(Reproducir: http://youtu.be/E1W5lFW-vUY)
Tiempo atrás.
Continuaban en su viaje.
Emilio besaba con ternura a Regina. Ella, por primera vez en mucho tiempo no intentó huir. Ambos esperaban ese momento, ambos deseaban que sucediera y perdurara. Él sostenía con su mano la barbilla de ella; ella colocó una mano en el pecho de él, quería sentir su respiración, sus latidos. Se separaron, sonrojados.
Emilio. “Perdón Regina, ha sido un arrebato.”
Regina. “Pensé que querías hacerlo…”-algo decepcionada arrugó la nariz.
Emilio. “Sí, por eso lo hice.”-se levantó del suelo y la ayudó a levantarse-“Ya está anocheciendo, ven.”
Regina. “¿A dónde?”
Emilio tomó su mano y corría. Avanzaron un poco. Regina agitada y sonrojada por el ejercicio sin previo aviso.
Emilio. “No es algo de hace 3 semanas que sucedió eso en el departamento… es extraño. He estado tanto tiempo, muchos años sin querer abrir mi corazón a alguien; ahora lo siento. Desde el primer día que te vi, vuestra mirada, vuestra voz, vuestra alma me cautivó… Soy otro.”
Regina se mordía los labios para aminorar las ganas de llorar y de abrazarlo para luego darle un beso.
Emilio. “No sé qué pueda pasar. Esto no es correcto, pero siento que si no lo decía, algo pasaría.”
Regina. “Ya sabes lo que siento. Casi un año de estar en clase torturándome; he tratado de ocultarlo, he tratado de desprenderme de esto pero no puedo y me da miedo porque simplemente jamás he sentido esto, jamás me ha pasado algo así en tan poco tiempo.”
Emilio. “Es como si estuviéramos destinados a encontrarnos… ”
Regina. “Sí, pero no quiero que intentemos algo, ya entendí que tú eres profesor y yo la alumna. No está bien. Necesitaríamos cambiar muchas cosas.”
Emilio. “Recordé algo.”-se acostó en el suelo.
Regina lo miró extrañada.
Emilio. “Si me acuesto aquí, si solo me acuesto aquí… ¿Te acostarías conmigo y olvidarías el mundo?”.
Regina no pudo contener las lágrimas. Se acostó a su lado.
Regina. “¿Cómo supiste?”
Emilio. “Las fotos en la habitación. Perdonadme, no podía no verlas.”-sonrió-“Olvidemos al mundo. Toma mi mano.”
Regina tomó su mano. Electricidad. Eso fue lo que sintieron, magia la que transmitían cada vez que tenían contacto. Así estuvieron por un rato. Sin decir nada, sin mirarse. Sólo escuchaban el silencio y sentían los latidos de sus corazones.
Emilio. “Permíteme cuidar de ti.”
Regina. “Sé cuidarme sola pero puedo permitirte ser parte de mi vida y que me dejes ser parte de la tuya. Puedo permitir que me digas lo que sientes con solo mirarme y me digas que piensas con un beso.”
Emilio. ”Llevemos esto con cautela. No quiero causaros algún daño. Tengo miedo. Hace mucho tiempo no sentía esto.”
Regina. “No pensemos. Ven, vamos con los demás. Es hora de ir a dormir.”
Emilio y Regina se separaron antes de llegar con el grupo. Se fueron a las cabañas donde se hospedarían. Regina y Alondra compartirían cabaña. Llegaron.
Emilio. “Bueno, vosotros a dormir. Mañana partiremos muy temprano a seguir con el itinerario.”
Todos comenzaron a entrar a sus respectivas cabañas con sus compañeros. Regina también entró. Emilio esperó afuera, sentado en un banco de madera. Pasó cerca de una hora.
Regina. “¿Insomnio? ¿culpa? O ¿sólo extrañas tu cama?”
Volteó sonriente.
Emilio.”Creo que un poco de las 3. No quiero que por mi culpa tengáis problemas.”
Regina. “Soy mayor de edad, en realidad no hacemos algo malo. No estamos en la escuela. Además, tenemos una ventaja… ¡vivimos en el mismo piso!”
Emilio se paró del columpio. La tomó de la mano y caminaron hacia un lago que estaba frente a ellos. Él la abrazo. Ella se encontraba frente a él, ambos miraban el lago iluminado por la luna.
Emilio. “¿por qué llorabas aquella vez en la filmación, frente al mural?”
Regina. “¿Por qué preguntas eso? No quiero pensar en ello. Ya pasó. ¿sí? Lo que está sucediendo es lo que importa. El pasado solo es eso… y espero no afecte. ”
Emilio. “Lo siento…”
Regina volteó a verlo. Sus cuerpos separados con poca distancia, sus miradas fijas en el otro. Emilio la abrazó de la cintura, se inclinaba un poco debido a la diferencia de estatura.
Regina. “Hagamos que esto dure, ¿si?“
Emilio. “Temo errar en mis acciones.”
Regina. “El error es del ser humano. Es válido, lo inválido es no enmendarlo cuando suceda, también lo es el renunciar a vivir por miedo a que algo no resulte bien.”
Emilio. “Pequeña gran mujer. Comencemos como si jamás hubiésemos sido presentados, como si fuese la primera vez. Mi nombre es Emilio Alcázar Cortés, tengo 26 años y soy profesor de fotografía, nací en Barcelona, viví en diferentes sitios, muy hermosos todos. Soy melómano, romántico, soñador pero me enojo fácilmente. Espero eso no le asuste, señorita. ”
Regina sonrió. Emilio extendió la mano, ella la estrechó.
Regina. “Mucho gusto Emilio; yo soy Regina Lozano Barceló… o Regie. Soy orgullosamente Mexicana, con 21 años y 1.58 de estatura, me gusta cantar y acostarme a escuchar el silencio. Amo la música y la fotografía; la fotografía es poesía para mis ojos. Creo que tengo un serio problema… Pienso que si mi profesor de Fotografía sigue siendo así de encantador e impredecible puedo caer terriblemente enamorada de él. ¿Algún consejo?”
Emilio rió. Levantó la mano de Regina y la besó. Regina lo miraba.
Emilio. “Entonces creo que tendremos serios problemas… Mi estatura es de 6’16 (1.88cm).”
Lentamente acercaron sus caras; sentían su respiración, escuchaban sus latidos. Él beso su frente, luego sus mejillas, volvió a abrazarla. Así se quedaron; así iniciaron a pesar de los miedos, a pesar de lo que pudiera pasar.
Meses después, aproximadamente siete.
Madrid, España. Vísperas de Navidad.
En la Universidad.
Luis. “Regina, creo que te busca el profesor de Fotografía, escuché que preguntaba por ti en el pasillo.”
Luis era un joven Venezolano que recién llegó ese semestre. Atractivo, simpático.
Regina. “Gracias, Lu.”-sonrió.
Regina salió del salón al pasillo. Caminaba. De pronto, luego de un jalón de mano, se encontraba en uno de los salones de final de pasillo.
Regina. “Ya quiero llegar al departamento. Quiero besarte, abrazarte… y probablemente…”
Emilio. “¿Probablemente el qué, mujer?”
Regina suspiró.
Regina. “Creo que… quiero estar contigo en otra forma. Ya sabes… más intimidad.”
Emilio la abrazó y llevó la cabeza de ella a su pecho.
Emilio. “Princesa, dije que no quería que te sintieses presionada. Quiero amarte; con un beso, con un abrazo, tocar tu mano, oler tu cabello, sentirte cerca… Eso me complace”.
Regina levantó la mirada y tomó la cara de él entre sus manos.
Regina. “¿Será muy osado decir “Te amo”?”.
Emilio. “Si lo sientes, no lo será. Recuerdo que mi hermana me confesó antes de su boda que, Guillermo y ella, cuando se vieron por primera vez, sus almas se entendían. No pasó ni la mitad del año y ellos ya estaban en el altar.”
Regina. “¿Almas gemelas? ¿Es eso? Hace mucho no me sentía tan feliz; extraño a mi familia y sé que ahora que los vea disfrutaré de ellos como nunca pues ya casi un año de que no los veo pero el simple hecho de tenerte cerca, de sentir tus brazos alrededor de mi cuerpo protegiéndome, eso me hace sentir bien, me reconforta.”
Emilio. “Regresa a vuestra clase. Hoy te llevaré a un lugar en la noche, quiero mostrártelo.”
Regina. “¿A dónde? Dime, dime, ¿sí?”
Emilio. “Es sorpresa y el objetivo de ellas es eso, que te sorprendáis con eso. Corre a clase, falta poco para que termine.”
Regina lo besó tiernamente. Salió del salón apresurada. Él se tocó los labios, ya la extrañaba.
En el estacionamiento. Regina llegó a dónde él la esperaba. Subieron al auto.
Regina. “¿Me dirás?”
Emilio negó con la cabeza mientras sonreía.
Luego de manejar durante uno corto lapso de tiempo llegaron al lugar. Emilio cubrió los ojos de Regina colocándole una pañoleta. Subieron unos escalones, caminaron un poco. Entraron.
Regina. “¿Ya puedo ver?” –preguntó ansiosa.
Emilio. “Aún no.”
Siguieron caminando.
Emilio. “Ahora sí.” –retiró la pañoleta.
Regina. “¡Wow! ¿y este lugar? ¡Es precioso!” –corrió al ventanal que dejaba ver una fuente en medio de un jardín pequeño.
Emilio. “Sé que le faltan muebles, le falta algo de pintura, de aseo… Pero ¡He preparado la cena!”
Regina soltó una carcajada al ver las charolas con pasta y carne de un restaurante cercano a la Universidad.
Emilio. “Está bien, no he cocinado… Es el pretexto para presentarte la casa…”
Regina. “¿La casa?”
Emilio. “Sí… si me lo permites… nuestra casa.”
Regina comenzó a llorar.
Regina. “Sí quiero.”
Emilio. “No quiero que te asustéis por esto… quizás pensáis que avanzamos rápido con la relación y debemos ir paso a paso pero….”
Corrió hacia él. Emilio la cargó. Ella le abrazó la cadera con sus piernas mientras lo besaba tiernamente.
Regina. ”Dentro de poco tiempo viajo a México…”
Emilio. “Lo tengo presente. Te echaré de menos, Regie.”
Regina. “¿Quieres venir conmigo?”
Emilio. “No creo poder… pero intentaré. ¿Sí?”
Regina frunció el ceño. Lo besó.
Regina. “¿Sabes? Jamás me visualicé con alguien así como contigo; pero me entristece un poco que no podamos estar juntos más tiempo en la universidad… Sé que es para no buscarnos problemas pero en realidad ya soy mayor de edad y tú, aunque eres nuevo como maestro, tu historial tanto de estudiante como de docente es intachable.”
Emilio. “No nos esconderemos, puedes estar tranquila. No debemos ocultarlo más; quiero abrazarte y besarte cada vez que te encuentre caminando con vuestra habitual forma tan distraída de ser. Te quiero y quiero estar contigo. Tú no sabes pero en verdad soy otro desde que te conocí; vuestra alegría, vuestra forma de pensar me han cautivado y cada día que paso junto a ti pienso que estaba destinado a conocerte, no pudo ser de otra manera.”
(Reproducir: http://www.youtube.com/watch?v=F3IYQszHdv0)
Regina se sentó en su regazo. Lo miraba atenta.
Sus miradas se encontraron. Él sonrió. Con su mano acarició su mejilla y sus labios se unieron.
Él acariciaba su cabello con suma ternura, ella pasaba sus brazos alrededor de su cuello. Emilio la cargó hacia un pequeño sillón frente a la chimenea que adornaba la estancia. Él la acostó con sumo cuidado como si fuera lo más preciado de su vida. Y lo era.
Seguían besándose con indescriptible pasión. Ella se aferraba a su espalda, él poco a poco la despojaba de sus prendas. Ella desabotonaba la camisa de Emilio. Sus cuerpos se fundían en uno solo; Emilio veía en los ojos la inocencia de Regina, quería descubrir ese 'encanto' que llevaba tiempo escondiendo en su piel.
Seguían besándose con indescriptible pasión. Ella se aferraba a su espalda, él poco a poco la despojaba de sus prendas. Ella desabotonaba la camisa de Emilio. Sus cuerpos se fundían en uno solo; Emilio veía en los ojos la inocencia de Regina, quería descubrir ese 'encanto' que llevaba tiempo escondiendo en su piel.
Regina irradiaba felicidad y ansiedad a la vez. No era la primera vez que estaba con alguien en la intimidad, pero si la primera vez que estaría con alguien porque así lo querían ambos, porque sus almas lo pedían.
Los únicos testigos mudos de esa entrega llena de amor eran la noche fría y el fuego de la chimenea que calentaba la fría casa.
Los únicos testigos mudos de esa entrega llena de amor eran la noche fría y el fuego de la chimenea que calentaba la fría casa.
Acostados en la alfombra; se dedicaban miradas y caricias. Susurraban palabras de amor.
Emilio. “Quiero pintar con mis besos estrellas a lo largo de tu piel”
Le decía al oído antes de besarla con suma pasión. Regina, extasiada.
Regina. “Quiero que seas mi abrigo esta noche, saciar mi locura y llenarte de ternura. Te amo Emilio.”
Lo besaba con ternura y cierta torpeza, como si fuera la primera vez en su vida.
Emilio. “Te amo. Jamás estuve tan seguro de algo en mi vida.” –aparta con cuidado el cabello se su cara, la besa.
Se amaron y en la intimidad se encontraron por primera vez; en alma y cuerpo se entregaron.
Emilio recostó su cabeza en el regazo de su amada Regina, ella acariciaba su cabello. Ahora son uno mismo, una misma piel. Estaban viviendo el inicio de algo más fuerte en una noche que los marcará por siempre.
Ya los abes puki me cautiva , creo q es buenisima!
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