Enlaces de "Después de ti"

"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

lunes, 26 de diciembre de 2011

Capítulo 24. Opción B.






Era viernes por la tarde. En cuestión de minutos estarían llegando a Finlandia. Regina estaba nerviosa, ansiosa pero emocionada. Le informó a sus padres que viajaría, además de que habló con el obstetra para recibir indicaciones de los cuidados que debía tener en su estancia ahí; con siete meses y dos semanas debía extremar en protección.

- ¿Eres feliz?

- ¿Bromeas? ¡Soy la mujer más feliz del mundo! Bueno no, no conozco a todas las mujeres ni el ánimo de cada una pero puedo asegurarte que estoy extasiada

- Te amo –sonrió –Enjoy this, my beautiful princess (Disfrute esto, mi hermosa princesa ) 



Llegaron a Helsinki. El clima era muy frío, con viento helado y nieve en algunos lugares. Abordaron un tren que los dejó en Lapland, Finlandia. Un auto los llevó al hotel en Äkäslompolo en donde se hospedarían. Eran unas cabañas acogedoras, a orillas de un lago, tenía una chimenea, los muebles eran todos de madera, una cama grande con piel de animal además de los cobertores y cobijas habituales. Era de noche y así sería durante 24 horas en los próximos dos meses, hasta el Verano.

- Está helando, Milo

- Os cubriré con una piel para que guardéis el calor

- Gracias –frotó sus manos – Emilio

- ¿Qué pasa, Regie?

- Nada, es solo que.. soy muy feliz. Mañana cumplo años y no sé, 25 años, y tú has estado en los últimos 4

- Y estaré en los próximos 5, 10, 30… Te amo y nada nos separará

- Solo la muerte, podría hacerlo, o el tiempo


Emilio la cubrió con una piel y se sentó frente a ella.

- No sé por qué piensas en eso, es extraño pero quiero que sepas que ni siquiera la muerte o el tiempo podrían permitir que deje de amarte ¿y tú? ¿seguirías amándome?

- Más allá de cualquier espacio, tiempo o vida 


Se miraron a los ojos, Emilio se acercó más para besar su fría nariz y abrazarla.

- Más cerca, cúbrete con la misma piel que yo ¿sí? 


Se acomodaron de tal manera que Emilio rodeaba a Regina con sus brazos, tocaba su vientre, ella frente a él, entrelazaba sus dedos con los de él. Así, cubiertos con la misma piel permanecieron en silencio.

- ¿En qué piensas?

- En que soy muy feliz, me gusta vuestra sonrisa, esas pecas que hoy se notan un poco más por el sonrojo de vuestras mejillas –sonrió –creo que nací para sostenerte en mis brazos, para amarte 


Regina sonrió y una vez más, lloró de alegría. Recargó su cabeza en el pecho de Emilio, escuchó los latidos de su corazón, los propios y un ligero roce interno, era ese pequeño ser que formaba parte del amor de ellos dos, era ya la base, el eje de sus vidas.

Así, abrazados, se quedaron dormidos frente a la chimenea pero un dolor extremo de cabeza despertó a Regina. Alarmada se incorporó tratando de que Emilio no percibiera el movimiento pero no lo logró.

- Regina ¿estáis bien? Palideciste

- Estoy bien, solo jaqueca pero supongo que es porque no he dormido bien, la altura, el clima tal vez pero nada que en un momento no se desvanezca


Sonrió y esto le dio seguridad a Emilio.

- ¿Queréis un té o algo?

- No, así está bien, mejor abriguémonos bien que deseo ir a caminar un poco, no importa que estemos a -10º o que no entienda nada de lo que hablan aquí

- Perfecto , voy a por la cámara y otra piel para estar muy protegidos 




Se abrigaron y juntos salieron a caminar un poco. Recorrieron un par de metros pero la nieve les impidió seguir, además que eso fatigaba mucho a Regina. Regresaron, se sentaron en una banca de madera.

- Cuando era pequeña soñaba con un cuento de hadas escrito para mí en donde yo fuera la protagonista, una fortaleza, un hombre apuesto que me amara… mi mamá siempre fue muy tajante y realista, no cree en esas cosas o si alguna vez lo hizo, ya no más. Crecí con esas fantasías muy bien guardadas, a nadie las externé porque siempre he sido la joven alegre pero dedicada, realista, estudiosa y de mis sueños pocos son partícipes. De pronto, comencé a crecer, conocí muchas personas, aprendía de ellas pero no podía demostrar mis sentimientos completamente por miedo a la burla, al sufrimiento pero un día –se estremeció –perdón, el frío –sonrió –conocí a quien sin pensarlo, cambiaría mi vida… Te conocí y aunque hubo tropiezos y momentos vergonzosos en el inicio, sentía que se generaba algo que antes no experimenté

- No sois la mujer que tanto esperé, sois extraordinaria, sois más que cualquiera de mis sueños. Tan alegre, metódica, inteligente y creativa, esa sonrisa enternecedora, la mirada profunda, vuestra voz tan peculiar, esa manera tan vuestra de andar 


Regina lo besó.

- Mira el cielo, Regina 


Alzó la mirada y sonrió, se maravilló de por fin presenciar el fenómeno. Él fotografió el momento.

- Emilio –se levantó de la banca –es la aurora boreal, no puedo creerlo ¿Qué hora es? 


Miró su reloj mientras se levantaba también para abrazarla.

- Las 23:00, amor, falta una hora para tus 25 años

- Y lo pasaré de nuevo contigo, gracias… esto es hermoso Emilio –gritó –odio ser tan cursi y romántica, pero en serio, no era así antes de ti

- Eso fue lo que me conquistó, vuestro carisma y sentimientos tan a flor de piel, la ternura y lo vulnerable que parecíais porque no es así, sois más valiente que muchas personas, más que yo, por ejemplo

- Creo que jamás me permití ser débil, mejor dicho, jamás le mostré a alguien mis debilidades. Siempre fui la niña independiente, la guerrera y llorar no estaba en la lista de lo cotidiano en mi vida pero pude abrir mi corazón y mi mente y si lucho es por la vida no para evitar tropiezos o caídas sino para conseguir levantarme y seguir porque eso quiero, tengo muchos planes, sueños, metas y aunque sé que soy muy joven para ser mamá, sé también que soy capaz de graduarme, emprender esos proyectos que tenemos desde hace tiempo, cuidar de nuestro bebito y seguir amándonos, quiero crecer

- Y lo harás… Gracias por permitirme ser parte de tus sueños, por dejarme entrar en tu vida 


Regina sonrió ampliamente. Lo abrazó y se acomodó en el hueco cerca del cuello, entre su cabeza y hombro.

- Qué maravilla de la naturaleza… la gente es mezquina, está inconforme y no se da cuenta de todo lo que nos rodea, no solo aquí, en todo el mundo, cada pedazo de tierra, de cielo, cada persona, todo es una historia qué contar, un lugar por recorrer

- Mi niña, a veces, la velocidad con la que vivimos nos impide detenernos a respirar el aire, a observar el paisaje, todo lo hacemos de una forma mecánica pero en momentos como éste es cuando hay que disfrutar porque jamás sabemos que pueda suceder, si podamos volver

- Qué triste –suspiró

- Perdón, me refiero a que los lugares cambian, las personas también, sus intereses son otros así que difícilmente vuelven a lo mismo

- No permitamos eso, quiero que me prometas algo

- ¿Qué cosa?

- Que visitaremos nuestros lugares favoritos cada año, sé que es caro… Finlandia y Escocia no están cerca de Madrid pero ahorraremos ¿sí? Nuestro bebé conocerá el mundo, nosotros lo conoceremos

- Está bien pero debemos administrar bien el dinero pero la idea es perfecta

- ¿Qué se supone que se debe hacer cuando se mira la aurora boreal?

- Disfrutar… aquí aparece con regularidad pero en un tiempo de máximo una hora se percibe desvanecida

- Tenemos suerte de estar aquí, viendo esto… Emilio, tengo algo que decirte

- Sí, decidlo

- Voy a morir

- ¿Qué? ¿Pero qué has dicho?

- Digo, todos vamos a morir, es que… perdón, recordé una canción, quiero que vivamos para siempre


Emilio la miraba extrañado. No era solo el recuerdo de una canción, era algo más pero no se atrevía a preguntar. Regina comenzó a cantar una estrofa de dicha canción.

- “Si tu quisieras vivir conmigo para siempre… entonces tú serías diferente al resto de la gente, si me siento derrotado tú me haces más fuerte” esa canción ¿la recuerdas? “Y yo que no puedo estar sin ti…”

- “No he encontrado la manera de que no tengas que morir… Si te quedas quieta ahí, yo te grabo en mi cabeza cuando no paras de reír” a mí también me gustaría que seamos jóvenes eternamente. No sé qué sucedería si…

- Lo que tendrías que hacer es seguir viviendo por ti y por nuestro hijo, crecer, conocer y rehacer tu vida, siempre teniendo como prioridad a nuestro hijo. Recordar, llorar poco, sentir mucho y saber que seguiré con ustedes, guiando sus pasos 


Emilio, cobarde y temeroso solo la abrazó. Lloró, Regina lo notó.

- ¿Por qué lloras, Milo? Me entristece verte así

- Es que no me imagino la vida sin ti

- No pensemos en eso

- ¿Estáis bien? ¿Por qué últimamente pensáis demasiado en eso? 


Regina limpió sus lágrimas y mantuvo las manos acariciando su cara.

- Nada sucede. Es el embarazo que me ha convertido en la persona más sentimental que puedas conocer, perdón, no quiero que entristezcas por mí

- Te amo, Regina, no me cansaré de decirlo

- Hasta mi final y aun así, seguiré amándote, lo prometo 



- Hasta siempre, porque no hay final cuando se ama


Entre lágrimas se besaron lentamente, con suspiros que entrecortaban sus respiraciones y pausaban el beso, con palabras de amor casi inaudibles.

- Soy un hombre con ideas y tradiciones de familia y una vez ya te lo he pedido, creo que es el momento para repetir mi promesa y petición… –suspiró –Regina ¿te quieres casar conmigo? 


Regina empezó a reír. Suspiró, cerró los ojos y asintió con la cabeza.

- ¿Cuántas veces me lo vas a pedir?

- Las que sean necesarias para que me des un “Sí” convincente. No quiero presionarte pero me gustaría que nuestras familias sean parte de esto

- Sí, Emilio, pero no quiero una boda tradicional con multitudes, comida y eso, lo haré porque te amo y porque será un bello recuerdo pero sin eventos ostentosos ¿sí?

- ¿Un ritual?

- Interesante… ¿en el bosque? ¿en la playa?

- Que mi bella futura esposa decida

- Emilio, somos tan cursis…

- ¿Es eso malo?

- No, pero sé que dolerá cuando tengamos riñas

- No pienses en eso, todo estará bien porque nos conocemos y seguimos descubriéndonos poco a poco 


Regina apretó la mano de Emilio. Lo miró. Estaba mareada.

- ¿Estáis bien? Palidecisteis como hace un par de horas

- Sí, es solo el frío

- Vamos adentro




Le ayudó a incorporarse y a caminar hasta la puerta de la cabaña. Entraron y fueron al sofá cercano a la chimenea.

- Oficialmente, es vuestro cumpleaños número 25 ¡felicidades! Os amo

- Gracias, nosotros también te amamos, Emilio… Un año más contigo y ahora con nuestro bebé. Como me cuidas, como nos cuidas…

- Alguna vez, en el colegio, leí una novela de un autor mexicano… creo que aunque el recuerdo es vago, la frase fue tomada de un bolero…

- ¿La recuerdas?

Emilio tomó su cara entre sus manos, se acercó a ella, la miraba con ternura y amor.

- “Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti”

Así.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Capítulo 24. Opción A.


Madrid, España

Emilio fue a la casa que compartiría con Regina. Entró y notó que estaba diferente, no iba ahí desde que estuvo con ella meses atrás. Encontró un papel maltratado que decía “Si estáis aquí, quedaos”, caminó por el pasillo que conducía a la recámara principal y encontró más notas. Estaba confundido, se sentía alterado. Decidido a preguntar a su hermana Carolina qué significaba todo eso sacó el celular del bolsillo de sus gastados jeans pero algo lo paralizó. Se acercó y notó que sobre la cama había ropa de bebé ya empolvada; la examinó e intentó localizar a su hermana para obtener una explicación pero ella no contestó.

- ¿Qué es esto?

Bajó a ver el resto de la casa. En la cocina encontró comida en las alacenas y otra más en el cesto de basura. Se sentía frustrado, tenía tristeza pero no entendía por qué. Caminó hacía la chimenea y vio que en la fuente había un sobre maltratado, con manchas debido a la lluvia, quizá de meses anteriores. Lo abrió.

- “Felicidades papá, en cuatro meses llegaré. Te amamos.”

Buscó en el interior del sobre y vio algo más. Lo extrajo. Era el ultrasonido.

- ¿Qué es esto?... Regina… no, no ¿por qué no me dijo?.

Emilio rompió en llanto sin saber qué hacer pero un mensaje de texto lo despertó de ese que él creía, era un mal sueño.

“Hermanito, estoy en la cafetería que está cerca de donde vives. Venid pronto.”

Sin pensarlo dos veces, tomó el sobre con el ultrasonido y la nota. Salió de la casa y manejó rumbo a la cafetería sin vacilar.

Llegó. Al entrar, imaginó que vería a Regina sonriéndole a la gente que llegaba para consumir algo de tan conocido y bohemio lugar…pero no estaba ahí.

- ¡Milo!

Volteó. Estaba su hermana tan radiante como siempre: alta, delgada, de tez blanca y cabello oscuro como el carbón, pero una mirada con preocupación y culpa.

- Caro ¿Qué hacéis aquí? Intenté localizarte al móvil hace unas horas

- ¿Por qué? ¿Pasó algo?

- Eh… ¿Recuerdas aquella vez que me pedisteis que fuera a la casa?

- Sí ¿por qué?

Caminaron hasta la terraza y se sentaron donde ya se encontraba la bebida de carolina que con anterioridad había pedido.

- ¿Por qué me enviasteis ahí?

- De eso he venido a hablar

- ¿Regina está embarazada?

- Sí

- Pero… ¿por qué no me lo habéis dicho?

- Ella me lo ha pedido

- Entonces… no entiendo ¿por qué lo hizo? ¡Qué egoísmo! ¿Qué oculta?

- Emilio, Regina está enferma…

- ¿Qué? ¿De qué?

- Se alejó de tu por eso, regresó para decir lo del embarazo pero no llegasteis así que lo tomó como “señal divina”, no quiere que sufras

- La amo… lo que más deseo es un hijo y formar una familia con ella

- Yo lo sé pero ella está contrariada, no os preocupéis, estamos en contacto pero ella necesita de ti

- No me habéis dicho de qué está enferma

- Milo, Regina tiene un tumor en la cabeza

- ¿Desde cuándo? –se levantó alterado -¿Por qué no me lo han dicho antes?

- Siéntate, por favor –se sentó –Lo siento, pidió discreción, está asustada

- Pero yo la hubiese cuidado, animado y hubiese estado al tanto de su tratamiento ¿va a operarse?

- Dice que quizás después del parto pero… Emilio, es mucho el riesgo, quizá no resista en caso de someterse a la cirugía

Emilio comenzó a llorar, no podía creer lo que estaba escuchando.

- Pero ¿hay tratamiento? ¡Puede ir con Eduardo!

- Él se lo diagnosticó y después en México después de los análisis resultó lo mismo

- No, no, eso no está pasando. Debo ir donde está. Está en México ¿cierto?

- Sí, pero ayer que hemos hablado me ha dicho que está en la playa vacacionando con su familia

- ¿Sabéis el nombre de la playa?

- No

- Bueno, iré e investigaré para llegar a ella. Gracias hermanita ¿queréis ir a México conmigo?

- No Milo, que sido un gilipollas pero ha llegado el momento de luchar por ellas

Fueron al piso, compraron en línea el ticket de vuelo y avisó a Fabiola a que hora llegaría a México para que pudieras verse. Ella no quería pero después de escucharlo tan triste y preocupado, accedió.

Abordó el avión con ansiedad, deseaba llegar, pedirle perdón y decirle que lucharían juntos por salir avante con la enfermedad.





Los Cabos, San Lucas, Baja California, México
Regina con 7 meses y dos semanas fue a la playa con su familia. Los Cabos era el lugar que les brindaba paz cuando lo visitaban. El cumpleaños de Regina sería en esos días, así que además de relajarse, celebrarían. Ella se paseaba por la playa descalza, sintiendo la arena bajo sus pies, con un pantalón blanco y un top del mismo color; tranquila, disfrutaba del aire que golpeaba su cara, el clima cálido, el sol bañando su cara y dos personitas le provocaban lentitud para caminar…

- Hermosos, se mueven mucho –se sentó en la arena –es hermoso aquí… sus abuelitos me traían a vacacionar con mi hermano Javier. Me gustaba mucho caminar en la playa con mi abuelito, siempre me contaba una historia diferente, a veces, creo que solo las inventaba para entretenerme –rió –nos mojábamos los pies y recolectábamos almejas y piedras, por él creo aún en la magia, por él pienso que cuando el cielo está muy oscuro es porque ya amanecerá…

Tocaba su vientre y veía al horizonte.

- ¿Saben? Extraño mucho a Emilio, él es maravilloso, creo que cuando muera él será buen padre… me entristece pensar que no los veré crecer, pero quiero que nazcan sanos y fuertes y con la operación no iba a pasar eso. Quiero que vivan y sean felices, mis niños –comenzó a llorar –los amo

- Regie, me preocupé, no contestas el celular y no avisaste que saldrías

- Tranquilo, Javi, estoy bien, tus sobrinitos y yo salimos a caminar

- Javi 1 y Javi 2

- ¿Estás loco? No les pondré tu nombre –rió

- Deberías pensarlo ¡eh!

- No, Javier…

- Oh, bueno… Regie ¿has pensado en decirle todo a Emilio?

- No, bueno sí pero no lo haré…

- Regina, debes pensar en todo, él es el padre

- Sí, lo sé pero no quiero que sufra, él tiene un futuro prometedor, muchos planes

- Hermanita… eso no está bien. Quizás uno de sus planes es estar contigo

Permanecieron en silencio abrazados. Javier acariciaba su vientre y le hablaba muy cerca. Regina pensaba en todo lo que deseaba que Emilio supiera. Pasaron las horas, oscureció y la única que iluminaba aquella noche en la playa era la luna y esos faros de los restaurantes y clubes metros atrás. 




Aeropuerto Nacional. Cd. De México.
Llegó Emilio. Fabiola lo esperaba. Después de recoger su equipaje, se encontraron.

- Buena noche, Fabi ¿cómo estáis?

- Bien, bien… y bueno ¿por qué te apareces ahora? –dijo molesta

- Yo… no sabía

Caminaron hacia el estacionamiento para subir al auto. Un silencio incómodo se apoderó del momento. Subieron.

- ¿A dónde iremos?

- No sé, tú dime, gachupín ¿qué haces aquí? Regina está en Los Cabos

- Iré donde está, me encontraré con ella

Fabiola se estacionó de repente.

- ¿La amas?

- ¡No imaginas cuánto! Quiero cuidar de mis dos amores, crecer como persona, como pareja y como padre, desvelarme para atender a mi pequeña hija y a mi esposa, besarla y apoyarla en todo…

Su mirada se iluminó.

- Quiero estar con ella, porque nos pertenecemos, porque sin ella… yo no soy

Fabiola suspiró.

- Te creo, jamás conocí a alguien tan enamorado… bueno, a Regina pero Emilio, ella está enferma

- Lo sé, hoy lo supe y por eso quiero verla, recuperarla

- Compraremos tu boleto para que vayamos mañana a donde está

- Mañana es su cumpleaños

- Lo sé, ese es el plan, , llegar para sorprenderla peor ya tenemos el boleto, faltas tú

- ¿Tenemos?

- Es que… tengo que d decirte algo

- Yo también

- Tú primero

- Quiero hablar con Bruno, por favor ¿dónde puedo encontrarme con él?

- Vamos a su departamento, quizás esté ahí

- Y bueno ¿Qué es lo que querías decir?

- ¿Eh? ¡Nada!

Fabiola condujo hasta el departamento de Bruno. Ambos bajaron del auto y subieron al primer piso donde vivía. Presionó el timbre.

- Sea lo que sea que tengas que decirle… te anticipo que él ha ayudado a Regie en estos meses

- No os preocupéis

Bruno abrió la puerta.

- ¡Fabi! –la abrazó - ¿Cómo…?

- Hola, buena noche Bruno –extendió la mano

- Por tu acento, supongo que eres Emilio –estrechó su mano

- Acertasteis… ¿podemos hablar?

- Eh… –miró a Fabiola – Sí

- Yo no escucharé, iré a tu estudio porque necesito un libro de bases biológicas

Todos entraron y Fabiola fue al estudio para darles tiempo de hablar. Emilio y Bruno se encontraban en la sala, compartiendo un silencio incómodo que Emilio rompió.

- Bruno, primeramente, he venido a presentarme, mi nombre es Emilio Alcázar

- Hola –dijo cortante –soy Bruno Rentería

- Mucho gusto. Disculpad las circunstancias pero… he venido a agradecer por lo que habéis hecho por Regina. Recién supe de todo y…

- Lo sé, Regina no quería que padecieras con ella lo de su enfermedad

Emilio suspiró.

- Bruno, sé que fuisteis su primer enamorado y todo lo que pasó cuando se vieron aquí en aquellas vacaciones navideñas pero… si acudo contigo es porque quiero que sane, que viva, sois su médico y…

- Emilio, ella te hará caso. Tiene miedo de someterse a la cirugía, de que en el parto algo salga mal y ¿sabes? Es difícil su situación pero necesita tu apoyo y que estés con ella en todo momento –se levantó del sillón – lo siento pero ella lo sabe, yo la amo y le hice daño, quizás no luché lo suficiente pero ella es feliz ahora porque será madre aunque en su mirada hay nostalgia y es por ti. Te ama y creo que estar juntos no debe ser una posibilidad sino una realidad.

- Gracias, no sé que decir. Esto es difícil pues no te conocía y de pronto tenemos esta charla…

- Entiendo, es extraño pero entiendo y sé lo que Regie siente por ti así como puedo observar que también la amas así que… ve con ella

- Sí, iré con Fabiola para comprar el ticket de vuelo

- No, mira, yo quería llegar mañana, tengo ya el boleto para el mismo vuelo que Fabi así que te lo doy y por favor, haz lo que tengas que hacer y no la dejes sola

- ¿En verdad? No sé qué decir… Bruno, esto sigue siendo extraño pero en verdad te agradezco por todo. Sois un gran hombre.

- No agradezcas, lo hago porque Regina merece ser feliz, no sabemos qué pueda pasar y cuídala, aún así cuando regresen aquí estaré para la consulta y su visita con el obstetra

- Gracias, hombre

Emilio se levantó del sofá y le extendió la mano nuevamente, Bruno sonrió y correspondió al estrecharla. Bruno sacó de un cajón un sobre con su boleto de avión.

Fabiola salió del estudio, los miró. Fingió un ataque de tos para ser notada. Emilio sonrió.

- Debo hacer un par de llamadas a España, salgo un momento –salió

- ¿Qué fue eso? ¿Por qué tiene tu boleto de avión?

- Ella merece ser feliz y con él lo logrará… se lo obsequié

- ¡Increíble! Eres asombroso, Bruno… nada queda del patán de aquellos años de escuela

- El amor me cambió, pero también la cambió a ella y el camino que eligió no coincide con el mío, no la lleva a donde estoy –suspiró –le envías mis saludos, me mantienes informado de todo ¡eh!

- Así será, gracias Bruno

Lo abrazó. Emilio entró para despedirse y agradecer una vez más. Fabiola se despidió y salieron para abordar el auto y dirigirse a su departamento en donde lo alojaría para poder irse juntos al aeropuerto al día siguiente.



Los Cabos, San Lucas, Baja California, México


La madrugada del día de su cumpleaños. Regina estaba en la terraza de la habitación del hotel. Respiraba el fresco aire, miraba las estrellas, intentaba no recordar para no extrañar, para no llorar…

jueves, 24 de noviembre de 2011

Capítulo 23. Opción B.




Emilio comenzó a acondicionar la casa sin que Regina se enterara, su hermana estaba implicada en la sorpresa. Todo regresó a la normalidad, excepto por la excesiva atención que Regina recibía. Regresó a estudiar y el trabajo en la cafetería no pudo recuperarlo.

Sus dolores de cabeza incrementaban pero no quería prestar atención, quería enfocarse en la escuela y su embarazo.

Apenas un mes había transcurrido desde que regresó a Madrid, después de hacer las tareas de todo el semestre y presentar exámenes para regularizarse aunque no con excelentes notas.

-        ¡Fin de semestre! Sé que pude hacerlo mejor pero para el siguiente no habrá excusa

-         Regina… necesitáis más tiempo para recuperarte del parto

-        ¡Lo tengo fríamente calculado! En verdad

-        Está bien y ¡vamos a festejar! El semestre ha terminado y falta poco para que nazca nuestro hijo

-        Está bien, pero tienes clase…

-        Sí pero podemos hacer algo en la noche

-        ¡Perfecto!

-        Te amo, por favor, id con cuidado

-        Sí, Milo, voy con Alondra y Rodrigo… no te preocupes, te amo

Se besaron. Emilio se inclinó para besar el vientre de Regina.

-        No me he olvidado de ti, te amo, cuida a vuestra madre

Regina rió.

-        Dice que sí

-        Los veo en unas horas

Se abrazaron y cada quién se dirigió a donde debían ir.

En el trayecto, Regina les comentó a Rodrigo y Alondra que quería celebrar de alguna manera con Emilio y después de muchas propuestas, fue ella quien planteó una y pidió su ayuda.

-        Me gusta por sencillo y especial

-        Si Roy, qué bueno que les parece buena idea

-        Creo que sería mejor algo íntimo

-        ¡Alondra! –dijo Rodrigo apenado

-        ¿Qué? Sólo sugería…

-        No te preocupes, y no es que no desee estar con él así pero es incómodo

Los tres rieron después de un momento de incómodo silencio.

Llegaron al edificio donde vivían, guardaron lo que ocuparían y subieron al roof garden, había plantas y pasto, era exactamente como el jardín de la planta baja pero en el último piso. Era fácil acceder pues tenía cómodas escaleras para subir a éste.

Colocaron luces en los árboles, telas traslúcidas que usaban para las sesiones de fotos las colgaron de las ramas y otras más en una parte de dicho jardín.

Una vez terminado, bajaron. Regina se vistió rápidamente y se soltó su ya crecida cabellera. Buscó unos zapatos cómodos y esperó a que llegara Emilio.  Estaba tan cansada que se quedó dormida.

-        Regie –besó su frente –he llegado –Discúlpame pero tuve que ir a por algo

-        Bebé, qué bueno que llegaste, me quedé dormidísima

-        Luces hermosa –suspiró

-        ¿Decidiste a dónde ir?

-        No, aún no, pero me encantaría subir tantito para fotografiar la ciudad de noche, hace tiempo que no lo hacemos

-        Regie… podemos hacerlo otro día

-        Por favor ¿sí? –lo miró con insistencia

-        Está bien –sonrió –amo esa mirada, no me puedo negar

Subieron con cuidado y despacio al roof garden. Regina guardó en su bolso la cámara y su ipod.

-        Hacía mucho tiempo que no subía…

Se sorprendió al ver iluminado el lugar.

-        Regina… es sorprendente

-        Sé que es sencillo, precipitado pero pensé en ello mientras regresaba y los chicos me ayudaron

-        Es hermoso, mirad allá arriba –alzaron la mirada

-        Vamos a recostarnos

Caminaron a través de las telas que colgaban de las estructuras de madrea y las ramas de los árboles, llegaron al lugar donde estaba la tela para que pudieran recostarse. Se tomaron de las manos y miraron al cielo.

La noche envuelta por un clima templado, el cielo estaba estrellado y podía verse la luna con dimensiones diferentes a las habituales, se escuchaba ligeramente el tránsito, el viento ligero se adueñaba de los silencios hasta que Regina decidió poner música.

-        Gracias, Regina

-        Gracias a ti Milo por estar conmigo

-        Sois la madre de mi hijo, la mujer de mi vida ¿cómo podría siquiera estar lejos de ti después de lo que pasó?

-        No sé, no me imagino ya sin ustedes dos… a veces, parece que escucho sus latidos, sueño con su voz, imagino que sonríe y juguetea

-        Será hermoso e inquieto igual que tú, mi bella dama

-        Espero que sea tan inteligente, metódico y bello como tú –suspiró –quiero pedir un deseo –volteó a verlo –pero lo diré en voz alta porque eres parte de él

-        Está bien, escucho


-        Deseo que no se extinga mi recuerdo, que mi hijo, nuestro hijo crezca y se convierta en un hombre de bien, guiado por su padre. Deseo que todo lo que ellos deseen les sea brindado pero que no desistan de esos sueños y metas por conseguir. Deseo que el amor traspase las barreras del tiempo, del olvido y de la muerte

-        ¿Por qué dices eso?

-        Es sólo… pensamiento en voz alta, en realidad no significa algo, excepto por todo lo anterior a “muerte”, quiero lo mejor para ustedes, quiero que sean felices, eso quiero –sonrió débilmente

-        Te amo Regina Barceló, te amo, te amo, jamás alguien se había conectado con mi alma, sois la mujer perfecta, con la que quiero envejecer y tener más hijos, estoy nervioso como la primera vez que hablamos, como la primera vez que te miré


Se incorporó de modo que el codo le servía de sostén, la miraba con amor, con respeto.

-        Estoy enamorado, cada día lo estoy más y sé que no podría estar mejor, con vosotros lo tengo todo

Regina no contuvo el llano y derramó lágrimas de felicidad y nostalgia. Se abrazaron.

-        No me olvides

-        Imposible apartarte de mi mente

-        Mira, no será Finlandia pero el cielo se ve hermoso

-        Sería asombroso ir ahí a admirar la maravillosa aurora boreal

-        Deseo ir, algún día será, iremos con nuestros hijos

-        Sé que deseas ir y…

Del bolsillo en su chaqueta sacó un sobre. Se lo entregó.

-        ¿Qué es?

-        ¡Abridlo!

Lo abrió con cautela. Eran unos tickets de avión. Leyó cuidadosamente.

-        ¡Emilio! ¡Finlandia! ¡Madre mía! No puedo creerlo ¡pellízcame!

-        No estáis soñando, nos vamos a Finlandia en un par de días

-        ¡Increíble! ¡Eres el mejor! Gracias por alegrarme los días

-        No hace falta que agradezcáis, será inolvidable, lo prometo

-        ¿Ya escuchaste?

-        ¿El qué? –preguntó contrariado

-        “Come what may”

El reproductor de música emitía los acordes de una canción que a ambos les gustaba. Emilio cargó a Regina y después, ambos con los pies en el suelo, comenzaron a bailar, juntando sus cabezas y declarándose una y otra vez su amor, el deseo de estar siempre juntos. La mirada no había cambiado, era como la primera vez, cándida, expresiva y tierna. Las manos de Emilio alrededor de la cintura imperceptible de Regina y ella con las manos alrededor de su cuello iban al ritmo de la música, sintiéndola, escuchando y repitiendo líneas de la canción con emoción, con devoción.

-        “l’lI love you until the end of the time (Te amaré hasta el final de los tiempos)”

-        “Come what may… I will love you until my dying day (Pase lo que pase te amaré hasta el día de mi muerte)” y lo digo con el corazón en la mano, Te amo.

Y ese “Te amaré hasta la muerte” es  la promesa que indirectamente se hicieron.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Capítulo 23. Opción A.



Regina regresó a México junto con Fabiola, quien había ido por ella a Barcelona. Emilio trató de localizarla pero ella no contestó, la decisión de seguir ese camino a parte había sido  tomada y la cumpliría.

Ella habló con su familia, explicó sus motivos y aunque no estaban de acuerdo con su decisión, le externaron su apoyo incondicional, como siempre.  Pasaron los días, Regina comenzó a comprar cosas que le harían falta cuando naciera su bebé.

Un día, después de ir a comprar material para un proyecto que tenía en mente, pasó al hospital donde trabaja Bruno, llegó hasta su consultorio.

-        Señor, lo busca una señorita ¿le digo que pase?

-        No, Hilda, por favor, ahora mismo iba a comer, tendré guardia en la noche y…

-        ¿Ni siquiera a mí, Doctor Rentería?

-        ¡Regina! Lo siento, Hilda, me hubieras dicho que era ella, no necesita esperar

Sonrió dulcemente.

-        Muchas gracias, Hilda ¡qué guapa!

-        Gracias señorita, usted siempre tan linda y más ahora con ese regalo de Dios. Me retiro ¿necesitan algo?

-        No, Hilda, saldremos a comer, gracias

Hilda, la asistente de Bruno salió del consultorio. Regina lo abrazó.

-        Señor doctor, tan elegante y serio –frunció el ceño

-        Y usted señorita tan hermosa como siempre ¿Cómo estás?  ¿Cómo está el bebé? ¿Es niña o niño?

-        Demasiadas preguntas me abruman, aún no sé el sexo, no quise saberlo la última vez que me vio el ginecólogo

-        ¿Por qué? –rió – ¿Quieres sorprenderte?

-        ¿Sabes? Siempre sí, en la próxima consulta pediré al doctor que me diga pero bueno te dejo porque escuché que tienes guardia en la noche

-        No, no te vayas, mejor acompáñame a comer ¿te apetece comer en el restaurante italiano que está cerca de aquí?

-        Me encantaría, vamos entonces

Salieron del hospital y caminaron un par de calles para llegar al restaurante. Entraron, se sentaron y ordenaron lo que comerían.

-        Y bueno ¿Por qué regresaste de Madrid?

-        Complicaciones… me di cuenta que no quería que él fuera parte de mi enfermedad

-        Regina, pero debe saberlo

-        No, no Bruno

-        ¿Cómo le dijiste que estás embarazada? ¿Lo viste?

-        No, no lo vi y no le dije… es lo mejor, Bruno, por favor no me juzgues

-        No lo haré, no soy quién pero necesitas ponerle al tanto de lo que pasa

-        Luego hablamos de eso ¿sí?

-        Terca

-        Gruñón –sonrió

-        ¿Cómo te has sentido?

-        Me preguntas como si hubieran pasado años desde que me fui…  gracias, estoy bien, con jaqueca sobre todo en las noches pero han cesado las náuseas y mareos y ¿qué crees?

Bruno la miraba atentamente.

-        Ya se mueve, cuando le canto, cuando le hablo siento pataditas y duele, duele mucho pero lo disfruto, amo saber que está creciendo y podré ver su cara, acariciar sus bracitos, no te imaginas qué felicidad siento

-        Lo noto, estás radiante, siempre supe que serías una gran madre

-        No es cierto, no mientas

-        ¡Claro que lo sabía! No es mentira, siempre pensé que…

-        ¿Qué?

-        Pensé que serías la madre de mis hijos y que formaríamos una familia

-        Pero todo cambió Bruno y agradezco que estés conmigo desde entonces, a pesar de las riñas y la distancia en cierto modo siempre estabas presente y ahora sigues aquí pero no te amo

-        Lo sé y lamento mucho haberte lastimado, fui un idiota al no luchar por ti, al no tratar de conquistarte de nuevo

Regina acarició la mejilla de Bruno, lo miraba, él cerró los ojos y colocó su mano sobre la de ella.

-        Aquí estaré para ti, por siempre

Comieron y regresaron al hospital. Bruno la cuidaba y protegía, quería verla feliz.

Fabiola llegó al hospital para que juntas fueran con el ginecólogo.

-        Estoy nerviosa

-        Regie, solo vas a saber el sexo del bebé, tranquila

-        Pues por eso, no sé qué nombre voy a ponerle si es niño

-        O sea que el de la niña…

-        Sí, ya lo tengo –interrumpió su oración

El doctor hizo las preguntas de rutina, además del chequeo de sus signos vitales, la pesó, midió y le realizó el ultrasonido.

-        Engordé más kilos que en los meses anteriores

-        No exageres

-        De hecho –dijo el doctor –si hay un considerable aumento en el peso

-        No importa, eso quiere decir que tendré un hijo sano y grande… ¡Doctor!

-        Sí, dime

-        Quiero saberlo… quiero saber si es niño o niña, por favor

-        Está bien, eso es bueno… mira, ahí en la pantalla podemos ver … a ver, un momento

-        ¿Qué pasa, doctor?

-        Veo algo extraño

-        No me preocupe doctor ¿está bien? ¿vive?

-        Tranquila, permíteme un momento por favor

El doctor llamó a otro que enseguida llegó, vieron el ultrasonido y en privado comentaron lo que sucedía. Regresó, Regina estaba alarmada.

-        Doctor ¿qué sucede? Por favor dígame

-        Regina, disculpa la interrupción pero vi algo que no podía verse anteriormente

-        ¿Estará bien mi bebé?

-        Sí, estarán bien

-        Ay, gracias… si, si él no está bien yo tampoco así que sí, estaremos bien

-        No, Regina, con “estarán” me refiero a que hemos visto en esta sesión del ultrasonido dos bolsas, lo que significa que el aumento de peso corresponde a los dos fetos que estás creciendo justo aquí –señaló su vientre

-        ¡¿Qué?! ¿gemelos? ¿en serio? ¿por qué no me lo dijo antes?

-        Muchas veces una bolsa tapa la otra y esto impide que se distinga el sexo y en este caso, si son 2 o más

-        Fabiola ¡serán 2! –comenzó a gritar –pero estoy muy bajita de estatura ¿dos son mucho?

-        No, bueno, puedes tener molestias más seguido y quizá con mayor intensidad pero tu cuerpo se adapta, tiene esa naturaleza para que ambos fetos puedan colocarse en posición para salir

-        Fetos… bebés, doctor, bebés –sonreía entre lágrimas

-        Por eso, ahora no sabremos con exactitud el sexo

-        No importa –se paró deprisa –Gracias, Doctor, soy muy feliz y ellos también –tocó su vientre – ¿Verdad? –sonrió –dicen que sí

Fabiola y el Doctor rieron. Le dio indicaciones para controlar el peso, evitar el rompimiento de piel, la retención de líquidos y una dieta balanceada. Se fueron  a casa. Dio la noticia a su familia.

-        ¡Increíble! Si uno de ellos es niño, debes llamarlo Javier

-        ¡No lo haré! Cuando tengas tus hijos, los bautizas con el nombre que desees –rieron

-        Hija ¿no le dirás a Emilio?

-        No tiene caso, ya hablamos de esto, por favor, no quiero estar caminando en círculos y llegando siempre al mismo tema

-        Entiendo pero él…

-        Mujer, tiempo al tiempo –dijo el papá de Regina –¿Qué te parece si vamos a la playa?

-        Me encantaría, pa’, pero prácticamente mis ahorros los gasté en la ropita para el bebé y los adornos y ahora, al saber que serán dos mis niños menos tendré para…

-        Hija, es una invitación, a todos nos vendrá bien pasar un tiempo juntos y lejos de esto

-        Muchas gracias papá –lo abrazó

Regina se sentía protegida, feliz pero una parte de ella se había quedado en Madrid y aunque aparentaba ser fuerte y que nada la turbaba, quería salir corriendo a gritarle a Emilio todo su enojo y después besarlo como nunca antes lo hizo.

Emilio, en Madrid, no dejaba de pensar  en Regina pero su orgullo más fuerte y el respeto a su decisión de irse provocaban que permaneciera tranquilo, debilitando las ganas de querer ir por ella a dónde quiera que se encontrara.