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"Tomorrow is a mystery... Just have faith in it!"

jueves, 24 de noviembre de 2011

Capítulo 23. Opción B.




Emilio comenzó a acondicionar la casa sin que Regina se enterara, su hermana estaba implicada en la sorpresa. Todo regresó a la normalidad, excepto por la excesiva atención que Regina recibía. Regresó a estudiar y el trabajo en la cafetería no pudo recuperarlo.

Sus dolores de cabeza incrementaban pero no quería prestar atención, quería enfocarse en la escuela y su embarazo.

Apenas un mes había transcurrido desde que regresó a Madrid, después de hacer las tareas de todo el semestre y presentar exámenes para regularizarse aunque no con excelentes notas.

-        ¡Fin de semestre! Sé que pude hacerlo mejor pero para el siguiente no habrá excusa

-         Regina… necesitáis más tiempo para recuperarte del parto

-        ¡Lo tengo fríamente calculado! En verdad

-        Está bien y ¡vamos a festejar! El semestre ha terminado y falta poco para que nazca nuestro hijo

-        Está bien, pero tienes clase…

-        Sí pero podemos hacer algo en la noche

-        ¡Perfecto!

-        Te amo, por favor, id con cuidado

-        Sí, Milo, voy con Alondra y Rodrigo… no te preocupes, te amo

Se besaron. Emilio se inclinó para besar el vientre de Regina.

-        No me he olvidado de ti, te amo, cuida a vuestra madre

Regina rió.

-        Dice que sí

-        Los veo en unas horas

Se abrazaron y cada quién se dirigió a donde debían ir.

En el trayecto, Regina les comentó a Rodrigo y Alondra que quería celebrar de alguna manera con Emilio y después de muchas propuestas, fue ella quien planteó una y pidió su ayuda.

-        Me gusta por sencillo y especial

-        Si Roy, qué bueno que les parece buena idea

-        Creo que sería mejor algo íntimo

-        ¡Alondra! –dijo Rodrigo apenado

-        ¿Qué? Sólo sugería…

-        No te preocupes, y no es que no desee estar con él así pero es incómodo

Los tres rieron después de un momento de incómodo silencio.

Llegaron al edificio donde vivían, guardaron lo que ocuparían y subieron al roof garden, había plantas y pasto, era exactamente como el jardín de la planta baja pero en el último piso. Era fácil acceder pues tenía cómodas escaleras para subir a éste.

Colocaron luces en los árboles, telas traslúcidas que usaban para las sesiones de fotos las colgaron de las ramas y otras más en una parte de dicho jardín.

Una vez terminado, bajaron. Regina se vistió rápidamente y se soltó su ya crecida cabellera. Buscó unos zapatos cómodos y esperó a que llegara Emilio.  Estaba tan cansada que se quedó dormida.

-        Regie –besó su frente –he llegado –Discúlpame pero tuve que ir a por algo

-        Bebé, qué bueno que llegaste, me quedé dormidísima

-        Luces hermosa –suspiró

-        ¿Decidiste a dónde ir?

-        No, aún no, pero me encantaría subir tantito para fotografiar la ciudad de noche, hace tiempo que no lo hacemos

-        Regie… podemos hacerlo otro día

-        Por favor ¿sí? –lo miró con insistencia

-        Está bien –sonrió –amo esa mirada, no me puedo negar

Subieron con cuidado y despacio al roof garden. Regina guardó en su bolso la cámara y su ipod.

-        Hacía mucho tiempo que no subía…

Se sorprendió al ver iluminado el lugar.

-        Regina… es sorprendente

-        Sé que es sencillo, precipitado pero pensé en ello mientras regresaba y los chicos me ayudaron

-        Es hermoso, mirad allá arriba –alzaron la mirada

-        Vamos a recostarnos

Caminaron a través de las telas que colgaban de las estructuras de madrea y las ramas de los árboles, llegaron al lugar donde estaba la tela para que pudieran recostarse. Se tomaron de las manos y miraron al cielo.

La noche envuelta por un clima templado, el cielo estaba estrellado y podía verse la luna con dimensiones diferentes a las habituales, se escuchaba ligeramente el tránsito, el viento ligero se adueñaba de los silencios hasta que Regina decidió poner música.

-        Gracias, Regina

-        Gracias a ti Milo por estar conmigo

-        Sois la madre de mi hijo, la mujer de mi vida ¿cómo podría siquiera estar lejos de ti después de lo que pasó?

-        No sé, no me imagino ya sin ustedes dos… a veces, parece que escucho sus latidos, sueño con su voz, imagino que sonríe y juguetea

-        Será hermoso e inquieto igual que tú, mi bella dama

-        Espero que sea tan inteligente, metódico y bello como tú –suspiró –quiero pedir un deseo –volteó a verlo –pero lo diré en voz alta porque eres parte de él

-        Está bien, escucho


-        Deseo que no se extinga mi recuerdo, que mi hijo, nuestro hijo crezca y se convierta en un hombre de bien, guiado por su padre. Deseo que todo lo que ellos deseen les sea brindado pero que no desistan de esos sueños y metas por conseguir. Deseo que el amor traspase las barreras del tiempo, del olvido y de la muerte

-        ¿Por qué dices eso?

-        Es sólo… pensamiento en voz alta, en realidad no significa algo, excepto por todo lo anterior a “muerte”, quiero lo mejor para ustedes, quiero que sean felices, eso quiero –sonrió débilmente

-        Te amo Regina Barceló, te amo, te amo, jamás alguien se había conectado con mi alma, sois la mujer perfecta, con la que quiero envejecer y tener más hijos, estoy nervioso como la primera vez que hablamos, como la primera vez que te miré


Se incorporó de modo que el codo le servía de sostén, la miraba con amor, con respeto.

-        Estoy enamorado, cada día lo estoy más y sé que no podría estar mejor, con vosotros lo tengo todo

Regina no contuvo el llano y derramó lágrimas de felicidad y nostalgia. Se abrazaron.

-        No me olvides

-        Imposible apartarte de mi mente

-        Mira, no será Finlandia pero el cielo se ve hermoso

-        Sería asombroso ir ahí a admirar la maravillosa aurora boreal

-        Deseo ir, algún día será, iremos con nuestros hijos

-        Sé que deseas ir y…

Del bolsillo en su chaqueta sacó un sobre. Se lo entregó.

-        ¿Qué es?

-        ¡Abridlo!

Lo abrió con cautela. Eran unos tickets de avión. Leyó cuidadosamente.

-        ¡Emilio! ¡Finlandia! ¡Madre mía! No puedo creerlo ¡pellízcame!

-        No estáis soñando, nos vamos a Finlandia en un par de días

-        ¡Increíble! ¡Eres el mejor! Gracias por alegrarme los días

-        No hace falta que agradezcáis, será inolvidable, lo prometo

-        ¿Ya escuchaste?

-        ¿El qué? –preguntó contrariado

-        “Come what may”

El reproductor de música emitía los acordes de una canción que a ambos les gustaba. Emilio cargó a Regina y después, ambos con los pies en el suelo, comenzaron a bailar, juntando sus cabezas y declarándose una y otra vez su amor, el deseo de estar siempre juntos. La mirada no había cambiado, era como la primera vez, cándida, expresiva y tierna. Las manos de Emilio alrededor de la cintura imperceptible de Regina y ella con las manos alrededor de su cuello iban al ritmo de la música, sintiéndola, escuchando y repitiendo líneas de la canción con emoción, con devoción.

-        “l’lI love you until the end of the time (Te amaré hasta el final de los tiempos)”

-        “Come what may… I will love you until my dying day (Pase lo que pase te amaré hasta el día de mi muerte)” y lo digo con el corazón en la mano, Te amo.

Y ese “Te amaré hasta la muerte” es  la promesa que indirectamente se hicieron.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Capítulo 23. Opción A.



Regina regresó a México junto con Fabiola, quien había ido por ella a Barcelona. Emilio trató de localizarla pero ella no contestó, la decisión de seguir ese camino a parte había sido  tomada y la cumpliría.

Ella habló con su familia, explicó sus motivos y aunque no estaban de acuerdo con su decisión, le externaron su apoyo incondicional, como siempre.  Pasaron los días, Regina comenzó a comprar cosas que le harían falta cuando naciera su bebé.

Un día, después de ir a comprar material para un proyecto que tenía en mente, pasó al hospital donde trabaja Bruno, llegó hasta su consultorio.

-        Señor, lo busca una señorita ¿le digo que pase?

-        No, Hilda, por favor, ahora mismo iba a comer, tendré guardia en la noche y…

-        ¿Ni siquiera a mí, Doctor Rentería?

-        ¡Regina! Lo siento, Hilda, me hubieras dicho que era ella, no necesita esperar

Sonrió dulcemente.

-        Muchas gracias, Hilda ¡qué guapa!

-        Gracias señorita, usted siempre tan linda y más ahora con ese regalo de Dios. Me retiro ¿necesitan algo?

-        No, Hilda, saldremos a comer, gracias

Hilda, la asistente de Bruno salió del consultorio. Regina lo abrazó.

-        Señor doctor, tan elegante y serio –frunció el ceño

-        Y usted señorita tan hermosa como siempre ¿Cómo estás?  ¿Cómo está el bebé? ¿Es niña o niño?

-        Demasiadas preguntas me abruman, aún no sé el sexo, no quise saberlo la última vez que me vio el ginecólogo

-        ¿Por qué? –rió – ¿Quieres sorprenderte?

-        ¿Sabes? Siempre sí, en la próxima consulta pediré al doctor que me diga pero bueno te dejo porque escuché que tienes guardia en la noche

-        No, no te vayas, mejor acompáñame a comer ¿te apetece comer en el restaurante italiano que está cerca de aquí?

-        Me encantaría, vamos entonces

Salieron del hospital y caminaron un par de calles para llegar al restaurante. Entraron, se sentaron y ordenaron lo que comerían.

-        Y bueno ¿Por qué regresaste de Madrid?

-        Complicaciones… me di cuenta que no quería que él fuera parte de mi enfermedad

-        Regina, pero debe saberlo

-        No, no Bruno

-        ¿Cómo le dijiste que estás embarazada? ¿Lo viste?

-        No, no lo vi y no le dije… es lo mejor, Bruno, por favor no me juzgues

-        No lo haré, no soy quién pero necesitas ponerle al tanto de lo que pasa

-        Luego hablamos de eso ¿sí?

-        Terca

-        Gruñón –sonrió

-        ¿Cómo te has sentido?

-        Me preguntas como si hubieran pasado años desde que me fui…  gracias, estoy bien, con jaqueca sobre todo en las noches pero han cesado las náuseas y mareos y ¿qué crees?

Bruno la miraba atentamente.

-        Ya se mueve, cuando le canto, cuando le hablo siento pataditas y duele, duele mucho pero lo disfruto, amo saber que está creciendo y podré ver su cara, acariciar sus bracitos, no te imaginas qué felicidad siento

-        Lo noto, estás radiante, siempre supe que serías una gran madre

-        No es cierto, no mientas

-        ¡Claro que lo sabía! No es mentira, siempre pensé que…

-        ¿Qué?

-        Pensé que serías la madre de mis hijos y que formaríamos una familia

-        Pero todo cambió Bruno y agradezco que estés conmigo desde entonces, a pesar de las riñas y la distancia en cierto modo siempre estabas presente y ahora sigues aquí pero no te amo

-        Lo sé y lamento mucho haberte lastimado, fui un idiota al no luchar por ti, al no tratar de conquistarte de nuevo

Regina acarició la mejilla de Bruno, lo miraba, él cerró los ojos y colocó su mano sobre la de ella.

-        Aquí estaré para ti, por siempre

Comieron y regresaron al hospital. Bruno la cuidaba y protegía, quería verla feliz.

Fabiola llegó al hospital para que juntas fueran con el ginecólogo.

-        Estoy nerviosa

-        Regie, solo vas a saber el sexo del bebé, tranquila

-        Pues por eso, no sé qué nombre voy a ponerle si es niño

-        O sea que el de la niña…

-        Sí, ya lo tengo –interrumpió su oración

El doctor hizo las preguntas de rutina, además del chequeo de sus signos vitales, la pesó, midió y le realizó el ultrasonido.

-        Engordé más kilos que en los meses anteriores

-        No exageres

-        De hecho –dijo el doctor –si hay un considerable aumento en el peso

-        No importa, eso quiere decir que tendré un hijo sano y grande… ¡Doctor!

-        Sí, dime

-        Quiero saberlo… quiero saber si es niño o niña, por favor

-        Está bien, eso es bueno… mira, ahí en la pantalla podemos ver … a ver, un momento

-        ¿Qué pasa, doctor?

-        Veo algo extraño

-        No me preocupe doctor ¿está bien? ¿vive?

-        Tranquila, permíteme un momento por favor

El doctor llamó a otro que enseguida llegó, vieron el ultrasonido y en privado comentaron lo que sucedía. Regresó, Regina estaba alarmada.

-        Doctor ¿qué sucede? Por favor dígame

-        Regina, disculpa la interrupción pero vi algo que no podía verse anteriormente

-        ¿Estará bien mi bebé?

-        Sí, estarán bien

-        Ay, gracias… si, si él no está bien yo tampoco así que sí, estaremos bien

-        No, Regina, con “estarán” me refiero a que hemos visto en esta sesión del ultrasonido dos bolsas, lo que significa que el aumento de peso corresponde a los dos fetos que estás creciendo justo aquí –señaló su vientre

-        ¡¿Qué?! ¿gemelos? ¿en serio? ¿por qué no me lo dijo antes?

-        Muchas veces una bolsa tapa la otra y esto impide que se distinga el sexo y en este caso, si son 2 o más

-        Fabiola ¡serán 2! –comenzó a gritar –pero estoy muy bajita de estatura ¿dos son mucho?

-        No, bueno, puedes tener molestias más seguido y quizá con mayor intensidad pero tu cuerpo se adapta, tiene esa naturaleza para que ambos fetos puedan colocarse en posición para salir

-        Fetos… bebés, doctor, bebés –sonreía entre lágrimas

-        Por eso, ahora no sabremos con exactitud el sexo

-        No importa –se paró deprisa –Gracias, Doctor, soy muy feliz y ellos también –tocó su vientre – ¿Verdad? –sonrió –dicen que sí

Fabiola y el Doctor rieron. Le dio indicaciones para controlar el peso, evitar el rompimiento de piel, la retención de líquidos y una dieta balanceada. Se fueron  a casa. Dio la noticia a su familia.

-        ¡Increíble! Si uno de ellos es niño, debes llamarlo Javier

-        ¡No lo haré! Cuando tengas tus hijos, los bautizas con el nombre que desees –rieron

-        Hija ¿no le dirás a Emilio?

-        No tiene caso, ya hablamos de esto, por favor, no quiero estar caminando en círculos y llegando siempre al mismo tema

-        Entiendo pero él…

-        Mujer, tiempo al tiempo –dijo el papá de Regina –¿Qué te parece si vamos a la playa?

-        Me encantaría, pa’, pero prácticamente mis ahorros los gasté en la ropita para el bebé y los adornos y ahora, al saber que serán dos mis niños menos tendré para…

-        Hija, es una invitación, a todos nos vendrá bien pasar un tiempo juntos y lejos de esto

-        Muchas gracias papá –lo abrazó

Regina se sentía protegida, feliz pero una parte de ella se había quedado en Madrid y aunque aparentaba ser fuerte y que nada la turbaba, quería salir corriendo a gritarle a Emilio todo su enojo y después besarlo como nunca antes lo hizo.

Emilio, en Madrid, no dejaba de pensar  en Regina pero su orgullo más fuerte y el respeto a su decisión de irse provocaban que permaneciera tranquilo, debilitando las ganas de querer ir por ella a dónde quiera que se encontrara.