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"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

sábado, 22 de octubre de 2011

Capítulo 21.



Días después, Regina  estaba lista para ir a España a buscar a Emilio y decirle sobre el embarazo, no sabía cómo reaccionaría, en realidad no sabía si él en realidad estaría esperándola. Acudió al parque cercano a su casa para caminar un poco, recordó que días antes había estado ahí con Jimena antes de que falleciera. Se acercó al árbol en dónde estaba el montón de hojas anaranjadas.

-        Jimenita –sacó de su bolso el dije de mariposa –nena, te extrañaré, sé que quizá estés pequeña aún para entender todo esto, pero creo que tanto tú como tu mamá tienen razón y es hora de luchar por el amor, el de Emilio y el del bebé que espero ansiosamente. Espero que puedas escucharme, dijiste que seguirías aquí y ya verás que vendré en cuánto nazca mi bebé porque sé que aquí estarás.

Se sentó en el pasto, recargándose en el árbol.

-        No sé si sea lo correcto, no sé si Emilio aún quiera estar conmigo. Lo amo pero no quiero que sufra y si muero, eso pasará… pero creo que merece saber que va a ser papá y que estoy segura que su bebé ya lo ama. Ya me voy, nena, gracias por todo en este tiempo.

Sonrió mientras intentaba pararse, llegó alguien que la ayudó.

-        Gracias –volteó –Bruno ¡qué sorpresa!

-        Supe que fuiste a buscarme ayer, fui a tu casa y Javier me dijo que te encontraría aquí, que hoy viajas

-        Así es, creo que debo arreglar algunas cosas. Quería, bueno, quiero agradecerte por todo lo que hiciste y voy a volver, quiero que seas tú quien me opere en cuánto nazca mi bebé

-        Te amo, Regina, confío en que vas a hacer lo correcto, sabe que siempre que lo necesites aquí estaré

-        Gracias Bruno, volveré, mi bebé y yo te agradecemos –sonrió.

Bruno acarició su vientre. De pronto, un viento cálido los envolvió, las hojas secas que estaban en el suelo se elevaron y una pequeña mariposa blanca apareció entre las flores. Regina sonrió nuevamente.

-        Gracias Menita, aquí estás

Llegó Javier para llevarla al aeropuerto. Regina y Bruno de despidieron con un abrazo y sonrisas.



Madrid, España. Un día después.



Emilio preparaba una clase, su ánimo estaba abajo, no era el mismo desde que Regina se alejó.  Se había convertido en un ermitaño.

Regina había llegado a Madrid, dejó su equipaje en el departamento que habitaba Alondra, su compañera de clase, les dio la noticia del embarazo, la felicitaron y la pusieron al tanto de lo que había ocurrido en esos casi 5 meses de ausencia. Le habló a Emilio por teléfono, quería decirle que había llegado pero necesitaba de algo especial para informarle sobre su futura paternidad pero Emilio se había negado a acudir a la cafetería donde lo citó, argumentando que no quería volver a lo mismo si después iba a irse otra vez.

Preocupada, llamó a su hermana, le contó lo sucedido en la mañana con la llamada de teléfono, pero que necesitaba que le dijera que tenía que ir a la casa que él estaba acondicionando para que en un futuro pudieran habitarla. Así lo hizo.

Por la noche, llegó Emilio a la casa y abrió, encendió la luz y encontró una nota que decía “Si estáis aquí, quedaos.” Dejó la nota y llamó a su hermana por teléfono, ella no contestó.


Comenzó a caminar por el pasillo que conducía hasta la habitación principal. En el camino fue encontrando  notas que decían “Hola” “No me conoces” “pero ya te quiero”.

-        Ya basta ¿Quién está allí?

Llegó a la recamara principal y en la cama había ropita de bebé, contrariado la tomó entre sus manos y miró alrededor en busca de alguien

-        ¿Qué significa esto?

Vio por la ventana que la fuente que se encontraba en el jardín estaba iluminada como aquella ocasión que fueron juntos por primera vez. Bajó las escaleras y corrió hacia la fuente, vio un sobre grande, lo abrió.

-        “Felicidades papá, en cuatro meses llegaré. Te amamos.”

Era una nota con esa frase y una copia del ultrasonido.

Comenzó a llorar y sonreía.

-        ¿Qué es esto? … ¡Regina!

Volteó  a su alrededor y la vio ahí, en un rincón sentada en un columpio mirándolo, sonreía. Emilio se acercó avanzando rápidamente, Regina se levantó con cuidado.

-        Perdón, sé que hice las cosas mal pero ya estoy… estamos aquí. Discúlpame.

Emilio seguía llorando de felicidad, estaba contrariado pero feliz.

-        Emilio, de verdad, perdóname, estaba muy confundida pero sé que hice lo mejor, lo hice…

Emilio la tomó de la cara y se acercó a sus labios.

-        Regina, hoy me disteis la mejor noticia de mi vida y de una manera increíble. Es que es asombroso,  es un milagro, es magia, sois mágica

Regina comenzó a llorar, Emilio besó sus mejillas tratando de secar sus lágrimas.

-        Discúlpame

-         Ya, está todo bien, disculpadme por no querer hablar contigo el día de ayer peor no sabía qué pensar, creí que al reencontraros tú y Bruno… ya sabes, habían regresado y querían intentar una vez más.

Suspiró.

-        No haría eso, lo de Bruno ya pasó y a la única persona que amo es a ti y a nuestro bebé ¡claro!

-        Nuestro bebé –acarició su vientre – te amo Regina, soy muy feliz, gracias bebé –susurró.

Por la cabeza de Emilio no cabía la posibilidad de no tenerlo, en un instante se imaginó toda una vida con Regina y su hijo, la familia que había formado.

-        ¿Sabes? Pasaron muchas cosas estos meses, pero estoy agradecida, estoy feliz, debo contarte todo.

Al decir “todo”, un frío extraño recorrió su cuerpo. Recordó por qué motivo se había alejado, sonrió sin ganas.

Lo abrazó, Regina lloraba de felicidad y por toda la nostalgia acumulada. Él la cargó con cuidado y entraron a la casa, encendieron la chimenea y se acostaron sobre una manta viendo hacia el techo, ella acomodada en el pecho de Emilio y él acariciando su cabello.

-        ¿Estáis bien? ¿Sientes molestias? ¿Qué han dicho vuestros padres?

-        Primero se sorprendieron, no se enojaron pero sí dijeron que era muy joven, todos están felices y bueno, sólo he tenido mareos, náuseas, sensibilidad en los pechos, pero creo que no he aumentado mucho de peso… estoy en el quinto mes, es increíble saber que hay alguien aquí

Emilio la miraba con admiración, la amaba tanto. Sus miradas se encontraron y acercaron sus labios lentamente hasta besarse con cariño, con delicadeza y lentitud, sintiéndose.

-        ¿Es chaval?

-        No lo sé aún, creo que sería bueno ir al hospital a que me revisen, todo lo he dejado en México, excepto el ultrasonido

-        Ay Regina, te he extrañado tanto que no sé ni qué decir, me has cambiado la vida, me siento más activo, más feliz, me siento completo

-        Te amo, Emilio, gracias por entender, sé que estoy muy joven aún y que un bebé no estaba en los planes pero soy feliz y ya quiero tenerlo entre mis brazos, verlo, abrazarlo, enseñarle a caminar, darle de comer… Sé que es una señal divina, este hermoso niño me ha devuelto la fe en la vida

-        ¿Cómo?

-        Sí, quiero decir que es un ser que hace que creas en todo de nuevo y te inyecta energía

Emilio se cambió de posición, acomodó una almohada para que Regina acomodara su cabeza y luego se acercó a su vientre.

-        Es perfecto todo, gracias, me haces feliz, me hacen feliz. Bebé ya deseo conocer tu carita, fotografiarte y jugar. Seguro serás un niño muy guapo como vuestra madre.

Regina sonreía al ver a Emilio tan entusiasmado, sabía que valía la pena arriesgarse y esperar para ponerse en manos de los médicos en la operación.

-        ¿Sabes? Estuve apoyando en un hospital, fui voluntaria, conocí muchos niños, hermosos todos, eso me sensibilizó –tocó el dije de mariposa.

-        ¿Qué pasa? ¿Qué sucedió?

-        Conocí a una niña hermosa llamada Jimena, me enseñó demasiado a pesar de su corta edad, me sentí identificada con ella pero bueno, no quiero ponerme triste ahora, mañana te contaré

-        Vale, quiero escucharlo, debemos contar lo sucedido en estos meses

-        Te extrañe, Milo, eres el hombre de mi vida, gracias por todo, por entrar en mi vida y llenarla de luz, por quedarte, por seguir en el mismo camino que el mío, nuestro camino

-        Te amo –la tomó de las manos –Regie ¿queréis que nos casemos antes?

-        ¿Qué? –rió –No, no creo que sea necesario… ¿me amas? ¿quiere usted, joven Emilio pasar conmigo lo que nos quede de vida?

-        No lo dudéis, así será

-        Entonces, no necesitamos de algo que avale que estaremos juntos porque sabemos que lo estaremos

-        Está bien, pero mañana mismo vamos al hospital, quiero saber el sexo del bebé para ya comprarle ropa, acondicionar nuestra casa y decorar la habitación de nuestro hijo, decirle a mi familia, hablar con la vuestra.

-        Tranquilo, mañana haremos todo eso, abrázame ¿sí? Necesito sentirte cerca, eterno

-        Te amo, princesa

-        Te amo, Emilio

-        Hijo, descansa –acarició el vientre de Regina, colocó otra mantita encima.

Durmieron abrazados, sintiendo sus respiraciones. Comenzaba la espera para conocer a su hijo. Regina seguiría ocultándole lo que padecía, quería disfrutar de todo momento antes de que tuviera que operarse. Emilio sabía que algo no estaba bien en ella, es ese tipo de conexión que desarrollan las personas que han unido sus almas.

lunes, 10 de octubre de 2011

Capítulo 20.




Casi dos meses habían pasado desde que Regina se enteró que estaba embarazada, ya tenía 4 meses de gestación. Emilio no lo sabía. La familia de Regina estaba incrédula por la decisión que había tomado de no operarse hasta que naciera el bebé. Seguía conviviendo con los niños del hospital, algunos mejoraban pero otros lamentablemente no. Emilio había hablado con Fabiola quien le había dicho que no era necesario que fuera, que Regina aún no quería volver y tenía mucho que pensar… Eso lo hizo sentir más mal.

Bruno tenía esperanzas de que Regina se decidiera a estar con él, pero cada que iba a actuar, lo frenaba el sentimiento de culpa, de tristeza.


En el hospital.

-        Miss, llévame al parque

-        Pero no puedes salir, Menita, mejor otro día ¿sí? Y pedimos permiso

-        Miss, otro día no puedo, voy a volar un día de éstos

-        ¿A volar?

-        Sí, miss, me voy a ir al cielo

A Regina se le cristalizaron los ojos al escuchar eso. Le sonrió con ternura. Jimena en realidad se veía desmejorada, ya no respondía a los tratamientos y no se encontraba donador.

-        Menita, ¿sabes que si no estuviera así me haría la prueba para ver si somos compatibles? ¿lo sabes?

-        Sí, miss pero tienes a la bebé y no puedes –sonrió resignada.

-        ¿Qué te parece si… pedimos permiso para que vayas a mi casa y vemos películas?

-        Sí, quiero ir pero antes pasamos al parque ¿sí?

-        Está bien pero voy a hablar con tus padres que están allá afuera

Salió para hablar con sus padres y pedir permiso para llevar a Jimena a su casa y regresar en la noche.

-        No estoy segura, es arriesgado, Jimenita en cualquier momento puede entrar en crisis y…

-        Mujer, permitámosle que vaya con la señorita Barceló, precisamente porque en cualquier momento puede ocurrir lo peor, ella necesita estar feliz y tranquila

-        Señores, prometo que la cuidaré, de hecho ustedes saben dónde vivo, pueden ir si gustan, pero en verdad me gustaría que le permitieran a Menita ir a mi casa, solo veremos películas y jugaremos un poco, la niña lo necesita.

-        Está bien, pero por favor, si notas algo extraño, llámanos para que la traigamos al hospital

-        Sí, señora

-        ¿Cómo estás con tu embarazo?

-        Bien, muchas gracias señor, a veces me canso mucho pero estoy feliz

-        Cuídate mucho, no hagas mucho esfuerzo y disfruta

-        Gracias

Sonrió. Regresó al salón y le pidió a Jimena que tomara sus cosas para que salieran, Regina manejaba la camioneta de su hermano.

-        Miss, ¡el parque!

-        Pero Menita, mejor vamos a la casa y comemos galletas y chocolate caliente o helado y fruta

-        No miss, quiero ir al parque antes, por favor

-        Está bien. Ven, baja por este lado –la ayudó a bajar.

Jimena corrió hacia un cúmulo de hojas secas que había debajo de un árbol. Era extraño, era primavera pero ese árbol estaba seco.

-        Así estoy, de este color

-        ¿Cómo?

-        Sí miss, soy de este color

-        No entiendo

-        Todos somos de colores y ahora éste es el mío y creo que en ese color me quedaré

-        ¿Qué sientes Menita?

-        Nada miss

Jimena era una niña con mentalidad de alguien mayor, quizás por las circunstancias. Tomó las hojas y las lanzó hacía arriba.

-        Quiero volar, miss ¿lo haré?

-        Es posible, yo siempre quise eso, volar como las aves y sentir libertad

-        Quiero ser una mariposa, de esas blancas que no aparecen seguido

-        Ay nena ¡qué cosas dices! Tú vas a vivir mucho tiempo y verás que cuando seas más grande nos acordaremos de esto

-        No miss, pronto dejaré de estar aquí

-        No digas eso, no pasará

-        Sí miss, pero no tengo miedo, soy feliz y si Diosito me quiere con él, está bien, aunque no quiero dejar solos a mis papás ni a ti.

Regina la abrazó mientras lloraba, Jimena se aferraba a ella y trataba de no rozar mucho su vientre ya abultado. Se separaron, le limpió las lágrimas mientras sonreía.

-        Tú seguirás aquí

-        Aquí estaré nena, lo prometo

-        No es pregunta, tú estarás aquí y verás muchas cosas que yo no podré ver pero recuerda sonreír y que todos vean que eres de colores

-        Lo haré Menita, lo haré pero prométeme que vas a luchar como la guerrera que eres

-        Eso hice, miss –le dio la mano y comenzaron a caminar a la casa que estaba cerca del parque.

-        Eres como yo, mejor dicho, yo solía ser como tú de pequeña, por eso creo que desde el día que nos vimos nos agradamos. Yo era una niña muy independiente, risueña, que le gustaba investigar, preguntar todo y creo que con lo que ha pasado cambié un poco, necesito volver a encontrarme con aquella Regina

-        Te quiero mucho, gracias por cuidarme

-        Por nada, cariño, es un placer, además así me preparo para recibir a este bebé –acarició su vientre.

-        ¿Cómo se llama?

-        Aún no lo sé porque no sé si es niña o niño

-        ¿Y el papá?

-        Emilio… está en otro país esperando, supongo

-        ¿Qué espera?

-        A que pase el tiempo, cómo yo

-        Si se quieren mucho ¿por qué no están juntos?

-        A veces, es mejor alejarte a tiempo de las personas para evitarles sufrimiento

-        No lo entiendo, si se quieren deberían estar juntos

Regina suspiró.

Llegaron a casa y comenzaron a ver películas y a comer golosinas.

-        Miss, en El Rey León dicen Hakuna Matata

-        Sí, significa “no te preocupes” o algo así ¿por qué?

-        Porque es cómo debes vivir miss, y buscar al papá de la bebé porque es niña

-        ¿Cómo sabes que es niña?

-        No sé, lo siento

-        Jimena, me asustas, a veces haces comentarios como de adulto –ríe –veremos con el tiempo, hermosa, mientras vamos por más helado ¿sí? –se paró de la cama.

-        Miss, me duele mucho

-        ¿Qué te duele?

-        Me duele miss –comenzó a llorar

-        ¿Qué hago? A ver espérame, voy por Javier.


Regina corrió en busca de Javier quien las llevó al hospital en el auto de sus padres porque la camioneta se había quedado en el parque. Jimena estaba pálida y no respiraba bien, se quejaba de un dolor. Regina no sabía qué hacer, comenzó a cantarle  para que se tranquilizara; Javier les habló a los papás de Jimena para que fueran al hospital.

-        Menita, vas a estar bien, lo prometo

-        No miss, ya no tengo tanto dolor pero sé que ya me voy a ir pero no llores, seré mariposa y estaré cerca de ti y mis papitos, a veces seré aire

-        No nena, no digas eso, tú estarás bien, ya llegamos, aquí están tus papás y todo mejorará

-        Miss…

Los camilleros bajaron a Jimena y la subieron a una camilla en la que le pusieron oxígeno y le inyectaron algo para el dolor.

-        Miss, no te vayas

-        No, aquí estoy

“Señorita, no puede pasar, ya es área restringida y sólo familiares” es lo que se escuchó pero los padres de Jimena pidieron que pararan un momento la camilla.

-        Nena, tranquila bonita, todavía faltan cosas por hacer

-        Miss, cuida a tu bebé y vive feliz. Gracias por cuidarme con cariño, yo cuidaré de ustedes –acarició su vientre –voy a seguir aquí

-        Jimenita –comenzó a llorar –te quiero mucho, gracias por enseñarme a vivir nena, lucha, eres una guerrera, ya te lo dije antes, vamos a ganar esta batalla –tomó su mano.

Los camilleros alejaron y sus manos fueron separadas. Los doctores y los papás de Jimena entraron al lugar. Regina lloraba en brazos de su hermano.

-        Javier, ¿estará bien? ¿lo estará?

-        Hermanita, Jimena ya estaba enfermita, muy débil…

-        Ella va a estar bien porque voy a dejar que juegue con mi bebé, sí, ella decía eso cuando me tocaba el vientre

-        Tranquilízate, no es bueno para tu salud que estés así

Minutos después salió la mamá de Jimena llorando. Regina se paró enseguida para preguntar.

-        Mi niña Regina, mi niña…

-        ¿Qué…?

-        Se nos fue

Regina se paralizó y no podía llorar.

-        No, no… Jimenita va a estar bien, es una niña pequeña que le falta por vivir mucho

-        Regina, no es así, mi niña ya se fue

La señora abrazó a Regina fuertemente.

-        Sé que querías mucho a mi hija y agradezco lo que hiciste por ella

-        No agradezca señora, sí la quería mucho, era un ángel, lo es...

-        Por favor, quiero que me prometas algo

-        Sí, señora

-        Vas a luchar  por tu vida, vas a operarte pero también lucharás por la vida de ese ser que crece dentro de ti, te reencontrarás con el amor

-        Es que… es difícil

-        Por favor, escuché que le dijiste a mi niña que te enseñó a vivir… creo que no hay mejor forma de hacerlo que empezar por eso

Regina seguía sin llorar, abrazó fuerte a la señora. Javier se la llevó a casa pues el ambiente no era sano para ella. Se sentía débil, cansada y muy triste. Su mamá se quedó con ella en su recámara, no podía dormir, se levantó de la cama con cuidado para no despertar a su madre. Se acercó a la ventana y vio en la cornisa un pequeño sobre rosa, lo abrió y encontró dentro un dije de una mariposa blanca. Sonrió y derramó lágrimas de consuelo. Regresó a cama y durmió sosteniendo el obsequio de la pequeña Jimena.