleras y corrió hacia la fuente, vio un sobre grande, lo
abrió.
-
“Felicidades papá, en cuatro meses llegaré.
Te amamos.”
Era una nota con esa frase y una copia del
ultrasonido.
Comenzó a llorar y sonreía.
-
¿Qué es esto? … ¡Regina!
Volteó a su
alrededor y la vio ahí, en un rincón sentada en un columpio mirándolo, sonreía.
Emilio se acercó avanzando rápidamente, Regina se levantó con cuidado.
-
Perdón, sé que hice las cosas mal pero ya
estoy… estamos aquí. Discúlpame.
Emilio seguía llorando de felicidad, estaba
contrariado pero feliz.
-
Emilio, de verdad, perdóname, estaba muy
confundida pero sé que hice lo mejor, lo hice…
Emilio la tomó de la cara y se acercó a sus labios.
-
Regina, hoy me disteis la mejor noticia de mi
vida y de una manera increíble. Es que es asombroso, es un milagro, es magia, sois mágica
Regina comenzó a llorar, Emilio besó sus mejillas
tratando de secar sus lágrimas.
-
Discúlpame
-
Ya,
está todo bien, disculpadme por no querer hablar contigo el día de ayer peor no
sabía qué pensar, creí que al reencontraros tú y Bruno… ya sabes, habían
regresado y querían intentar una vez más.
Suspiró.
-
No haría eso, lo de Bruno ya pasó y a la
única persona que amo es a ti y a nuestro bebé ¡claro!
-
Nuestro bebé –acarició su vientre – te amo
Regina, soy muy feliz, gracias bebé –susurró.
Por la cabeza de Emilio no cabía la posibilidad de
no tenerlo, en un instante se imaginó toda una vida con Regina y su hijo, la
familia que había formado.
-
¿Sabes? Pasaron muchas cosas estos meses,
pero estoy agradecida, estoy feliz, debo contarte todo.
Al decir “todo”, un frío extraño recorrió su
cuerpo. Recordó por qué motivo se había alejado, sonrió sin ganas.
Lo abrazó, Regina lloraba de felicidad y por toda
la nostalgia acumulada. Él la cargó con cuidado y entraron a la casa,
encendieron la chimenea y se acostaron sobre una manta viendo hacia el techo,
ella acomodada en el pecho de Emilio y él acariciando su cabello.
-
¿Estáis bien? ¿Sientes molestias? ¿Qué han
dicho vuestros padres?
-
Primero se sorprendieron, no se enojaron pero
sí dijeron que era muy joven, todos están felices y bueno, sólo he tenido
mareos, náuseas, sensibilidad en los pechos, pero creo que no he aumentado mucho
de peso… estoy en el quinto mes, es increíble saber que hay alguien aquí
Emilio la miraba con admiración, la amaba tanto.
Sus miradas se encontraron y acercaron sus labios lentamente hasta besarse con
cariño, con delicadeza y lentitud, sintiéndose.
-
¿Es chaval?
-
No lo sé aún, creo que sería bueno ir al
hospital a que me revisen, todo lo he dejado en México, excepto el ultrasonido
-
Ay Regina, te he extrañado tanto que no sé ni
qué decir, me has cambiado la vida, me siento más activo, más feliz, me siento
completo
-
Te amo, Emilio, gracias por entender, sé que
estoy muy joven aún y que un bebé no estaba en los planes pero soy feliz y ya
quiero tenerlo entre mis brazos, verlo, abrazarlo, enseñarle a caminar, darle
de comer… Sé que es una señal divina, este hermoso niño me ha devuelto la fe en
la vida
-
¿Cómo?
-
Sí, quiero decir que es un ser que hace que
creas en todo de nuevo y te inyecta energía
Emilio se cambió de posición, acomodó una almohada
para que Regina acomodara su cabeza y luego se acercó a su vientre.
-
Es perfecto todo, gracias, me haces feliz, me
hacen feliz. Bebé ya deseo conocer tu carita, fotografiarte y jugar. Seguro
serás un niño muy guapo como vuestra madre.
Regina sonreía al ver a Emilio tan entusiasmado,
sabía que valía la pena arriesgarse y esperar para ponerse en manos de los
médicos en la operación.
-
¿Sabes? Estuve apoyando en un hospital, fui
voluntaria, conocí muchos niños, hermosos todos, eso me sensibilizó –tocó el
dije de mariposa.
-
¿Qué pasa? ¿Qué sucedió?
-
Conocí a una niña hermosa llamada Jimena, me
enseñó demasiado a pesar de su corta edad, me sentí identificada con ella pero
bueno, no quiero ponerme triste ahora, mañana te contaré
-
Vale, quiero escucharlo, debemos contar lo
sucedido en estos meses
-
Te extrañe, Milo, eres el hombre de mi vida,
gracias por todo, por entrar en mi vida y llenarla de luz, por quedarte, por
seguir en el mismo camino que el mío, nuestro camino
-
Te amo –la tomó de las manos –Regie ¿queréis
que nos casemos antes?
-
¿Qué? –rió –No, no creo que sea necesario… ¿me
amas? ¿quiere usted, joven Emilio pasar conmigo lo que nos quede de vida?
-
No lo dudéis, así será
-
Entonces, no necesitamos de algo que avale
que estaremos juntos porque sabemos que lo estaremos
-
Está bien, pero mañana mismo vamos al
hospital, quiero saber el sexo del bebé para ya comprarle ropa, acondicionar nuestra
casa y decorar la habitación de nuestro hijo, decirle a mi familia, hablar con
la vuestra.
-
Tranquilo, mañana haremos todo eso, abrázame
¿sí? Necesito sentirte cerca, eterno
-
Te amo, princesa
-
Te amo, Emilio
-
Hijo, descansa –acarició el vientre de
Regina, colocó otra mantita encima.
Durmieron abrazados, sintiendo sus respiraciones.
Comenzaba la espera para conocer a su hijo. Regina seguiría ocultándole lo que
padecía, quería disfrutar de todo momento antes de que tuviera que operarse.
Emilio sabía que algo no estaba bien en ella, es ese tipo de conexión que
desarrollan las personas que han unido sus almas.